La verdad de unas primarias
La democracia, el decoro, la dignidad y la honradez fueron los grandes ausentes de este proceso
Angel T. Valdés
angeltv21@hotmail.com
Con mucho orgullo se dice que el PRD es el partido más democrático que hay en la actualidad. Quizá por la forma en que se escoge a sus candidatos para puestos de elección popular esta aseveración parece justa, pues no hay ningún otro partido en el país que escoja a sus candidatos con la participación de toda su membresía. No obstante, después de las primarias y de haber participado en ellas, un cáustico sabor me queda de estas.
No es que el método de las primarias para escoger a los candidatos esté equivocado, sino que estas muestran los idénticos defectos que han corroído siempre al proceso de elección democrática en nuestro sistema político. Si algún valor puede sacarse de este ejercicio democrático del PRD, es que es una muestra alícuota de lo que serán las elecciones del 2004. La lucha vertiginosa y voraz por el poder es una característica destacable de estas elecciones primarias. Los intereses de los poderosos, caciques de pueblos, dueños de grandes empresas y terratenientes fueron los que al final de cuentas se impusieron en los comicios. No se escatimó esfuerzo en hacer correr los dólares y pisotear la voluntad de quienes desde su miseria material y de conciencia no tenían dignidad de hacer valer su voto.
En estas elecciones se pudo observar todo lo que puede ofrecer una sociedad corrupta y carente de principios. Cambios de residencias fraudulentos, compra de votos, retención y compra de cédulas; el engaño, la traición y la desvergüenza congestionaron el proceso democrático convirtiéndolo en una farsa, donde el rico hace alarde de sus bienes mal habidos y donde el pueblo se desvive por sacarle un puñado de plata al candidato más cercano.
“Yo ayudo al que me ayuda” fue la frase que más escuché en las giras proselitistas. Y aunque parezca pragmática y llena de sentido común, lejos de ser esta frase un producto de la filosofía popular es, sobre todo, el reflejo de la inconsciencia y falta de visión de quienes no ven más allá de sus intereses inmediatos y particulares. No importa que el candidato haya sido un pillo, un incapaz y un corrupto; solo basta que ofrezca un par de dólares para que el votante veleidoso acuda manso a la urna a depositar un voto cuyo valor no se puede comparar siquiera con el fluido de una cloaca.
De estas primarias va a salir un puñado de legisladores, alcaldes y representantes, escogidos, se dice, democráticamente; pero la verdad es que ninguno de estos individuos representa los intereses de la sociedad, pues no son el resultado de una decisión pensada y de una propuesta social; ellos solo representan a un sistema corrupto, organizado para mantener a flote la mediocridad, de manera que la deshonestidad triunfe y quede impune.
¿Qué se puede sacar de estas primarias? Nada. La democracia, el decoro, la dignidad y la honradez fueron los grandes ausentes de este proceso. Políticos corruptos se encaminan al poder, y en lontananza, un pueblo sonámbulo flota entre migajas de promesas.
El autor es educador
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