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Una recompensa frustrada

Llorente, al verse perdido, decidió cooperar y condujo al grupo especial donde estaban ocultos los niños

JOSE OTERO
jotero@prensa.com

LA PRENSA/Maydée Romero

Una vez examinados por los médicos de la Clínica San Fernando, los niños fueron devueltos a su hogar para felicidad de sus padres. La presidenta Moscoso les acompañó a su salida.

Desde hace cuatro meses se empezó a fraguar el secuestro de los hermanos Alejandra Nicole y David Garrido Sagel. El primer paso fue contactar a Raúl Clarence Dominette, conductor y guardián de confianza de los adolescentes. El cabecilla de este plan era Eugenio Jackson McKleen, un técnico en computadoras que se hace llamar "el experto de los expertos".

Todo se inició una mañana, a principios de mayo, cuando Raúl Clarence estaba en un taller de mecánica en Río Abajo y se encontró con un conocido, Pedro Juan Jaramillo Abrego. Ambos habían compartido, años antes, una celda en La Joya, cumpliendo sentencias por delitos diferentes.

Luego de saludarse de manera efusiva, Clarence le dijo a su ex compañero de celda que estaba trabajando para una persona pudiente como conductor de confianza de sus hijos, pero que su situación económica no estaba muy bien. Jaramillo de inmediato le hizo una propuesta: ¿por qué no inventamos algo para salir de esta pobreza de una vez por todas? Clarence, después de pensarlo un rato, le dijo: "quédate quieto, no quiero más problemas", y se despidieron.

La cosa no quedó allí. Jaramillo llamó a otro conocido que había llegado de Estados Unidos y con quien había hecho algunos "negocios": Eugenio Jackson McKleen.

Jaramillo le contó a Jackson sobre su conversación con Clarence y de inmediato ambos iniciaron los trámites para "reclutar" al conductor indeciso. Jackson y Jaramillo volvieron a abordar a Clarence unos días después, para reiterarle su propuesta de secuestrar a los menores, pero la contestación de Clarence volvía a ser negativa.

En una ocasión, incluso, sorprendieron a Clarence cuando este se encontraba en los estacionamientos del colegio Internacional Panamá Sek de Cerro Viento, esperando a los hermanitos Garrido. Jackson le dijo, sube a los "pela'os" a mi carro y asunto arreglado, pero el chofer todavía estaba indeciso.

Experto de experto

Las presiones contra Clarence fueron constantes por parte del grupo que planeaba secuestrar a los hermanos Garrido, hasta que finalmente lo convencieron. Jackson le aseguró que todo iba a ser fácil y que le tocaría un millón de dólares por su apoyo.

"Yo soy el experto de los expertos, no te preocupes todo saldrá bien", le dijo Jackson a Clarence.

El plan inicial establecía que cuando Clarence saliera del colegio con los dos adolescentes, un grupo de los secuestradores chocaría su auto por detrás y luego cambiarían a los hermanos Garrido a otro vehículo, para que estos no sospecharan de la complicidad del conductor.

Sin embargo, el lunes 11 de agosto a las 3:00 de la tarde el plan cambió a última hora. Clarence prefirió no estar al momento del secuestro. Le entregó la Mitsubichi Montero que utilizaba para transportar a los hemanitos Garrido a Pedro Juan Jaramillo y a Ernesto Rook Rodríguez, para que estos fueran a buscar a David y Alejandra al colegio. Los secuestradores les dijeron a sus víctimas que ellos trabajaban para el bufete de abogados de su padre y que Clarence estaba cumpliendo con otro compromiso personal. Los jóvenes inocentemente aceptaron estas explicaciones y se subieron al auto. El plan de Jackson empezaba a caminar bien.

Los dos secuestradores sometieron a los niños, les vendaron los ojos colocándole trapos con cinta adhesiva gris y les informaron que habían hecho lo mismo con su conductor Raúl. Luego los llevaron a una residencia en Villa Lucre donde durmieron los cinco, incluyendo el conductor de los estudiantes. La Mitsubishi Montero fue abandonada cerca del aeropuerto de Tocumen.

Jaramillo se comunicó con Jackson y le informó que tenía en su poder a los niños. El experto de los expertos había reclutado al resto del grupo, alquiló un cuarto para esconder a los niños y además activó varios celulares para comunicarse entre ellos. El jefe comisionó a Javier Enrique Lem Llorente, un estudiante universitario, para que se encargara de hacer el contacto con los familiares de los adolescentes, porque era el que mejor léxico tenía de todos. Para esta misión se le entregó uno de los celulares nuevos, con número 626-1279, aparato que al final sería la causa para que este plan fallara.

Lem Llorente empezó a trabajar de inmediato. A las 4:20 de la tarde del lunes 11 de agosto hizo su primera llamada al padre de las víctimas, el abogado Jorge Alexis Garrido Monfante. "Tengo secuestrados a tus dos hijos y a su chofer", fue lo único que le dijo. Un minuto más tarde, el secuestrador volvió a llamar y le repitió lo mismo.

Pasaron tres minutos y el secuestrador, al parecer, un poco asustado y fingiendo su voz, volvió a llamar a Garrido. Este último pidió una prueba para comprobar que sus hijos estaban en poder de los secuestradores y que estaban vivos. A las 5:30 p.m., Garrido recibió otra llamada a su teléfono celular y pudo hablar por poco tiempo con su hija, quien le confirmó que estaba secuestrada. Un total de 10 llamadas hizo Lem Llorente ese día a Garrido, incluyendo una donde le exigió que se comunicara con los familiares de su conductor Raúl Clarence, y que les dijera que lo había comisionado para hacerle un trabajo en el interior del país, con la intención de que estos no se preocuparan y decidieran llamar a las autoridades para denunciar la desaparición repentina. Otra de sus exigencias era que la Policía Técnica Judicial (PTJ) no interviniera, que a los medios de comunicación no se les informara de nada sobre este caso o la vida de los niños correría peligro. La suma por el rescate era de 5 millones de dólares.

Cacería de un Audi

Para ese entonces se había conformado un grupo especial de búsqueda, integrado por agentes de la DIIP, la PTJ y el Consejo de Seguridad Nacional. Se le unieron expertos de una empresa telefónica utilizados para rastrear las llamadas que hacían los secuestradores.

Se ubicó primero el local y la persona que había activado el celular 626 -1279, que utilizaba el secuestrador. El nombre de la persona que compró el celular era falso, pero se pudo determinar que el mismo era de tez morena y que había llegado al lugar el 29 de julio, en un llamativo auto nuevo, marca Audi, color negro. Se llamó a la agencia distribuidora de estos vehículos en Panamá y para suerte del grupo de búsqueda, solo se habían vendido siete Audi negros. Se emprendió, entonces, una cacería de todos los autos con estas características que estaban circulando en la ciudad capital.

Mientras tanto, a primeras horas de la mañana del martes 12 de agosto, Pedro Juan Jaramillo y Ernesto Rook Martínez trasladaron a los dos niños y al conductor amordazados y esposados al cuarto 10 del edificio Lourdes, ubicado en calle primera Carrasquilla, a la espera del pago del rescate.

A las 3:00 p.m. de ese mismo día, el secuestrador le hizo otra llamada al padre de la víctima para decirle que tenía poco tiempo para reunir el dinero del rescate y le dio ultimátum. "No te pases de listo, porque nosotros tenemos la sartén por el mango", dijo. No hubo mas llamadas ese día.

El miércoles 13 de agosto, el grupo especial había logrado rastrear los lugares desde donde el secuestrador se estaba comunicando. Cada llamada telefónica se registraba, por activación, en la antena más cercana que tenía la empresa telefónica en el área. Esta triangulación de llamadas demostró que el secuestrador se estaba moviendo constantemente, porque las llamadas se hicieron desde el Jardín de Paz, en Parque Lefevre, la vía 12 de Octubre, El Dorado y Santa María en Bethania

Un equipo de "los linces" de la Policía Nacional, patrullando el área, localizó, a las 2:20 p.m. del miércoles 13 de agosto, un auto Audi negro, con placa 141169. Se le dio instrucciones que siguiera al vehículo con discreción y esperara refuerzos. Pocos minutos después, el auto sospechoso fue interceptado por un grupo de agentes de la Dirección de Investigación e Información Policial (DIIP) y la PTJ. Dentro del Audi estaban Reiner Anel Echeverría Canero, Javier Enrique Lem Llorente y Ricardo Eugenio Jackson McKleen. Se les revisó de forma exhaustiva pero no tenían armas de fuego, ni droga, portaban documento de identidad legal y todo parecía estar en regla. Pero cuando se procedió a revisar los celulares, una gran sorpresa. Uno de estos aparatos resultó ser el 626-1279, registrado como el celular de donde se emitían las llamadas del secuestrador y el mismo estaba en poder de Lem Llorente.

Llorente al verse perdido, decidió cooperar y condujo al grupo especial al lugar donde estaban ocultos los niños. A las 4:30 p.m. del miércoles, otros miembros del grupo especial derribaron la puerta del apartamento 10 en Carrasquilla, sorprendiendo a los dos guardianes de los niños comiendo. Los hermanos Garridos estaban amordazados y acostados boca abajo en una pequeña cama. En el suelo estaba acostado Raúl Clarence. Unas horas mas tarde, los niños regresaron sanos y salvos a su hogar, mientras que Clarence confesaba a las autoridades su complicidad en este secuestro, aunque dijo que en todo momento procuró que Alejandra y David no corrieran peligro.

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