Panamá, 17 de agosto de 2003
 
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Las fallas del derecho

Las decisiones judiciales en materia de guarda y crianza deben ser tema de discusión por los expertos

JOSE ARCIA
jarcia@prensa.com

LA PRENSA/Bernardino Freire

Leidis Pitty procura integrar a su hija Katherine al hogar a través de la lectura bíblica.

Leidis Pitty tuvo dos hijos con el costarricense José Francisco González, con quien se unió en 1986. Del vínculo matrimonial, que duró tres años, nacieron Robert y Katherine González.

Ambos vivían en Río Sereno, distrito de Renacimiento, en la provincia de Chiriquí. Cuando Leidis se separó de José, se fue a vivir con sus dos hijos a Loma Colorada, en el distrito de David, Chiriquí.

Dos años después, José se presentó a la vivienda de Leidis y solicitó ver a sus hijos, a lo que la madre accedió con la condición de que fueran devueltos al día siguiente.

Leidis le pidió a una de sus hermanas que le permitiera a González pasar la noche con sus hijos en su vivienda, pero no se imaginaba lo que este tramaba con los menores. Al día siguiente, cuando fue a buscar a sus hijos, se enteró de que el padre se los había llevado para Costa Rica.

Leidis no supo más de sus hijos hasta dos años después, cuando su hermana Rosa Maribel Pitty, que vive en Río Sereno, la llamó para informarle que González había regresado con los niños, por lo que se trasladó a esta región fronteriza en busca de los menores, pero, para su sorpresa, José no le permitió verlos.

Esto -indicó Leidis- le indignó tanto que tomó la decisión de traerlos a escondidas de José. Luego se apersonó ante el juez del Tutelar de Menores de David para solicitar la custodia de los niños.

Contó que la primera acción judicial que ordenó el juez fue un careo y giró una orden de impedimento de salida del país para los menores.

Madre e hija mantienen un proceso constante de comunicación como medida para olvidar los
hechos.

Esta acción jurídica se fijó para 15 días después, pero no se realizó y tampoco se cumplió con la medida de impedimento de salida, puesto que José se presentó a la casa con una orden del juez, en la que se le otorgaba la custodia de los menores.

"El [José] se presentó a mi casa con cinco policías y la orden y a mí no me quedó otra opción que entregar a mis hijos", dijo.

Sin saber qué hacer, Leidis volvió adonde el juez para reclamar la restitución de los niños. La respuesta del juez fue que "el padre vino y dijo que usted [Leidis] reside con personas del mal vivir".

Luego de un año, Leidis volvió a escuchar la voz de los menores por teléfono. Desde Costa Rica, José permitió la conversación entre madre e hijos en tres ocasiones, pero Leidis no pudo saber en qué punto geográfico de ese país se encontraban y bajo qué condiciones físicas.

Después de la tercera llamada, en 1996, Leidis no volvió a saber más de sus pequeños hasta diciembre de 2002, cuando recibió la llamada de Rosa Maribel, quien le informó que su hija Katherine se había comunicado con ella para decirle que estaba en el Patronato Nacional de la Infancia, en Cartago, Costa Rica, y que deseaba ver a su mamá.

Leidis, emocionada por tan alegre noticia, empezó a agilizar un viaje al vecino país, donde estuvo una semana con sus dos hijos, después de siete años de no verlos.

A su regreso "no sabía adónde dirigirme para gestionar el regreso de mis hijos a casa".

Pasaron dos meses de incertidumbre de no saber con quién hablar. Una mañana decidió ir a Casa Esperanza para recibir orientación sobre su problema. Allí le recomendaron que se dirigiera a la recién inaugurada Oficina Regional de Chiriquí de la Defensoría del Pueblo, en la calle 3 de noviembre de David.

El 24 de febrero de este año se entrevistó con Mónica Chevarría, directora de la Oficina Regional, quien empezó a coordinar la gestión con el defensor del Pueblo, Juan Antonio Tejada.

Los menores habían sido abandonados por el padre en 2001. Desde entonces se encontraban en el patronato. El varón había sido adoptado por una familia costarricense y la niña permanecía en el patronato y a veces con familiares del padre.

Katherine contó que la última vez que se comunicó con su padre fue el 18 de junio de 2002 en el entierro de una tía (hermana del padre) en Cartago. La adolescente prefiere no hablar de su padre.

Chavarría señaló que después de que Leidis presentara la queja, inmediatamente se comunicó con la Defensoría de los Habitantes de Costa Rica, para dar inicio al proceso de restitución de la menor a la madre.

A cambio de la entrega de la menor, el patronato exigió información de las condiciones de vida de la madre. Además, la Defensoría se comprometió a darle un seguimiento sobre el comportamiento de la menor y su reintegración al sistema educativo en Panamá. Este paso se realizó desde el pasado lunes, 11 de agosto. Actualmente Katherine está en el Centro Básico General Pablo Emilio Corse de David.

El pasado 6 de agosto, Leidis recuperó a su hija, que ahora tiene 14 años, pero su hijo Robert, de 16 años, decidió quedarse con la familia que lo adoptó en Costa Rica. Sin embargo, se comunica con su madre y su hermana.

Otras denuncias

Las decisiones judiciales, en materia de guarda y crianza, deben ser tema de discusión por los expertos, puesto que la Defensoría ha recibido 12 denuncias entre abril de 2002 y junio de 2003 relativas al particular.

Max López, director de Relaciones Internacionales de la Defensoría, señaló que en su mayoría son las madres, quienes pierden la comunicación con los hijos porque los padres han decidido sacarlos del país.

Lo peor de esto es que a veces es con el ingenuo consentimiento de la madre, ya que piden llevárselos a vacacionar a su país de origen y no los devuelven.

Entre los diversos casos, López explicó que un estadounidense que pertenece al ejército estaba casado con una panameña y tuvieron una niña. Al divorciarse, el padre se llevó a la niña a su país y la madre desconoce su paradero.

Otro caso que comentó es el de un matrimonio separado conformado por un palestino y una colombiana, radicados en Panamá. Tuvieron tres hijos, y aunque los cónyuges viven en Panamá, el padre mandó a los niños a Palestina sin el consentimiento de la madre, con el argumento de que sus hijos debían crecer bajo las condiciones culturales de su país.

Una mujer humilde de Colón presentó una queja en la Oficina Regional de Colón de la Defensoría, porque el padre (quien tenía la tutela) se llevó a la niña a Estados Unidos, supuestamente a pasar la Navidad. Hasta la fecha no ha permitido que la menor converse con su madre y no ha querido que regrese a Panamá, dijo López.

Añadió que lo peor de este caso es que el padre vive en Panamá y tiene a su hija con un hermano en el país norteño.

Según López, esto sucede frecuentemente con matrimonios en los que una de las partes es extranjera.

La historia de Leidis, así como los casos expuestos por la Defensoría, ilustran la irresponsabilidad paternal y la violación a los derechos del niño de estar con sus progenitores.


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