Panamá, 17 de agosto de 2003
 
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Asesinatos y represas

No veo por qué es preciso matar a alguien para construir una represa. Estas no son incompatibles con el respeto a los derechos humanos

Guillermo Sánchez Borbón

Hará un par de columnas me referí de pasada a las violaciones de los derechos humanos cometidos en el turno del dictador Torrijos y, por tanto, bajo su responsabilidad. Alguien me contó que, en un diario de la localidad, no sé quién protestó por mi falta de respeto a la sacrosanta figura del líder. Y agregó que en vez de recordar los muertitos que nos hizo (algunos están debidamente documentados en el Informe de la Comisión de la Verdad), debiera recordar las represas que también nos hizo.

No las olvido, pero en el caso que nos ocupa yo hablaba de violaciones de los derechos humanos, no de represas. No veo qué tiene que ver una cosa con la otra. Hay gente empeñada en desinfectar retroactivamente a Torrijos para justificar las alianzas electorales que hoy cocinan con sus descendientes.

No es la primera (y seguramente no será la última) vez que lo digo: tres caudillos llenaron el escenario político del siglo pasado: Belisario Porras (estoy de acuerdo con el dictamen de Carlos Iván Zúñiga: Porras fue el hombre del siglo), Arnulfo Arias y Omar Torrijos. Arnulfo surgió de un sangriento coup. En otra parte he reconocido sus méritos como estadista, y en la misma, o en otras, he censurado duramente su total falta de escrúpulos y los abusos que se cometieron bajo su mando con el pretexto de nacionalizar el comercio al por menor en su primer año de gobierno. Omar Torrijos fue el beneficiario de un golpe militar con el cual no tuvo absolutamente nada que ver. Se alzó con el poder traicionando a quien le permitió compartirlo desde el 11 de octubre de 1968 -por el fetiche militar de las jerarquías- hasta el 27 de febrero de 1969.

A partir de la mascarada del 16 de diciembre del 69 (que hicieron posible un servicio de espionaje gringo, Anastasio Somoza y Noriega, que saltó al carro de los vencedores en el momento preciso) Torrijos fue, por derecho propio, el líder del proceso. Contra el fondo de estos hechos se hizo y recortó su personalidad política, por eso deben analizarse aparte. El día de la lealtad y sus consecuencias sería tema para un nuevo artículo.

Vengamos ahora a las dichosas represas. De paso, no veo por qué es preciso matar a alguien para construir una represa. Estas no son incompatibles con el respeto a los derechos humanos, al contrario. Además, el dictador no se sacó Bayano del sombrero en un momento de inspiración: eso no funciona así. Las represas no se improvisan, motivo por el cual conviene hacer un poquito de historia.

Bajo el gobierno progresista de Ernesto de la Guardia se inició el aforo científico de los principales ríos de Panamá. Soy testigo presencial, porque las personas que hacían este trabajo se alojaban en nuestra casa de Zegla con la frecuencia que demandaba su trabajo. El sitio no fue elegido al azar: la finca queda en la confluencia de dos de los ríos más caudalosos de la provincia de Bocas del Toro: el Teribe y el Changuinola. Como dice un personaje de mi novela La serpiente de cristal: "Me reduciré a enumerar los temas que sellé en la grabadora, tomados de El Panamá América del 28 de agosto [de 1968]: Arnulfo proyecta expansión industrial y electrificación de todo el país. No era un despacho de última hora: desde que se inició, en la década del cincuenta, bajo el gobierno de Ernesto de la Guardia, el aforo de los ríos y el estudio sistemático de sus caudales, los estadounidenses sabían que no nos movía la curiosidad científica, sino que teníamos una meta bien definida: la hidroelectrificación de Panamá. Es más, los estudios de factibilidad técnica y económica de la represa de El Bayano estaban ya listos. Lo que debe de haberlos desconcertado fue la noticia que di a continuación: Arnulfo le pedirá el financiamiento de la obra a Francia, en lugar de pedírselo a Estados Unidos, nuestra fuente tradicional de préstamos".

El estudio de los ríos prosiguió bajo los gobiernos de Nino Chiari y de Marco Robles. Durante ese tiempo se construyó "La Yeguada", primera represa de la serie. Los planos de ingeniería de El Bayano estaban prácticamente listos cuando sobrevino el pronunciamiento. Los gorilas no crearon nada, no inventaron nada. Todas las obras que los seudo historiadores les atribuyen ahora, estaban listas para su ejecución cuando se produjo el golpe de Estado, y fue obra de los gobiernos civiles. La única contribución original de Torrijos a la política panameña fue el asesinato de sus oponentes y el terror que impuso al país entero para que nadie se atreviera a chistar.

Ruego a quienes intervinieron en las distintas fases del proyecto de Bayano que continúan en este mundo, que expliquen a sus conciudadanos cómo fueron en realidad las cosas, a fin de que no se traguen pasivamente las mentiras que elaboran amanuenses deshonestos y políticos sin principios. Es preciso recordar las palabras del evangelista: "La verdad os hará libres".


Además en opinión

. Asesinatos y represas: Guillermo Sánchez Borbón
. El sancocho político del centenario: Jorge Eduardo Ritter
. Una política a oscuras: Betty Brannan Jaén
. Respuesta a 'El procurador de la impunidad': Rogelio Cruz Ríos





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