Sentido de lo antiguo
En la individual "De esta vida y otra", Susi Arias se traslada a una época en la que el mundo estaba por ser nombrado
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
La obra de Susi Arias tiene un notable sentido de lo antiguo. Su trabajo nos traslada a una época en la que todo estaba por nombrar, cuando el hombre manifestaba sus alegrías y sus miedos grabándolos en una piedra o en el interior de una cueva.
Ver sus esculturas es como ir a un museo de historia primigenia, donde uno puede imaginarse a un ser humano trabajando con sus manos la arcilla y las plantas; dejando en libertad un delirio del alma que luego fue llamado arte y que en él, posiblemente, era una fuerza inexplicable, pero necesaria para dejar muestras de su realidad.
Es que Susi Arias une el hoy con el ayer. Es consciente que sus objetos rescatan una vida que pasó y que solo encontramos debajo de la tierra, en ese universo subterráneo donde están las respuestas de quiénes fuimos.
Las piezas de Susi Arias son como abrazos que rodean al espectador. Seguro porque sus colores cálidos (rosados, cremas) nos recuerdan un tiempo cuando el mundo era limpio y joven, cuando la eternidad apenas comenzaba, cuando las revoluciones de las ideas y los inventos tecnológicos eran remotas pesadillas.
Pero a la par, en busca de pequeños contrastes, hay alambres, hay uno que otro color metálico colado (dorados y plateados), que nos recuerdan que esta entusiasta y talentosa artista habita en el ahora, una manera de recordarnos que el tiempo es uno solo y que él ya no existe, y lo único válido es lo que pasó y lo que vendrá.
Sus piezas parecen frágiles, pero tienen la fortaleza que da el espíritu del pasado y la dureza de los elementos hechos en la modernidad. Son un arte físico, pues es el resultado de un proceso lleno de detalles de recolectar los materiales orgánicos que requiere y luego mezclar talco y arcilla, de cocinar las plantas y quemar el aserrín, de unirlo todo, como si fuera un tejido, a pulso de mano y al calor del fuego.
Una propuesta diferente
La propuesta artística de Susi Arias, que se presenta actualmente en la individual "De esta vida y otra" en la Galería Habitante, es diferente a lo que se presenta habitualmente en Panamá.
Entre sus 28 piezas hay una mezcla entre escultura, dibujo, cerámica, acrílico y música (sí, hay esculturas que son violines y tambores ancestrales). Sus telas flotan con deseos de salir volando del cuadro hacia los cielos o de vuelta a los calendarios. Utiliza sabiamente distintos materiales de la naturaleza (plátano, bambú, algodón, hilos), para ganar en autenticidad y en lo orgánico.
"Aunque son de papel y están enmarcadas, mis obras son en el fondo esculturas, porque yo voy esculpiéndolas, porque les doy profundidad a las distintas capas de papel y son distintas capas de papel y tela", dijo la artista, que tenía 15 años que no ofrecía su obra en su país.
Es que Susi Arias radica en California (EU) desde hace 25 años, y en esos lares se dedica más a desarrollar proyectos de arte público (parques, edificios gubernamentales y privados, rotondas, puentes, autopistas, etc.). Y tantos compromisos de gran formato no le permiten a esta encantadora dama participar con frecuencia en individuales en Estados Unidos; excepcionalmente forma parte de algunas colectivas.
"Siempre he sido escultora", manifiesta esta mujer risueña y llena de energía que ha recibido honores como el National Endowment for the Arts y el Environs Enhancement Award.
Su entrenamiento siempre ha sido escultórico. "Si quiero, puedo ser muy realista;
pero tiendo más a lo abstracto; busco más lo arqueológico, dar la impresión de
que los objetos que utilizo fueron encontrados por allí; pero fueron seleccionados
previamente".
Susi Arias es de las artistas que gusta de ir tras su próximo paso. "Al principio trabajé con el bronce y después con tierra comprometida y cactus, y más tarde pasé a las plantas y la cerámica".
Todo indica que su destino más inmediato será seguir en la faena de buscar provisiones
en el ahora para reelaborar la vida que se fue, y jugar con los relojes para
formar un mapa hecho de telas y colores que nos conduzcan a ese espectáculo fascinante
de cuando éramos recolectores y no se nos había ocurrido inventar el dinero que
separa y la furia de las guerras que nos hacen aniquilarnos entre nosotros.
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