Un brindis por Panamá La Vieja
Panamá La Vieja –ahora Patrimonio Mundial– celebra
hoy un aniversario más de su fundación
LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com
LA PRENSA/Archivo |
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| Los fuegos artificiales que marcaron la
inauguración del Centro de Visitantes de Panamá Viejo, volverán
mañana a celebrar un año más de historia. |
Según la historiadora española María del Carmen
Mena García, autora de La Sociedad de Panamá en el
siglo XVI, 400 vecinos estuvieron presentes en la fundación
de Panamá, el 15 de agosto de 1519.
Casi cinco siglos después, la ciudad de Panamá, que
abarca La Vieja, la nueva –el Casco Antiguo –y la moderna,
ha superado el millón de habitantes.
Mucha agua ha pasado pues por el famoso Puente
del Rey, desde que se construyera como entrada desde el Pacífico de aquel
mítico Camino de Cruces, hasta nuestros días.
Y a pesar del tiempo transcurrido y de la
desidia, siguen allí algunas
de las piedras y muros del primer asentamiento humano llamado Panamá.
Afortunadamente, el tiempo del abandono parece
haber terminado y el trabajo de quienes impulsaron la creación del Patronato
de Panamá Viejo tuvo este año una especial recompensa:
la Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO), incluyó a Panamá La
Vieja en la lista de lugares considerados Patrimonio Mundial.
Se trata de un más que merecido honor para la primera ciudad
española fundada en el Pacífico americano que, a
partir de la segunda mitad del siglo XVI –con el descubrimiento
de Perú, su conquista y su producción de plata–,
se transformó en el lugar de tránsito de pasajeros
y mercancías que aún es Panamá por imperativo
de la geografía.
Según se señala en la obra de Mena García, “la
invención de Perú sella el destino de Panamá por
dos siglos. La que era terminal de las rutas del Caribe se convierte
en lugar de tránsito de pasajeros y mercancías y
en llave de dos mundos”.
Las ruinas como símbolo
El camino hasta el reconocimiento de la UNESCO
ha sido largo, cargado de dificultades, pero también de fructíferas
acciones de quienes entendieron la importancia del sitio y la necesidad
de su rescate.
Después del traslado de la ciudad a San Felipe en 1763,
las abandonadas ruinas sirvieron por un siglo como “cantera”,
donde los panameños iban a buscar material de construcción.
En el siglo XVIII se produce la llegada al lugar de nuevos habitantes
que hicieron de las ruinas y sus alrededores su hogar.
Según relatara el arquitecto e historiador, Eduardo Tejeira
Davis (ver La Ciudad, 8 de agosto del 2003), “la historia
de la ocupación de las tierras de Panamá Viejo empieza
en el siglo XIX. Consta, por ejemplo, que a fines del período
colombiano el área de ruinas estaba subdividida en varias
parcelas que se utilizaban para la agricultura”.
La primera legislación que menciona el sitio —Ley
9 de 1918— se produce en la primera década del siglo
XX, justo un año antes del cuarto centenario de la fundación
de la ciudad.
Para la nueva República –aquejada de complejo de
inferioridad por las circunstancias de su nacimiento– se
convirtió en una necesidad reconstruir la historia de Panamá La
Vieja, como símbolo de nacionalidad.
Para Tejeira, “Panamá La Vieja constituyó la
prueba de la existencia de Panamá antes de Colombia y, por
ello, un motivo de orgullo nacional al que acudieron los primeros
gobernantes para contrarrestar las críticas”.
Por ello, los primeros gobernantes enviaron
a Sevilla a Juan B. Sosa para que reconstruyera la historia de
Panamá La Vieja.
Sosa logra la transcripción a mano de los documentos que
encontró en los Archivos de Indias (transcripciones que
están hoy en los Archivos Nacionales) y escribe en 1911,
junto Enrique Arce, la primera Historia de Panamá.
A partir de ese momento, todas las generaciones de historiadores
han investigado en los archivos de Sevilla para recuperar diferentes
aspectos de nuestra historia.
Después de Sosa, le siguió el grupo de Juan Antonio
Susto; luego, los historiadores de la generación de Carlos
Manuel Gasteazoro, marcaron el inicio de la profesionalización
de la investigación. En la actualidad, el liderazgo investigativo
lo tiene sin duda Alfredo Castillero Calvo, cuya última
obra “Panamá La Vieja, cultura material, economía
y sociedad”, espera ansiosa la hora de la imprenta.
Por ello, y a pesar del abandono creciente
de las ruinas durante los primeras años de la República –rodeadas
de maleza e invadidas por precaristas–, siempre subsistió el
interés por lo que se convirtió en símbolo
de la nacionalidad panameña.
En los años 20 y 30, el lugar era visitado por aventureros
excursionistas, destacándose Samuel Lewis García
de Paredes, quien escribió un primer artículo sobre
la catedral en la revista Nuevos Ritos publicada en 1912. Por ello,
en la entrada del Centro de Visitantes del Instituto Panameño
de Turismo (IPAT) en Panamá Viejo existe hoy una estatua
en su honor.
Como se contara en “Una calle de espaldas a la historia” (ver
La Ciudad, 11 de agosto del 2003), en los años 50 se inauguró la
Vía Cincuentenario, que sirvió como paseo para que
las familias panameñas vieran las ruinas sin bajarse del
vehículo. Este recorrido se convirtió en un muy popular
paseo dominical de los capitalinos.
En contrapartida, la calle destruyó el original trazado
urbano de la ciudad y, más grave aún, partió en
dos varias ruinas.
A partir de los años 70 del siglo XX, el IPAT empezó a
recibir un subsidio estatal de aproximadamente 200 mil dólares
para el mantenimiento de las ruinas.
Incluso, durante los años de la dictadura, en sus inmediaciones
se instaló un cuartel militar y los establos de la caballería.
Fin del abandono
En 1994, el Club Kiwanis le encargó a Eduardo Tejeira Davis
los planos de una maqueta que reconstruyera Panamá La Vieja.
Tejeira, que había regresado a Panamá en 1985, graduado
de arquitecto y con un doctorado en Historia del Arte por la Universidad
de Heidelberg, Alemania, empezó a colaborar en 1985 con
la Enciclopedia de la Cultura Panameña, publicación
de La Prensa a cargo de Julia Regales.
“Empecé a acompañar los artículos con
dibujos de reconstrucciones de los conventos, las iglesias y por
primera vez se divulgó el verdadero trazado urbano de Panamá La
Vieja”, relató Tejeira.
Por estos dibujos publicados en La Prensa
hace casi 20 años,
surgió el interés del Club Kiwanis que, después
de obtener en donación el dinero necesario, ordena la construcción
de la maqueta que, finalmente, pasó a ser exhibida en una
sala de los antiguos cuarteles militares, reconvertidos en centro
de artesanías.
Todavía no existía el Patronato, por lo que el embrión
de museo pasó a ser responsabilidad del Instituto Nacional
de Cultura (INAC).
Un año después, en 1995, se crea el Patronato de
Panamá Viejo, integrado por el Club Kiwanis, Banistmo, el
INAC y el IPAT. Su primera acción fue la limpieza del sitio
y su delimitación, de manera que pudiera empezar a separarse
de las barriadas que habían crecido hasta el borde mismo
de las ruinas.
En 1996, la Asamblea aprueba una ley que le
permite al patronato el manejo de fondos, y el entonces presidente
Ernesto Pérez
Balladares le traspasa un millón de dólares que se
convirtió en el fondo semilla para sus actividades.
Banistmo ha aportado unos 60 mil dólares anuales al Patronato,
y este año patrocinó la restauración de las
ruinas del Convento de las Monjas de la Concepción, por
un monto de 350 mil dólares.
Luego de las primeras acciones de limpieza,
en 1995 el Patronato inició un proyecto de arqueología dirigido por Beatriz
Rovira y que, habiéndose iniciado en la Plaza Mayor, se
ha estado realizando en diferentes partes del sitio, lográndose
importantes descubrimientos incluso de la época precolombina.
Lo cierto es que ya la Dirección de Patrimonio Histórico
del INAC había realizado en 1993 un primer plan de emergencia
para el sitio. El documento, elaborado por el entonces subdirector
de Patrimonio Histórico, Ariel Espino, era una agenda de
10 puntos que se constituyó en una especie de primer plan
de acción. Estos puntos incluían cosas como el rescate
de la Plaza Mayor, el apuntalamiento de las ruinas y otras acciones
de emergencia que dieron al Patronato las primeras pautas para
su trabajo.
En 1997, la entonces directora de Patrimonio
Histórico,
Carla López, llevó a cabo los términos de
referencia para el concurso internacional que permitiría
elegir la empresa que haría el plan maestro.
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| Desde el Centro de Visitantes de Panamá Viejo, se divisan
los restos de la primera ciudad
española fundada en el Pacífico. |
El concurso fue ganado por la empresa puertorriqueña Law
Enviromental Caribe, S.A., convirtiéndose Tejeira en el
gerente local del proyecto que terminó en 1999 con la entrega
del plan maestro, pieza esencial para lograr la declaratoria de
la UNESCO.
Hoy, el Patronato de Panamá Viejo ha crecido enormemente
ya que maneja proyectos con alrededor de 10 países. Entre
ellos se destaca la recuperación de la Torre de la Catedral
y la original traza urbana, financiada por la Agencia de Cooperación
Española; o el proyecto arqueológico, apoyado por
Alemania.
En cuanto a las instituciones estatales, se
destaca la inversión
de 1.6 millones hecha por el IPAT para el Centro de Visitantes,
donde en estos momentos se termina de instalar el museo del sitio,
cuyo costo de 300 mil dólares ha sido cubierto por la Caja
de Ahorros.
Y aunque los retos aún son muchos para que las ruinas de
la primera ciudad española construida en el Pacífico
americano logre su merecida dignidad, este año hay motivos
para alzar la copa y celebrar.
Vea Un equipo
que dio alegría a un corregimiento
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