Se nos fue el oro
HARMODIO ARROCHA JR.
harrocha@prensa.com
Debo reconocer
que el técnico Cristóbal Girón es un mago, y dudo que alguien
pueda cuestionar su calidad como mánager después de la hazaña
que acaba de repetir en la isla de Curazao.
La expectativa real que se trazó con
el equipo juvenil antes del viaje a la isla caribeña, era
asegurar primero la clasificación al Mundial y luego buscar
una medalla, objetivos que se lograron, aunque soy de la
opinión que se pudo llegar más lejos
Es cierto, cumplimos y llegamos mucho
más allá de las expectativas y de las condiciones en que
viajó este equipo, pero desperdiciamos una gran oportunidad
de ganarle a Cuba, algo que nunca ha sido fácil, ni siquiera
en esta época, en la que los antillanos han cedido terreno
ante la llegada de los profesionales.
Simplemente, los cubanos, que refrendaron
su título panamericano de béisbol juvenil derrotando a Estados
Unidos, temblaron y por momentos sintieron que el oro se
les había ido en lo que parecía una inminente derrota ante
los panameños.
Fue algo impresionante y una de las
mejores demostraciones que ha tenido Panamá a este nivel.
Ese juego no lo anoté y aunque me ocupaba de la nota del
automovilismo, estuve muy atento del monitoreo que mantuvo
toda la distancia mi colega Gustavo Ampudia.
No es el momento para analizar qué pasó por
la mente de Girón en ese fatídico desenlace del choque frente
a Cuba que nos sacó del camino a la medalla de oro, pero
sí creo que Girón tiene muchas cosas que aclarar sobre este
juego, que difícilmente él olvidará y que todavía hoy permanece
intacto en la mente del corajudo tirador chiricano César
Flores.
Mañana, cuando regresen al país estos
muchachos, a lo mejor, nadie se recordará de lo cerca que
estuvimos de pelear por el oro y de pegarle a Cuba en todo
el mentón.
El equipo nacional, cuajado de novatos
y rodeado de muchas dificultades, realizó una encomiable
faena, y, lo más importante, demostró agallas ante los monarcas
de la pelota juvenil, sin embargo, insisto en que no supimos
aprovechar esta gran oportunidad ante los antillanos.
Aquel miedo escénico que aparece cada
vez que jugamos ante equipos como los de Estados Unidos o
Cuba, aparentemente no lo hemos perdido, y aunque tuvimos
al poderoso escuadrón contra las gradas en Curazao, fallamos
en el momento clave.
Al final, volvimos a perder contra una
potencia, e independientemente que le tiramos un envión,
no me parece lo más correcto conformarnos con el bronce,
porque objetivamente demostramos que tenemos con qué pelear
por más.
En la historia de estos torneos ha quedado
el testimonio de una batalla férrea de estos muchachos, que
dejaron incólume el prestigio del béisbol panameño.
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