¡Fíjese bien antes de pagar!
HERMES SUCRE SERRANO
hsucre@prensa.com
Alfonso Foncho Trujillo no tiene dinero, pero conoce de buena comida. No en balde trabajó 40 años como camarero en restaurantes nacionales y extranjeros, como el del hotel "La Concha" de Puerto Rico. Pero como "al mejor cazador se le va la liebre" se llevó su buen susto en un restaurante panameño con nombre hawaiiano.
Foncho invitó a unos amigos que residen en Canadá a comer mariscos. El ambiente estaba de lo mejor. El olor que salía de la barbacoa tenía nerviosos a los hambrientos comensales, que esperaban con ansias a los meseros, portadores de humeantes bandejas. Un bolero suave de José Feliciano le daba un toque romántico a la noche. Las cervezas estaba tan frías que parecían tener camisetas "cuello de tortuga". Los picadillos de entradas se desvanecían antes de que el mesero los pusiera sobre la mesa. Nada más faltaba un ukelele y una de esas bailarinas con faldita trasparente de hilachas, el ombligo afuera y una flor como peineta.
Cuando llegó el camarero, con su camisa estampada, Foncho y sus amigos no pudieron contener la emoción y gritaron "¡aloha!". Entre copas de vinos y cervezas, chistes de Pepito y de Quevedo se pasó parte de la noche. De pronto Foncho tocó palmas y pidió la cuenta. Un silencio sepulcral se apoderó de la mesa, al ver llegar al mesero con un montón de facturas apretujadas en una carpeta.
Todos se quedaron atónitos cuando Alfonso se fue poniendo morado; sus labios estaban temblorosos y de las pronunciadas entradas de su frente bajaban robustas gotas de sudor. Todos pensaban que le había caído mal el marisco o que se había candidatizado para un infarto. Al pensó que le "querían robar los huevos al águila" y se puso a revisar las facturas una por una. Se cercioró de que le habían repetido copas de vino, cobrado dos veces algunas cervezas y, para ponerle la cereza al helado, le habían cobrado dos veces el 5%, porque cada vez que ordenaba la cajera le incluía el 5% y después le aplicó el impuesto a la factura total. "Bonita gracia, ¿no?"
Ahí fue donde ardió Troya. Alfonso, que minutos antes estaba más chistoso que Berdaguer, se puso irreconocible de la furia; los latino-canadienses, que se habían excedido en piropos con las esculturales meseras, comenzaron a decir "palabrotas". Sin embargo, después de la tormenta siempre viene la calma. Los administradores del restaurante abundaron en explicaciones, y hasta ofrecieron postres de "bocado de la reina" gratis a los enfurecidos clientes. El alboroto llamó la atención del resto de los parroquianos, quienes ni lentos ni perezosos sacaron sus lupas para examinar las cuentas.
Tenga mucho cuidado antes de pagar. Hay otros restaurantes que incluyen la propina en la cuenta y no dicen nada; lo que ocasiona que el cliente pague dos veces la propina. Son cositas de la reforma tributaria. Pónganse listos si no quieren que les muerdan el presupuesto. Para terminar, un mensaje a la "Tía Licha": no le aplique el 5% a la sopa de pata de res que vende en su fonda.
Dicen que para refrescarle la rabia a Foncho, lo invitaron a Canadá. Por lo menos el frío evitará que se le suba la presión como sucedió aquella inolvidable noche del conato de estafa.
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