Panamá, 27 de julio de 2003
 
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Plan Marshall - CSS y Gobierno

Plan Marshall es el nombre del Programa de Reconstrucción Europea anunciado en 1947 por el entonces secretario de Estado estadounidense George Marshall

Roberto Lombana

Ante la penuria europea al finalizar la Segunda Guerra Mundial y su incapacidad financiera, este plan de ayuda demandaba una coordinación previa de los países europeos para su aplicación. Para ello se llamó en 1947 a una conferencia en París, a la cual, tras muchas dudas, acudieron los rusos. Moscú pronto declina el ofrecimiento y obliga a sus países satélites a hacer lo mismo, alegando que el plan era un instrumento del imperialismo y que pretendía aumentar la hegemonía estadounidense. La conferencia tenía un triple objetivo: impedir la insolvencia del viejo continente, prevenir la expansión del comunismo en Europa y crear una estructura que favoreciera la implantación y mantenimiento de regímenes democráticos.

Los tratados de paz firmados en la conferencia en París llevaban en sí el germen de un nuevo y aún más devastador conflicto, la Guerra Fría. Por su parte, los soviéticos reaccionaron también en 1947 creando la Oficina de Información de los Partidos Políticos Comunistas y Obreros o Kominform. Después de casi medio siglo de enfrentamientos entre el capitalismo y el comunismo, llega Mijail Gorbachov al Kremlin y es el elemento clave que desencadenó un rápido proceso que acabó con la Guerra Fría y dio el giro hacia la economía de mercado y la libertad de empresa. En cuanto a quién tuvo la razón, no hubo más muestra que una Europa Occidental rica y la Oriental pobre. La historia explica lo demás.

La situación a que lamentablemente se enfrenta la Caja de Seguro Social (CSS) tras años de estancamiento y, como se pintan las cosas, considero que puedo utilizar el ejemplo del Plan Marshall y el Kominform: todos los asegurados y patronos inyectamos mensualmente nuestros mejores esfuerzos en dinero contante y sonante a las arcas de la institución, con la única diferencia de que solo un sector maneja y decide. Vemos su situación económica y financiera al borde de la bancarrota, sumada a una verdadera crisis moral (falta de compromiso y el escepticismo general). Es imposible mantener la ficción de que aquí-no-pasa-nada, tal cual se mantuvo el nudo de silencio que manejó el Kominform. El desafío de la administración y también de la junta directiva es la urgente necesidad de reducir sus gastos y enfocar sus inversiones para paliar las múltiples carencias y deficiencias que todos conocemos, y que en un país como el nuestro afecta a los más necesitados.

Si este gobierno pretendió salvar a la Caja de Seguro Social solo declarándola problema de Estado, y poniendo en manos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD el gran diálogo nacional para consensuar las soluciones, está en un callejón sin salida. Hay cuestionamientos al respecto, pues ya han pasado dos años de guerra fría de lo que pretendió ser la búsqueda del plan salvador de la institución, y no hay punto de encuentro. Se sigue en un mundo bipolar, no solamente entre ricos y pobres, sino entre el viejo esquema del conflicto este-oeste. Por tal razón, opino que el tiempo de dialogar ha terminado y que toca al Gobierno recoger lo que produjeron las conversaciones, presentarlas a la sociedad ya convertidas en ley de la República. No obstante, estas reformas de la Caja de Seguro Social deben llevarnos hacia una verdadera reestructuración con la transparencia debida, porque debemos ser conscientes de que es imposible conjugar la guerra fría y la solución de los graves problemas ya planteados. Se trata de buscar una acción recíproca, constructiva y creadora al mismo tiempo para impedir la catástrofe que se avecina y para que esta noble institución pueda sobrevivir y avanzar hacia el futuro, basada en la solidaridad, el respeto a los derechos de los asegurados y a los valores institucionales tan deteriorados actualmente. Por lo que debemos tener como aprendizaje que el pluralismo ideológico es sabio, solo si se convive en equilibrio. No se puede vivir de la quimera de un milagroso plan, porque un colapso del sistema al final será responsabilidad de todos y habrá que pagarlo, queramos o no, ya que todo lo que el Estado asuma, la sociedad por medio de los impuestos tendrá que honrarlo.

El autor es industrial


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