Panamá contra las ballenas, una política innoble y miope
Esta postura vergonzosa también va en contra de los intereses panameños, al ser Panamá un país que desea colocarse a la vanguardia del ecoturismo
Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
PANAMA, R.P. -No es fácil elegir una estrategia de política exterior que encima de ser repugnante, innoble, impopular y servil, sea también contraria a los intereses de la nación y a los deseos de nuestro más importante aliado.
Uno comprende que la diplomacia internacional -especialmente para un país débil como Panamá- a veces requiere la adopción de posturas cuestionables, pero solo un gobierno con el honor vendido y una miopía total podría aferrarse a una postura tan contraproducente y repudiada como el apoyo que el gobierno de Moscoso está dando a Japón para promover la cacería de ballenas.
En mayo del año pasado, yo descubrí que Japón había "comprado" el voto de Panamá en la Comisión Ballenera Internacional (CBI), organismo internacional que regula la caza y la protección de la ballena. Como Japón se opone a las restricciones para la caza comercial de ballenas, la estrategia nipona ha sido usar su poder económico para llenar a la CBI de países que voten en bloque con Japón. Para vergüenza nuestra, Panamá ha sido parte del bloque nipón desde 2001.
De eso escribí tres columnas el año pasado y el tema provocó una indignación ciudadana que no había visto antes en mis 13 años como columnista de este diario. Nos llovieron las cartas de lectores que deploraron "la bajeza moral a la que hemos llegado". Dada la indignación de los ambientalistas panameños, cuando la CBI celebró su congreso anual el mes pasado en Berlín, el gobierno de Moscoso sabía muy bien que su apoyo a Japón no pasaría desapercibido como en años anteriores. Pero no le importó. Pese al repudio ciudadano que se había dado en Panamá, la delegación panameña se unió nuevamente a Japón para apoyar la cacería de ballenas y bloquear la creación de nuevos santuarios marinos. Revisemos los pros y los contras de esta posición. La única justificación que la Cancillería ha dado es el deseo de complacer a Japón, un importante cliente del Canal y otros servicios panameños, lo que para mí significa una postura "vendida" o servil, o ambas cosas. Como dijo un lector el año pasado, "vendemos nuestros servicios, no nuestra conciencia". Es más, que Panamá se "venda" al mejor postor para apoyar una meta tan repugnante como la cacería de ballenas tiene un alto costo en la imagen internacional del país, lo que debiera prevalecer para estar en contra de esta política, en vez de favorecerla.
Lo que esto nos cuesta en imagen internacional es precisamente uno de los argumentos más fuertes en contra del apoyo que Panamá está dando a Japón. Panamá está en la posición vergonzosa de ser el único país latinoamericano que se ha dejado comprar de esta manera, y de encontrarse en oposición a todos los demás países latinos de la CBI. Brasil, Argentina, Chile, Perú y México están del otro lado, luciéndose en la lucha por proteger a la ballena. La prensa internacional elogia particularmente la labor de México, que ha declarado todo su mar territorial como santuario para la ballena.
Peor aún, esta postura también nos coloca en oposición a Estados Unidos, líder del movimiento internacional para proteger a la ballena. Por mucho que critiquemos cuando Panamá sacrifica sus propios intereses para doblegarse a Estados Unidos, yo no veo ventaja alguna en irnos en contra de Washington para apoyar una meta absolutamente repugnante que sirve intereses japoneses -no panameños- y que es rechazada tanto por el pueblo panameño como por el estadounidense. Debemos tomar nota de que las encuestas muestran que un 80% del electorado estadounidense se opone a la caza comercial de ballenas y desea que el gobierno de Bush "tome acción política" contra los países que persiguen o apoyan la cacería de cetáceos.
Por último, como han señalado otros comentaristas, esta postura vergonzosa también va en contra de los intereses panameños, al ser Panamá un país que desea colocarse a la vanguardia del ecoturismo, posee gran riqueza marina, ha liderado la protección del delfín, y podría desarrollar una bonita industria de avistamiento de ballenas.
Yo tuve la esperanza de que por todos los argumentos aquí expuestos el gobierno de Moscoso rectificaría su postura inmoral sobre la cacería de ballenas en el congreso de este año de la CBI. Me duele profundamente que no fue así, pero allí no se acaba la cosa. La lucha seguirá el año próximo (cuando la CBI se reúna en Italia) y, si es necesario -¡atención, candidatos!- en el gobierno próximo.
La autora es corresponsal de La Prensa
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