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La crisis revela la alineación de poder militar de Guatemala con Efraín Ríos Montt

Por Manfredo Hernández

GUATEMALA (DPA)

LASERFOTO AP/Moisés Castillo

La policía antidisturbios se apostó en las inmediaciones de la Corte Suprema de Justicia durante una protesta de los simpatizantes del ex dictador Efraín Ríos Montt el pasado viernes 25 de julio.

La crisis del proceso electoral guatemalteco, que alcanzó su máxima expresión el jueves con serios disturbios en la capital, dejó al desnudo las articulaciones del poder militar en Guatemala, comprometido con el general retirado Efraín Ríos Montt, líder máximo del partido gobernante.

Pese a que el presidente Alfonso Portillo prometió en cadena de radio y televisión que se restablecería el orden público, los militares no respondieron de inmediato y se permitió que la protesta siguiera un curso violento.

La turba, compuesta por unos 3 mil campesinos pobres que según la oposición y testigos recibieron dinero del gobernante partido Frente Republicano Guatemalteco (FRG) para unirse al movimiento y desplazarse en autobuses contratados a la capital, cruzó toda la ciudad la noche del jueves sin toparse con ninguna patrulla militar.

Previamente había sido la policía la que, al iniciarse la violenta jornada, optó por mantenerse a distancia y guardar absoluto silencio.

La inactividad policíaca hizo correr el rumor de que tanto el ministro de Gobernación (Interior), Adolfo Reyes, como el director de la policía, Raúl Manchamé, habían renunciado a sus cargos porque "no se les permitía actuar" pese a la gravedad de los acontecimientos.

Solo horas más tarde trascendió que las fuerzas de seguridad se preparaban y que sería el presidente Portillo el que informaría al respecto.

La inactividad policíaca fue asumida por todos los sectores como evidencia de que el aparato estatal estaba protegiendo a los violentos. La renuncia de los funcionarios lo hubiera confirmado y acelerado el desmoronamiento de los argumentos oficiales, con posibles serias consecuencias legales en su contra.

Finalmente, ya por la tarde, Portillo lanzó un mensaje de tono enérgico en el que anunció la salida a las calles del Ejército y la policía y comprometió su "propia vida" para hacer que se respeten las elecciones limpias y democráticas previstas para noviembre, tras las cuales dijo estar dispuesto a entregar el poder el 14 de enero al ganador, "sea quien sea".

La primera parte de su mensaje no se cumplió nunca, ni siquiera durante la noche del jueves, por lo que opositores y la prensa en general estimaron que se trató de "otra de sus mentiras".

No obstante, algo más quedaba al desnudo con el incumplimiento de la promesa presidencial: las articulaciones del poder castrense que, en desobediencia constitucional, dejaban en claro su adhesión a los designios del caudillo golpista y actual presidente del Legislativo, el general Ríos Montt.

Esto, pese a que Portillo avaló durante toda su administración múltiples transferencias presupuestarias millonarias a la institución armada para que los altos oficiales pudieran mantener sus privilegios y estilo de vida, aún después del fin del conflicto armado interno en 1996, según frecuentes denuncias documentadas de la diputada izquierdista Nineth Montenegro.

Esta lluvia de recursos a favor del Ejército, en abierta contradicción a los Acuerdos de Paz de 1996 que definen un nuevo papel de la institución, convino a Portillo para evitar que prosperaran varias arremetidas golpistas durante su administración, como él mismo reconoció.

Un hecho pudo ser determinante para que el alto mando desatendiera la orden presidencial y cerrara filas en torno a Ríos Montt, y es que un hijo del caudillo de 77 años es jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, el general Enrique Ríos Sosa.

Otra hija suya, Zury, es diputada al Congreso Nacional y permanece siempre a su lado en las sesiones parlamentarias pues también es integrante de la junta directiva.

Ríos Montt, ex jefe de un gobierno de facto entre 1982 y 1983, negó que la dirigencia del FRG haya organizado la protesta y sostuvo que se trató de una acción espontánea de sus simpatizantes.


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