Panamá, 22 de julio de 2003
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Jované vs. el Gobierno

Rubén Darío Paredes

He podido observar a prestigiosos comentaristas, alguno con pose y clara actitud de ser dueños absolutos de la verdad, censurar con ligereza la gestión del director de la Caja del Seguro Social, Prof. Juan Jované. Las críticas severas contra éste se acentuaron recientemente al coincidir con la crisis que lideraron los pacientes con problemas renales crónicos, aferrados y dispuestos a defender sus últimos "retazos de vida", que apenas les resta por vivir; y el paro de labores -durante 10 días- del personal administrativo de la CSS, como consecuencia de una disputa frontal y decidida contra el contralor general de la República, en procura de rescatar los recursos del presupuesto de la Caja, secuestrados por el contralor, Lic. Alvin Weeden, en flagrante violación de la ley de autonomía de esta institución. Si la presidenta Moscoso no hubiese intervenido para aliviar la crisis de los pacientes renales, quizá dicha confrontación hubiese derivado contra el orden público, debido a que fue evidente el apoyo humanitario y cívico de la ciudadanía, en un gesto hermoso a favor del justo reclamo de estos paisanos enfermos. Allí el contralor no tuvo otra alternativa que acatar las órdenes de la mandataria, bajar la guardia y retirarse. Este hecho confirmó que la reiterada expresión de nuestros políticos, sobre la existencia de la "separación de los tres poderes del Estado panameño", no es otra cosa que un comodín político y una fantasía; más bien un embuste y vicio crónico centenario, el más antiguo que con indiferencia colectiva arrastra la República. Los contralores siempre serán políticos partidistas con sus preferencias e inclinaciones al servicio del gobierno de turno, y no del Estado panameño como debería de ser. Por ejemplo, ¿qué reacción de celo por el patrimonio nacional hemos observado del contralor frente al acto de corrupción institucionalizada, en el caso de la subasta encubierta y muñequeada de la casona de Punta Mala? ¡Ninguna reacción! ¿Puede el contralor demostrar ante auditores privados, que los dineros con que remodelaron y subastaron esa casa, no salieron de la famosa partida secreta de la Presidencia y que la verdadera subastadora es la Sra. Moscoso? Los comentaristas a que me referí, ¿por qué no le han preguntado al canciller y al contralor, cómo pudo haber ganado el embajador en Grecia, Sr. Moscoso, más de 600 mil balboas para comprar la casona? ¿Envió el contralor sus auditores al Consulado de Pireos? ¡No! Sin embargo, el contralor ha desatado todas sus energías y furia fiscalizadora más que a la CSS, ¡contra Juan Jované!, al extremo que todo indica que los comentarios y señalamientos contra éste, que esgrimen estos periodistas, con muy pocas dudas se originan en la propia Contraloría.

Bueno, ¿y de qué se le acusa al Prof. Jované? ...Que aumentó la planilla en 2 mil funcionarios; que es comunista, está rodeado y es prisionero de figuras y agentes del Partido del Pueblo; que es sandinista, talibán, etc. Debo preguntarle a la conciencia nacional, ¿por qué el contralor no puso empeño para detener el crecimiento de la planilla del Gobierno central de 11 mil funcionarios adicionales, nombrados estos últimos años? Sencillamente, porque él actúa más como gobiernista que como contralor. Pocos son los que reconocen públicamente la incorporación al sistema de la CSS, de dos hospitales modernos, el San Judas Tadeo y el Americano, este último para atender a los niños enfermos. Además del hospital de Aguadulce, con el quirófano más moderno del interior del país. ¡Por favor, tenía que nombrar personal especializado y administrativo para echar a andar semejantes infraestructuras! Quien pueda señalar al director Juan Jované de corrupto, nepotista o botellero y que tiene empresas encubiertas para vender medicina a la CSS, que lo diga públicamente o al procurador. Los comentaristas, ¿por qué no desarrollan una campaña que permita que las cuantiosas reservas de fondos de la CSS se puedan colocar en la banca privada con reaseguros, donde se obtendrían mayores intereses o réditos a favor del asegurado? ¿Por qué el Banco Nacional usa las reservas del Seguro para hacer negocios y se queda con los mayores porcentajes de las utilidades, sacrificando a los asegurados, verdaderos dueños del capital? Nunca he cruzado un saludo con el ciudadano Juan Jované, sin embargo, a la distancia lo percibo como inteligente, consagrado y honorable. Con un macro problema por resolver sobre sus hombros, muy cierto, va a necesitar mucha ayuda para resolverlo, y para ello quizá debería acercarse al grupo Visión Panamá 2020, PNUD, facultades de administración pública, etc. Su única debilidad, o a lo mejor allí radica su fuerza, es que es demasiado ingenuo y sano para batirse en un ambiente tan colmado de depredadores.

El autor es ex ministro de Estado

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