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Entre el ‘juega vivo’ y Kafka
La ciudad de Panamá es víctima de
dos fenómenos: el juega vivo de los ciudadanos y la ineficacia
institucional
LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com
LA PRENSA/Víctor
Arosemena
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A pesar del alegato de los constructores
de que solo se trata de un muro, las ventanas y el techo
sugieren otro uso para el espacio construido fuera de la
línea de construcción.
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El pasado mayo, la Dirección de Obras y Construcciones
Municipales recibió una denuncia sobre una obra en el área
industrial de Costa del Este.
Para el denunciante, la razón de su queja
era obvia: se estaba violando la línea de construcción.
Lo que no se sabía, era que los intrépidos propietarios
ni siquiera tenían permiso de construcción. ¡Cosas
del trópico!
Los inspectores municipales fueron al lugar, constataron
que los encargados de las obras no poseían permiso de construcción,
por lo que procedieron a hacer una boleta de citación a
nombre de Celebece International, S.A. En el expediente, que reposa
en la Dirección de Obras y Construcciones Municipales, aparece
también citado Jacobo Pérez.
Unos días después, y sin que los responsables
de la construcción acudieran a cumplir con la citación,
los inspectores municipales regresaron al lugar y, al comprobar
que la construcción continuaba, expidieron un Auto de Suspensión
de Obra con fecha del 22 de mayo del 2003.
Los dueños de la construcción continuaron
desatendiendo los requerimientos de la Dirección de Obras
Municipales.
El 10 de junio se hizo otra visita oficial al lugar
y se determinó que, además de la ausencia de permisos,
la obra estaba violando la línea de construcción.
En esta ocasión, la citación se hizo a nombre de
Jacky Ayoros.
Como los responsables no han comparecido ante las
autoridades, el ingeniero municipal Isaías Bonilla envió,
el pasado 11 de junio, el expediente a la corregiduría de
Parque Lefevre, para solicitar el apoyo de la autoridad de policía
correspondiente.
Cuando finalmente los responsables sean notificados
y se emita una resolución, empezará un proceso legal
que puede llegar hasta la Corte Suprema de Justicia y demorar varios
años. ¿Kafkiano, no?
Este típico caso de “juega vivo citadino”,
es solo uno de los múltiples ejemplos de abierta violación
a los normas municipales y nacionales en materia de construcción,
aceras, áreas verdes o disposición de basura que
se producen impunemente en Panamá.
La cadena de violación a los procedimientos
es larga y empieza con un propietario que desea construir una casa,
un edificio, un anexo, una terraza o un muro. Si encarga la obra
a un constructor profesional y la obra viola alguna de las normas
de construcción vigente, no son pocos los casos en que el
constructor –quien está en obligación de conocer
las normas vigentes en materia de construcción– decide
mirar para el otro lado y complacer a su cliente.
Solo será posible detener la violación,
si alguna parte interesada pone a mover el lento e ineficiente
sistema, o si los siempre escasos inspectores detectan la arbitrariedad.
De todas formas, el proceso será largo e invariablemente
injusto.
Sistema kafkiano
El sistema vigente no funciona; al menos para quien
se enfrente a los múltiples casos de abusos ciudadanos.
La ciudad está llena de ejemplos. Veamos
uno de ellos.
El 25 de abril del 2002, los propietarios de una
residencia ubicada en Calle 61 Obarrio obtuvieron un permiso de
construcción para “demoler una pared, abrir un vano
de 3.78 m2 y colocar una puerta de hierro en ese mismo sitio”.
El 26 de septiembre se presentó una queja
ante la instancia municipal, debido a que, en realidad, se estaban
construyendo unos locales comerciales en un área catalogada
por la Dirección General de Desarrollo Urbano del Ministerio
de Vivienda como de baja intensidad (R1-A).
El 25 de octubre, la Dirección de Obras Municipales
confirma lo denunciado, y establece que “se ha podido constatar
que en dicha residencia de propiedad del Sr. Jovito Salceda Paradela,
se llevaban a cabo trabajos consistentes en el acondicionamiento
de esta misma residencia para albergar aparentemente cuatro locales
para el uso de oficinas”.
Los vecinos afectados presentaron en noviembre del
2002 una solicitud de suspensión de obra alegando que “los
denunciados han violado las normas de zonificación urbana
... y que amparados por un permiso de construcción otorgado
para otros fines, están construyendo un anexo de cuatro
oficinas, que ocupa más del 50% del área total de
lote y que no respeta el retiro lateral de 2.5 metros, y que por
ser una obra completamente distinta a la autorizada, modifica seriamente
el carácter urbano del área, afectando la calidad
de vida y la inversión de las fincas vecinas”.
Como consecuencia, la Dirección de Obras
Municipales dictó la suspensión de la obra en enero
de este año. Sin embargo, los interesados apelaron y hasta
hoy el expediente se encuentra sin resolver en la Alcaldía
de Panamá.
Cuando esta etapa se cumpla, podrán acudir
a la Gobernación y luego a la Corte Suprema de Justicia.
Mientras, ya los locales comerciales terminaron de construirse
e, incluso, alguno de ellos está ya siendo utilizado. Otra
vez, cosas del trópico.
Juega vivo refinado
Como parte de esta investigación, La Prensa
visitó el área de la construcción ubicada
en el Parque Industrial de Costa del Este. Preguntamos por alguna
persona responsable, pero nadie admitió serlo.
Del edificio vecino salió una persona que
nos pidió acercarnos y, después de decirnos que sabía
que habíamos estado en el Municipio investigando el caso
pasó a defender a “su vecino”.
Según explicó, negándose siempre
a darnos su nombre, “se trata de una injusticia y un caso
de persecución antisemita”.
Sobre la construcción propiamente dicha,
después de llamar a una persona que identificó como
Hugo Alcázar y supuesto responsable por parte de la empresa
constructora Pleco Internacional, S.A., el “vecino” afirmó que “la
obra era legal”, pues se trataba solo de un muro perimetral
o cerca de concreto a la que tenían derecho.
Según el vocero oficioso de los desconocidos
dueños de la obras denunciadas, el muro estaría cubierto
por un techo llamado “cantilibre”, al que “también
tenían derecho”. Si de la unión de estas dos
estructuras se producía un local comercial era pura casualidad.
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| La construcción suspendida en el área industrial
de Costa del Este viola abiertamente la línea de construcción. |
El misterioso personaje insistió en que
se trataba de una “persecución antisemita”, ya
que en el sector había otros casos similares a quienes se
la había permitido la violación por no ser judíos.
La Prensa hizo un recorrido por el lugar, sin encontrar
casos de tanta gravedad. Sin embargo, sí se han producido
violaciones a la línea de construcción en dos casos
más: en uno de los laterales de las Empresas Gago –donde
han instalado unas especies de trailers, y en una garita en el
edificio de Grupo Dorians. Nada más.
El caso descrito es perfecto para ilustrar hasta
dónde son capaces de llegar los propietarios y constructores
en su afán de lograr más espacio privado, sin la
menor consideración al espacio público y a la naturaleza.
Y esta, como acabamos de ver en Arraiján, termina vengándose.
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