Cuna de ballenas, en peligro
Panamá, lugar de alumbramiento para un gran número de ballenas, está apoyando los países que las cazan, cuando puede utilizar este hecho biológico para promover el avistamiento de estas
SOFIA K. DE KOSMAS
skosmas@prensa.com
Si la legendaria ballena en la película Free Willy pudiera hablar, probablemente preguntaría por qué Panamá apoya los países que defienden el levantamiento de la veda de estos cetáceos en vez de promover un turismo de avistamiento.
Esa es la misma pregunta que se hacen los conservacionistas panameños de la Asociación Verde de Panamá (ASVEPA), la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) y Greenpeace Internacional, entre otros.
La controversia por estos cetáceos se agudizó después de que el pasado 16 de junio la Comisión Ballenera Internacional (CBI o IWC en inglés), reunida en Berlín, Alemania, aprobara una resolución que aumenta la protección a las ballenas. En ese encuentro, Panamá apoyó el voto de los países miembros que continúan matando un potencial recurso ecoturístico para nuestro país. De hecho, Nueva Zelanda, Alemania, y Gran Bretaña han acusado públicamente a Panamá de haber sido "comprada" por Japón, uno de los principales cazadores de ballenas en el mundo.
La estrecha relación entre ambos países respecto a las ballenas, surgió cuando Panamá ingresó -financiada por Japón- a la CBI en 2001.
Desde entonces, cuenta Gabriel Despaigne, presidente de ASVEPA, la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), entidad representante panameña ante la CBI, ha mantenido la posición de apoyar la cacería de ballenas, y en la más reciente reunión de la CBI, de objetar la creación de dos santuarios balleneros propuestos en lo que se conoce como la "Iniciativa de Berlín" de 2003.
Negocio frente a conservación
La CBI, creada en 1946, es el organismo encargado del manejo de las poblaciones de ballenas en todo el mundo. A pesar de que desde 1986, la CBI ha prohibido la caza comercial de ballenas y permite la caza limitada para propósitos científicos, la carne de ballena termina servida como suculentas entradas en los países consumidores.
Históricamente, Japón, Islandia y Noruega mantienen un mercado consumidor de ballena, que, en conjunto, acaba con más de 700 ballenas anualmente.
De las 39 especies de cetáceos existentes, 12 se encuentran en peligro de extinción. Dos de ellas están casi extintas: la ballena gris del Pacífico Noroeste y la ballena franca boreal, y algunas que no se recuperarán, como la ballena azul.
En este último encuentro de la CBI, 25 de los 50 países miembros aprobaron un proyecto que crea una comisión conservacionista de ballenas.
Pero Japón y Noruega exigen la reapertura de la caza de ballenas, en áreas protegidas y se oponen a la creación de más santuarios. Estos países amenazaron con abandonar la CBI y dejarla inoperante si se prohíbe la caza totalmente.
Estos países cazadores de ballenas alegan que la cacería es necesaria para controlar la "sobrepoblación" de cetáceos que provocará que estos animales mueran por falta de alimentos, sin mencionar el golpe que ocasionaría a la industria pesquera. Esta es también la posición oficial de la AMP, según lo ha publicado
La Estrella de Panamá.
Los expertos consultados aclaran que no existe tal amenaza de sobrepoblación.
Santuarios: una protección rentable
Hasta la fecha, hay santuarios de ballenas en el océano Indico, el Santuario Ballenero Austral, en Antártida, y el más recientemente creado es el de México. En estas áreas protegidas se prohíbe terminantemente la caza de cetáceos y se promueven investigaciones y estudios ambientales. Los expertos también sostienen que los santuarios balleneros promueven el turismo de avistamiento de ballenas, el cual se ha convertido en un recurso millonario para los países que han optado por crearlos, como Argentina, que genera unos 60 millones de dólares al año.
En 87 países, el turismo de avistamiento de ballenas atrae a unos 9 millones de personas, lo que suma unos mil millones de dólares anualmente en los santuarios balleneros, según Greenpeace.
Líder Sucre, director ejecutivo de ANCON, reveló que la veda implementada desde 1986, le ha permitido a Panamá incrementar sus avistamientos de ballenas en diferentes lugares y convertirse en un atractivo turístico. Las ballenas nadan a Panamá procedentes de Norte y Suramérica para parir en aguas cálidas.
Estos sitios incluyen el Parque Nacional de Coiba, Taboga y el Archipiélago de las Perlas.
"Panamá no es un país ballenero, no es un país que lucra de la cacería de ballenas", comenta Sucre- "pero sí se puede beneficiar del avistamiento de mayor cantidad de ballenas en nuestras costas", agrega.
Los defensores de la cacería plantean que la sobrepoblación de ballenas afectaría el tránsito de los barcos que crucen el Canal. Sobre esto, el presidente de ASVEPA explicó que el tránsito de ballenas no afectará las embarcaciones ni perjudicará los intereses comerciales.
VEA 7B
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