Panamá, 21 de julio de 2003
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¿Más pobreza extrema?

Subestimar a estos cazadores profesionales del voto popular, cuando están ejerciendo el poder, es poner voluntariamente la cabeza en el cadalso

Mario Velásquez Ch.

No habrá aquí referencias a niveles de ingresos o capacidad adquisitiva. En materia de comportamiento electoral, también somos muy pobres. Por regla general, desde 1903, los períodos electorales han sido verdaderos calvarios para la honestidad y el buen ejemplo ciudadano. Hoy, algunos quieren repetir la historia. Hay que identificarlos.

El candidato del Partido Arnulfista ya anunció que su meta real es derrotar al PRD con los métodos clásicos. El colectivo de gobierno, con su conducta diaria, clama por un enfrentamiento verbal, vacuo, ofensivo y descalificador, que busca imponer la discusión intrascendente sobre el dialogo sustancial. Su actuación menosprecia a esta sociedad, especialmente en su intento por superar las taras de una Nación atrasada y "tropical". Esta es la conclusión más importante de la lectura de los lesivos hechos escenificados en torno a la selección de su candidato presidencial. Los arnulfistas, "convencidos" que domésticamente Panamá sigue siendo una banana republic, repudian la responsabilidad educativa en las prácticas políticas. Piensan que se trata de un vehículo para imponer su voluntad y para conservar el más vulgar clientelismo como mecanismo efectivo de captación del voto.

En un país con nuestras tradiciones, subestimar a estos cazadores profesionales del voto popular, cuando están ejerciendo el poder, es poner voluntariamente la cabeza en el cadalso. El Ejecutivo no escatimó esfuerzos para controlar al Legislativo y al Organo Judicial. Hizo ganar a su candidato, se quedó con Punta Mala, tiene aterrorizados a los magistrados del Tribunal Electoral, no siente el peso de la oposición, y, para que no haya sorprendidos, ya advirtió que haría proselitismo. ¿Alguien cree que Mireya no está convencida de que puede ganar otra vez?

Endara, otro arnulfista, encubre su pasado con perfume ambiental. Además de propuestas disparatadas, como el referéndum para la CSS y meter a la cárcel sin juicio, oculta que luego de tomar posesión en una base militar estadounidense y bendecir a las tropas invasoras, recibe más de 400 millones de dólares pertenecientes al Estado panameño, retenidos ilegalmente por Estados Unidos en virtud del famoso embargo. Pero ni así facilitadas las cosas pudo eliminar los neurálgicos padecimientos nacionales. Su gestión coincide con el sistemático deterioro de la seguridad ciudadana. Imposible olvidar el acto de alta traición cometido al pedir la intervención de tropas extranjeras en diciembre de 1990. Ni que la crisis económica que heredó, dependía exclusivamente de un marasmo político fabricado. La saga de las privatizaciones empezó por su iniciativa, proponiendo que se hicieran al 100% en el caso de las telecomunicaciones y la electricidad.

Distinto es el sonido que producen las visitas de Martín. Sus intervenciones no persiguen hacer alboroto ni la gresca partidista. En agosto de 2001, el PRD actualizó sus prácticas electorales en un Congreso que tenía ese único propósito. Martín impulsó dicho proceso. Martín respeta al pueblo, no hace publicidad engañosa, combate la estrategia de la mentira y no estira el hambre de nuestra gente. No hay más oposición que Martín. Solo Martín impide el continuismo, ya sea el confeso de Alemán o el disfrazado de Endara.

¿Y respecto a las intenciones de convertir a Panamá en un gigantesco supermercado? El país no es una empresa privada. Un empresario sabe crear empleos, así como destituir injustificadamente. La ley define al trabajador como la parte débil de la relación laboral. Panamá, ¿un gran Ministerio de Trabajo y conflictos interminables? Otra equivocación puede ser fatal.

El autor es abogado

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