Panamá, 14 de julio de 2003
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TIERRAMERICA

Protegen la historia que yace bajo el mar

Panamá es el primer país del mundo en ratificar la Convención de la UNESCO sobre la Protección al Patrimonio Cultural Subacuático

Pilar Franco
TIERRAMERICA

TIERRAMERICA/Claudio Contreras
Desde la profundidad del cenote
MEXICO.- Los restos del pasado que yacen en el fondo del mar en Panamá están ahora incluidos en una ley que protege el patrimonio histórico de ese país, destinada a reconocer el valor de la arqueología subacuática y a cerrar el paso a los buscadores de tesoros.

La Asamblea Legislativa panameña incorporó el 30 de junio los tesoros subacuáticos en la categoría de patrimonio nacional, una buena noticia para los arqueólogos que buscan divulgar la riqueza cultural sumergida en mares, lagos, ríos y manantiales.

La zona declarada arqueológica, un área de 30 mil kilómetros cuadrados en los océanos Pacífico y Atlántico donde hay concentración de bienes subacuáticos, alberga vestigios de decenas de galeones de las armadas de España y Portugal, que surcaron los mares en el período colonial.

La nueva norma deroga decretos que permitían al gobierno negociar con empresas privadas acuerdos para realizar rescates de tesoros, explicó a Tierramérica el director de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura (INAC), Carlos Fitzgerald.

Aunque el marco jurídico anterior prohibía permisos de rescate que violasen convenios internacionales de protección del patrimonio arqueológico subacuático, los decretos ahora caducos abrían resquicios a la actividad de buscadores de tesoros, explicó el funcionario.

Las tareas de búsqueda e investigación del patrimonio cultural bajo el agua deben ser realizadas sólo por especialistas y con fines científicos, puntualizó Fitzgerald.

Ese país es el único que ha ratificado la Convención de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) sobre la Protección al Patrimonio Cultural Subacuático, aprobada en 2001 y que requiere la adhesión de otros 19 Estados para entrar en vigor.

Para Pilar Luna, una de las pocas arqueólogas subacuáticas especializadas en Mesoamérica, es un logro que al menos un país haya ratificado la convención casi dos años después de haber sido firmada.

En los 23 años que ha dedicado a esta disciplina, sobre todo en México, que posee más de 10 mil kilómetros de litoral marítimo, las riquezas sumergidas han revelado muchos secretos, dijo Luna a Tierramérica.

Por ejemplo, un atlas en elaboración desde 1999 para el estudio de los cenotes -depósitos de agua manantial- y cuevas sumergidos en la sudoriental península de Yucatán, asiento de la civilización maya, permitió hallar vestigios de fauna extinta, como el mamut, y de actividades humanas de 10 mil años de antigüedad.

Sin embargo, "en el lecho marino subsisten aún innumerables capítulos de la historia que están deseando ser contados", señaló Luna, subdirectora de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Esta disciplina, que requiere de un esfuerzo multidisciplinario, procura desentrañar el pasado de la humanidad a través de los objetos, que son estudiados para conocer a quienes los fabricaron, usaron, perdieron o desecharon.

A 40 metros de profundidad en un cenote o a 300 metros dentro de una cueva subterránea, los arqueólogos buzos afrontan severas condiciones de trabajo: disponen de poco tiempo para permanecer en un sitio, su visibilidad es limitada y enfrentan la amenaza de animales peligrosos o corrientes acuáticas.

Además de recurrir a ciencias afines, el arqueólogo buzo debe emprender su aventura acuática provisto de dobles tanques, rieles, luces, brújula, manómetro, cinta métrica y hasta lápiz y papel especiales para tomar notas bajo el agua.

"Y uno de nuestros principios es recopilar la información en el lecho marino evitando excavar, que suele ser sinónimo de destruir", según Luna.

Por ahora, en Panamá no hay arqueólogos subacuáticos. Sin embargo, la nueva legislación alentó la búsqueda de recursos financieros para emprender el que sería el mayor proyecto en la materia: rescatar los restos de una de las presuntas carabelas del cuarto y último viaje de Cristóbal Colón a América, dijo Fitzgerald.

*La autora es colaboradora de Tierramérica. (Para mayor información, visite el sitio web, www.tierramerica.net ).


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