Raíces
La Chorrera
Harry Castro Stanziola
Fotografías: Todos los derechos reservados
por R.
López
Arias
revista@prensa.com
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Quién iba a pensar que 70 u 80
años más tarde, esta fila de bohíos o casas de paja comunicadas
o separadas por una amplia explanada quedaría transformada
en otra hilera sí, pero ahora de casas exclusivamente de
sólidos materiales las cuales albergan un apretujado lugar
de los más variados comercios, tales como almacenes, supermercados,
bancos y de otras expresiones comerciales. Además de que
la verde explanada es hoy una arteria que es parte de lo
que se conoce como la Carretera Panamericana. Caminar por
ese lugar hoy a las horas que usted escoja, es tener que
abrirse paso a través de una abigarrada multitud que alimenta,
con su capacidad de compra, el mantenimiento de tantas
diferentes actividades pecuniarias. La Chorrera es hoy
ya mucho más de lo que se conoce como una ciudad dormitorio.
Si se quiere, allí no se a va roncar. Se va a participar
en ese impresionante movimiento de autos, buses, transportes
de carga que invaden a sus dos principales avenidas y carreteras. ¡Qué lejos
está todo aquello de aquella calma e inmovilismo que distinguía
a La Chorrera hace ya muchos años! Que siga creciendo sana
y ricamente son los mejores deseos que le envía con admiración, "Raíces".
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La Chorrera es una población, que hoy, con mucha razón,
se puede llamar ciudad, y la cual posee muchas facetas de gran interés. Como
primera medida, anotemos su gran crecimiento y actual expansión territorial.
El área oeste de la capital en la cual se incluye no sólo a La Chorrera, sino
a su vecina Arraiján, son dos de los conglomerados humanos que más han crecido
en los últimos años. Puede que el todo se ha debido a su proximidad con la
capital, pero el fenómeno es digno de consignar. El último censo poblacional,
realizado en el año 2000 dio a La Chorrera una población de 124 mil 655 habitantes
y a Arraiján 149 mil 918, pero es en el primero de estas dos poblaciones mencionadas
en donde, a su vez, pareciera observarse un mayor desarrollo comercial. La
Chorrera es hoy una dilatada avenida parecida en el número de almacenes, bancos
y toda clase de compañías a la central capitalina. Eso, sin contar con que
sus alrededores también se han agigantado una barbaridad. En 20 años casi
que duplicó su población.
En segundo lugar el desarrollo histórico de ella, también es digno de mencionar. Existen menciones escritas en las que se señala que el gobernador español Sancho Clavejo ya había fundado un poblado en el mismo sitio que hoy ocupa La Chorrera actual, y en donde para la fecha anotada vivían 700 indígenas. En ese mismo siglo XVI también se habla de una dama española muy rica que respondía al nombre de Juana Bautista de la Coba que asentó sus reales en una hacienda que bautizó como El Caimito. Ella, viendo cercano el final de su vida, vendió, o mejor dicho, regaló por 200 pesos de la época todo aquello, y regresó a morir a su tierra natal. Después, el 12 de septiembre de 1855 ya lo que se conocía como La Chorrera, fue erigido en distrito, el cual cuenta actualmente con 18 corregimientos conocidos como Amador, Arosemena, Barrio Balboa, Barrio Colón, El Arado, El Coco, Feuillet, Guadalupe, Herrera, Hurtado, Iturralde, La Represa, Los Díaz, Mendoza, Playa Leona, Santa Rita y Puerto Caimito.
La Chorrera es también poseedora de un folklore musical y danzante muy rico. Famosas son sus danzas de los Parrampanos, que, se ha dicho, se originaron como una forma de criticar los malos manejos municipales muchos años atrás. Pero también existen la danza de los mantúes y la del toro galán además de varias en que participan diablos limpios y demás.
Chorrera es famosa por la calidad y cantidad de sus piñas. Su industria avícola es digna de la mayor consideración. Y, ¿quién no ha probado su extensa cantidad y variedad de los que conocemos como bollos y que allí se elaboran con los nombres de los de sal, de coco, de dulce, de manteca de puerco? Las tortillas hechas con los mismos alimentos y su famoso chicheme bien espeso y endulzado con miel y raspadura.
La Chorrera y sus distritos ya enumerados poseen su himno y su bandera. Lo que sí creo que todo el mundo en Panamá extraña es su famoso chorro, que llegó a ser en las primeras décadas de este siglo, y de seguro que antes, uno de los paseos capitalinos más populares, siempre y cuando uno fuera en grupo, ya que el estar solo debajo de la caída del agua transmitía una sensación de peligro y soledad no muy agradable que digamos.
ACOTACIONES
El buen amigo y colaborador de esta página, el doctor Aristides Royo, y como si fuera poco ex presidente de la República (oct. 11/1978 a julio 31/1982), nos llama para decirnos que en sus mocedades él frecuentaba la Zapatería Panameña cuya fotografía apareció en Raíces de hace dos semanas. Añade que el negocio citado estaba en la Plaza de Santa Ana y no en la de Arango. Nosotros sacamos ese dato de un anuncio comercial de la época; que su verdadero propietario lo fue don Gerardo Méndez Pérez a quien tuvimos el placer de conocer. Gracias una vez más.
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| Esta fotografía data de la década
de los años
20 del siglo XX. La Chorrera era una comunidad aislada, a la cual,
desde el interior o desde la capital, sólo se llegaba por barcos
de mar, más bien de tonelaje
pequeño. Luego el presidente Porras creó la Junta Central
de Caminos que tuvo su epicentro en Aguadulce de donde partían
las carreteras que comenzaron a comunicar las poblaciones interioranas.
Prácticamente, lo que
aparece aquí se
puede considerar como una simple trocha, pero significaría la
futura conexión con las comunidades circunvecinas. Hoy es raro
ver aquellas iniciales y estrechas vías, las cuales han dejado
paso a una amplia red de autopistas o de vías lo suficientemente
anchas para mantener expedito el constante movimiento de carga
y de pasajeros. Físicamente, Panamá ha evolucionado muy
favorablemente. A ver si a partir de este parrandero y folclórico
Centenario, –aún cuando con ciertas excepciones– logramos
entre todos construir un país más democrático, honesto
y con oportunidad igual para los que aprendan, trabajen y vivan
a la medida de lo que producen, pero sin que existan grandes necesidades
o los absurdos derroches que nos abochornan todos los días. Si
de algo ha de servir este Centenario es para que nos tengamos que
separar de algo pero de todo lo que sea indeseable para el futuro
de esta nación. |
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