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En la cárcel, una nueva ventana

Además de adquirir conocimientos básicos de informática, las detenidas aprenderán a reparar computadoras

Marta Ferrer
mferrer@prensa.com

Durante el curso, las internas del Centro de Rehabilitación Femenina aprendieron a usar el procesador de palabras, la hoja de cálculo, las presentaciones y el navegador de internet.
Todos hablaron muy bien del programa. Tanto la directora de la cárcel, como la profesora de universidad y la coordinadora que lo llevó acabo. Pero no era lo mismo escucharlo de la boca de las internas.

"Una computadora aquí: wow. Eso me desestresa, me anima, me siento en comunicación. Porque es otro mundo acá adentro, y con una computadora siento que estoy por lo menos un pasito afuera", confiesa Mitzi, de 22 años de edad, quien lleva ya dos años en el Centro de Rehabilitación Femenina.

A Mitzi no había que hacerle muchas preguntas. Se le había iluminado el rostro y tenía mucho que decir. Estábamos hablando de la "infoplaza educativa", un proyecto que ha implementado la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT) en la cárcel de mujeres. Se trata de la habilitación de una docena de computadoras donadas que han puesto a disposición de las detenidas, a quienes han capacitado también para que puedan darles uso.

Explica Kathia Hart, coordinadora del programa por parte de SENACYT, que la idea surge de una visita que hizo a la cárcel Gonzalo Córdoba (director de la secretaría) junto con otros funcionarios.

"Allí se planteó la posibilidad de apoyar a esas mujeres para que aprendan, o logren capacitarse en algunas áreas, para que cuando salgan a la sociedad nuevamente puedan de alguna manera ser útiles", dice Hart. "Porque el problema es que muchas de ellas están allá adentro por muchos años y las habilidades que tenían probablemente las pierdan".

Muchas tenían ya los conocimientos básicos; otras empezaban desde cero. El curso que tomaron compromete la primera de tres partes y les enseñó a utilizar el procesador de palabras de Word y la hoja de cálculo de Excel, a hacer presentaciones en Power Point (Microsoft contribuyó con las donaciones) y a navegar internet, entre otras cosas. En realidad, por cuestiones de seguridad, no estuvieron literalmente conectadas a la red. Eso hubiera sido demasiada libertad. Lo que usaron fue un simulador que brindaba una experiencia muy similar a la de una conexión de verdad.

Fueron 20 las internas que participaron de este seminario, y muchas más quieren participar en el futuro. De hecho, según Marta Navarro, directora del Centro de Rehabilitación Femenina, tienen un listado grande de mujeres en espera de que se abran los nuevos cursos.

"Por estar acá privadas de la libertad, ellas acogen o se aferran a cualquiera actividad. Esto es una fórmula para subir la autoestima... Es una manera de proyectarles de manera indirecta no solamente lo que es el aprendizaje, sino el hecho de que allá afuera la sociedad las está tomando en cuenta", sostiene Navarro.

Al terminar el curso, les organizaron a las participantes una ceremonia de graduación en la cual se entregó a cada una un certificado. Eso contribuyó con que todo fuera aún más significativo, opina Hart. "En situaciones como esa, ese tipo de incentivo o de motivación realmente hace la diferencia", añade.

Por otro lado, para los instructores del curso, la experiencia también fue muy gratificante. Diez estudiantes del profesorado en tecnología informática de la Universidad de las Américas (UDELAS) ofrecieron sus servicios como docentes. "Yo tuve un problema muy grande en mi grupo porque ellos todos querían ir a conocer esa experiencia, pero no todos pudieron porque muchos trabajan", cuenta Cristina Vargas, la profesora a cargo de los estudiantes y quien sirvió de enlace entre SENACYT y UDELAS. Existía algo de temor al principio, pero desapareció una vez empezaron los cursos y llegaron a conocer a las internas. "Ellas se sentían tan tomadas en cuenta que pusieron el 100%", dice Vargas. Incluso llamaban a los profesores cuando estaban haciendo sus tareas para preguntarles qué hacer, añade.

"A veces criticamos muy fuertemente a la delincuencia... Pero nosotros tenemos que darles solución", comparte la profesora, quien espera que sus alumnos puedan seguir participando de las infoplazas educativas en el futuro. De hecho, ya tiene en la mira a otro grupo de benefactores: los ancianos. "¿Por qué no ir a los asilos y enseñarle a los viejitos a chatear?", se pregunta. Pero todavía no se ha hablado en concreto sobre el tema.

Entonces, volviendo a la cárcel de mujeres, la labor de SENACYT no ha concluido. Queda pendiente la segunda etapa del programa, en la que se les enseñará lo básico en cuanto a reparación de computadoras para que ellas mismas puedan resolver los daños básicos, en lugar de sentarse a esperar a un técnico. Pero, ¿reparar computadoras? ¿Eso no es muy complejo? Usualmente sí, pero en este caso no estamos hablando de reemplazar un disco duro, sino de procedimientos básicos. Cómo limpiar el ratón o cómo sacar un disquete atascado, por ejemplo.

Luego hace falta una tercera etapa, que consiste en darle cursos de metodología a aquellas que se destacaron en la primera fase. "Esto es con la intención de que ellas se conviertan en agentes multiplicadores dentro del mismo centro", explica Hart.

Ahora bien, no siempre estuvieron tan confiados del que programa funcionaría. "Al principio estábamos un poco ariscos porque no sabíamos cuál iba a ser la reacción. Sin embargo, todas tuvieron un excelente comportamiento. La participación durante las clases, la asimilación de los conocimientos fue muy buena", cuenta Hart. El día de la graduación -agrega- eran "las caras de las muchachas lo que a uno le causaba el mayor impacto".

Pero en fin, como ella misma dice, "una cosa es que yo lo diga y otra cosa es hablar con ellas".

Silka, de 35 años de edad, y quien tiene seis años de estar presa, explica la importancia que tuvo el curso para ellas. "Primero que todo nos abrió las puertas a nosotras que estamos aquí privadas de nuestra libertad", dice. Antes de ser detenida, Silka era secretaria, y por ende tenía ya cierta preparación en el manejo de computadoras. Pero, de igual forma, siente que este curso le servirá mucho a la hora de reintegrarse al mercado laboral. Además, dice que es positivo en el sentido de que las mantiene ocupadas, y con tanto tiempo en las manos, eso es esencial.

En el caso de Jessica, quién está cursando actualmente una carrera en derecho, todo esto le agarró de sorpresa. "Dentro de esta situación, yo nunca pensé que había tantas oportunidades para superarse", comenta. Incluso, Jessica, de 27 años de edad, describe el programa como una revolución. "Los detenidos en años anteriores no se podían superar y saber lo que es cómputo".

Para Mitzi, una de las cosas más importantes del programa es el hecho de que ahora se siente "en comunicación con el mundo". Le escribe cartas a sus amigos. Almacena más de 10 cartas por disquete y de alguna forma se las hace llegar, y así logra sentir que los tiene más cerca. "Es como si les hubiera mandado un email... Me siento feliz porque sé que cuando lo lean se van a reír, que se van a acordar de mí".

Mitzi considera que haber obtenido el certificado de SENACYT es un gran paso. "Cualquier cosa que nos enseñan aquí es buena. Te ayuda a olvidarte de que estás detenida, te ayuda como persona, te ayuda a tener conocimientos que jamás nadie te va a poder denigrar. La gente te puede señalar con el dedo, pero lo que uno tiene dentro del cerebro es mucho más".


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