Panamá, 13 de julio de 2003
 
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Impunidad secreta

Señores legisladores: con levantarse la inmunidad y otras buenas intenciones no basta, tienen la obligación y la necesidad de asumir un rol más activo y poner por delante el bienestar de la patria

Juan Carlos Ansin
drjcal@psi.net.pa

La corrupción no es una endemia propia de nosotros los panameños, desgraciadamente se trata de una epidemia que involucra al mundo entero. Es como una negra nube tenebrosa que poco a poco cubre todos los estratos sociales, pero solo tiñe a quienes moja. Este es casi un fenómeno cultural, un hecho cotidiano cuya existencia real damos por descontado. No se trata de un trozo de carne dejado a la intemperie o de un pedazo de metal oxidado cuya naturaleza se corrompe por un proceso biológico o químico. Se trata de aquello que pervierte los valores morales del individuo y de la sociedad en su conjunto.

El estudiante que compra un examen, el profesor que lo vende y el padre que a sabiendas da el dinero, integran algo más que una familia corrupta. La "untada" para conseguir una entrada preferencial a un espectáculo o el billete escondido en la gorra del agente, son costumbres y actitudes que pervierten las normas del debido respeto y las leyes que regulan una sana convivencia. Las hay más sofisticadas, como los "tranques" vehiculares. Reclamar por un derecho coaccionando a otros o, peor aún, socavando el derecho ajeno, es una forma corrupta de protestar. Cerrar calles en nombre de la corrupción lo único que hace es demostrar hasta dónde la percepción de esos derechos se ha corrompido.

Hoy hablamos de percepción de la corrupción como si se tratara de una vana sospecha y no de un hecho delictivo real. Esto se debe, creo, al poco civismo que se enseña en la familia y en las escuelas, y lo poco que se practica en la actualidad. Hace años, cuando éramos un tanto más normales, había toda una materia escolar que enseñaba a estudiantes y padres de familia los principios fundamentales de la instrucción cívica, de los deberes morales ciudadanos, de urbanidad y buenas costumbres. ¿Tales virtudes pasaron de moda o es que ya no son necesarias? Hablar de la percepción de un hecho corrupto no es más que un triste eufemismo que sirve tanto para encubrir al mal ciudadano como al cobarde que no se atreve a denunciar o hacer público un hecho incorrecto. No olvidemos que quien calla es tan corrupto como el que hace.

El caso CEMIS es paradigmático. Un legislador confiesa que fue sobornado y muestra públicamente el dinero. ¿Qué prueba se necesita para aplicarle a él y a todos los involucrados el Artículo 149 de la Constitución Nacional?

Artículo 149 "Cinco días antes del período de cada legislatura, durante ésta y hasta cinco días después, los miembros de la Asamblea Legislativa gozarán de inmunidad. En dicho período no podrán ser perseguidos ni detenidos por causas penales o policivas, sin previa autorización de la Asamblea Legislativa.

Esta inmunidad no surte efecto cuando el Legislador renuncie a la misma o en caso de flagrante delito.

El Legislador podrá ser demandado civilmente, pero no podrán decretarse secuestros u otras medidas cautelares sobre su patrimonio, desde el día de su elección hasta el vencimiento de su período".

A confesión de parte, relevo de pruebas. y marche preso. Se esgrime, sin ton ni son, como si esto fuera una virtud prosopopéyica, que unos legisladores -los buenos- se levantaron la inmunidad, mientras los otros -los malos- no lo hicieron. ¡Pamplinas y recórcholis con esos entecos! ¿Qué más flagrante que una confesión pública?

La Asamblea Legislativa como órgano del Estado, teniendo en cuenta el tremendo daño que esta denuncia ocasiona a las instituciones básicas del sistema democrático y al honor de la Nación, debiera ser la primera no solo en poner a los presuntos delincuentes en manos de las autoridades correspondientes, sino en auto-investigarse en sesiones -cierta y doblemente- extraordinarias, públicas y cristalinas, para que las dudas del voto secreto sean borradas de la percepción ciudadana. Ese malhadado voto secreto es otro de los graves errores que destruyeron a quienes de buena fe estaban dispuestos a ser investigados.

Señores legisladores: con levantarse la inmunidad y otras buenas intenciones no basta, tienen la obligación y la necesidad de asumir un rol más activo y poner por delante el bienestar de la patria y los sagrados Evangelios, ante los cuales ustedes juraron cumplir su cargo. Si no lo hacen, no solo serán percibidos como cómplices, serán perjuros y eso también es demandable, aunque la patria hasta ahora haya sido ciega, sorda y muda, y los santos Evangelios, por caridad cristiana, les terminen perdonando.

El autor es médico

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