El paraíso queda en Gamboa
Gamboa es un verdadero
paraíso para sus actuales residentes y por ello, están organizándose
para preservarlo
LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com
| LA PRENSA/David
Meza |
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Gamboa es una comunidad que todavía
guarda una relación armónica con la exuberante naturaleza
que la rodea.
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Participación ciudadana. Esa es la clave del
proceso en marcha para proteger el pintoresco poblado de Gamboa (perteneciente
a la provincia de Colón, pero a solo 30 minutos de la ciudad de Panamá),
de la comprobada tendencia panameña de cambiar la naturaleza por
cemento.
Gamboa, reconocido en el mundo del turismo
por la existencia en sus alrededores del Hotel Gamboa Rainforest
Resort, pasó a jurisdicción panameña en la década de los 80 del
siglo pasado, como consecuencia del Tratado Torrijos-Carter.
En esa época no existía la Autoridad de la Región
Interoceánica (ARI), por lo que el Ministerio de Vivienda asumió su
administración y las alquiló.
No es hasta principios de este año que la ARI empezó el
proceso de venta de las casas. Por ello, y teniendo en mente lo
que ha sucedido en lugares como Albrook o Balboa, los residentes
de Gamboa se han organizado para preservar lo que consideran no
debe cambiar.
La historia
Gamboa es desde 1936 la sede de la División
de Dragados del Canal de Panamá. Antes de esa fecha, no existen
mayores referencias históricas sobre el lugar.
Durante los días de la colonización española, Gamboa
no existía. Tres millas más arriba del río Chagres quedaba la población
de Las Cruces, donde los viajeros que atravesaban el istmo cambiaban
su medio de transporte -de botes a burros- en su camino a la ciudad
de Panamá.
El ferrocarril, construido en 1855, se utilizó al
margen oeste del Chagres, a través de las poblaciones de Matachin
y Gorgona (luego inundadas por el Canal), más o menos al frente
de lo que es hoy Gamboa.
Como un lugar de referencia en la construcción
del Canal, Gamboa (que es el nombre de un árbol) empezó a jugar
un papel importante durante los días de la construcción del canal
francés.
Finalmente, en el momento en que los estadounidenses
tomaron control del área en 1904, en Gamboa existía un puente sobre
el Chagres a la altura del actual poblado.
Al terminarse los trabajos del Corte Culebra y
de la represa Madden para el control de las inundaciones y el flujo
de agua, en Gamboa solo permanecía el viejo puente y algunas pocas
casas dejadas por los franceses.
En 1911, un comité de Panama Canal Comission recomendó establecer
un poblado en Gamboa, para albergar a los habitantes de Tabernilla
y Gorgona, poblaciones que serían inundadas con las aguas del Canal.
En ese momento, pasaron a vivir en Gamboa unas 700 personas; unos
200 empleados del "silver roll" del Canal (no blancos americanos)
y sus familiares. En ese momento no vivían estadounidenses en Gamboa.
En 1914, la población de Gamboa descendió a unas
173 personas. Había una estación de policía y algunas pocas casas
para familias trasladadas desde Emperador y Culebra. También se
construyeron barracas para los trabajadores solteros.
Durante esa época, la División de Dragados se encontraba
en Paraíso, y su traslado final a Gamboa se debió a la insistencia
de su entonces superintendente, John Claybourn.
Su lucha duró unos 13 años y se basó en que Gamboa
constituía un lugar más seguro que Paraíso, en caso de deslizamientos
en el Corte Culebra. Además, el traslado permitiría un mejor manejo
del tráfico por el Canal.
A pesar de su lógico razonamiento, no fue hasta
1933 que se produjo el traslado. Ese año, 252 personas fueron a
vivir a Gamboa, y de estas, solo 10 eran estadounidenses.
El primer gran grupo de familias pertenecientes
a la División de Dragados se mudó a Gamboa en 1936, produciéndose
un aumento de la población a 2,132 en 1938 y 3,853 en 1942.
Un documento de la Panama Canal Company Review,
con fecha del 4 de septiembre de 1953 y cuyo autor es C.Z. Angel,
hace la siguiente descripción: "A los gamboanos les gusta las avenidas
amplias (a las que se les bautizó con los nombres de oficiales
del Canal), como los Bulevares Morrow y Goethals... y creen que
en Gamboa las estrellas son más brillantes, la brisa más fresca
y la yerba más verde".
Un paraíso verde
Los actuales residentes de Gamboa piensan
de forma similar.
"Tenemos la fortuna de vivir en el paraíso y queremos
que eso no cambie", afirmaba con pasión Graciela, uno de los muchos
residentes de Gamboa involucrados en el movimiento de protección
que empieza a caminar con paso firme. Ella, su esposo Rodrigo Aybar -presidente
de la Junta Local y vocero de la comunidad en este proyecto-, Maye
Patiño -una de las primeras panameñas que hace 17 años fue seleccionada
por el Ministerio de Vivienda para que alquilara una de las casas
de Gamboa- y muchos otros residentes y propietarios están decididos
a lograr un estatuto de protección especial para el pintoresco
poblado.
Y no están solos. La organización internacional
Fondo Mundial para los Monumentos está colaborando para la elaboración
de un plan maestro de conservación y manejo de unos de los pocos
poblados canaleros que mantienen su carácter y personalidad original.
Desde su creación en 1965, el Fondo ha trabajado
con comunidades locales y entidades públicas para evitar la pérdida
de más de 300 monumentos importantes e irremplazables en más de
70 países.
El proyecto Gamboa cuenta además con la asesoría
técnica de "URBIO, Arquitectos y Planificadores", que agrupa a
profesionales panameños expertos en la materia, como Kurt Dillon,
Beatrice Stern, Alvaro Uribe, Pedro Cedeño y Almyr Alba.
Por lo pronto, ya se han llevado a cabo dos actividades:
una visita guiada por el poblado para identificar sus diferentes
componentes, y un taller de trabajo el pasado fin de semana con
la participación no solo de un gran número de entusiastas residentes,
sino también con funcionarios de la ARI, el Municipio de Colón,
el Ministerio de Salud, la Autoridad Nacional del Ambiente, el
Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, la Autoridad
del Canal de Panamá y el Instituto Nacional de Cultura.
El entusiasmo de los residentes de Gamboa es grande.
Saben que viven en el paraíso y no están dispuestos a perderlo.
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