Interpretaciones de un mundo desconocido
Eva Aguilar
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
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Cortesía del Museo
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Visitar el Milstein Hall of Ocean Life, sigue siendo una experiencia conmovedora, aunque los nostálgicos digan lo contrario.
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(Viene de la 1B)
La apertura del Milstein Hall of Ocean Life del Museo Americano de Historia Natural, con seguridad una de las instituciones científicas y educativas más reconocidas del mundo junto con el Museo de Historia Natural de Londres, coincide con la reciente aparición de una serie de informes científicos que apuntan a la rápida y grave destrucción de los ecosistemas marinos. Sin ir más los lejos, los resultados de un estudio publicado en la revista Nature en mayo pasado señalaban que las comunidades de grandes peces han disminuido en un 90% en los últimos 50 años, a causa del desarrollo de la pesca industrial. Mientras que el prestigioso investigador estadounidense y profesor de ciencias marinas Stephen R. Palumbi, tiene pendiente presentar al presidente de Estados Unidos un informe en el que aboga por la creación de más reservas marinas, que puedan servir como semilleros de las poblaciones de peces.
Si bien estos estudios son conclusiones corroboradas de problemas que los biólogos vienen anunciando desde hace muchos años, no parecen ser del conocimiento del común de la gente. Y en el museo lo han comprobado por sí mismos.
Para preparar la exposición del Milstein Hall, se hizo una encuesta entre los visitantes, con el propósito de conocer qué les interesaba saber sobre los océanos. De acuerdo con Melanie Stiassny, curadora principal de la nueva exposición, las respuestas fueron concluyentes: la gente tiene interés en conocer más acerca de la vida marina e incluso piensa que el océano es un lugar mágico, pero no sabe nada de él. Para la curadora, ello es una señal clara de que la mayoría de las personas, si bien pueden tener alguna idea de que la vida surgió en el océano, están convencidas de que luego todo se trasladó a la superficie terrestre.
"Otra interpretación errónea que se tiene es que el océano es esta cosa inmensa, homogénea y azul, y que como aparenta en la superficie, es toda igual".
Una interpretación que había que ayudar a desechar. De allí que el objetivo de las vitrinas que ahora exhiben los distintos ecosistemas, sea también mostrar la gran diversidad de formas de vida que hay en los océanos. Y el hecho de que en esa interrelación de vida y medio natural, también entra la presencia del ser humano.
"A pesar de que nuestra especie está asentada en la tierra, hemos dejado una enorme huella en el océano", dice la ictióloga. "Los humanos hemos tenido un impacto enorme en los océanos, quizás más del que hemos tenido en la superficie terrestre. Así es que también queríamos hablar de ello. Pero no solo decirle a la gente lo que le estamos haciendo a los océanos, sino por qué debería importarles".
Y para ello crearon "Critical connections", un apartado que forma parte de cada vitrina y que conlleva una mezcla de aporte informativo y un trazo de preocupación, y en el que se destacan como las mayores amenazas la sobrepesca, el calentamiento global, y la contaminación y deforestación, porque contribuyen al arrastre de desechos hacia el mar.
Fronteras
Si la gente necesita saber cómo es el océano y cuáles son sus dinámicas para entender sus problemas, a los científicos les ocurre un tanto de lo mismo. Y si en realidad para el común de la gente el océano es un lugar desconocido, no es que los especialistas sepan mucho más. Y eso, en la sala de los océanos, también es una verdad que se repite cada cierta cantidad de metros.
"Menos del 5% de las profundidades marinas ha sido explorado, y lo que se conoce es porque en realidad ha sido visto, no propiamente explorado", explica Stiassny, quien agrega que, aunque la búsqueda de conocimiento lo exija, también dejaremos una huella cuando lleguemos a los sitios que no se han podido alcanzar aún. Y es que la idea de que el océano es el último lugar salvaje del planeta, la última frontera, también es tema de discusión.
"El océano es una frontera de ignorancia, no es una frontera en el sentido de un lugar prístino que no ha sido tocado jamás".
Visitar el Milstein Hall of Ocean Life, sigue siendo una experiencia conmovedora, aunque los nostálgicos digan lo contrario. Al fin y al cabo, aprender es siempre una experiencia gratificante, y nosotros, habitantes del siglo XXI, deberíamos ser capaces de utilizar el conocimiento para pasar de la mera contemplación a acciones más concretas.
"Afortunadamente esa idea de que la naturaleza había sido creada para nuestro uso y estaba sometida al dominio del ser humano, ha cambiado y ya mucha gente ha dejado de pensar que podemos utilizarla como queramos", comenta la curadora. "Pero al mismo tiempo no somos tan inocentes como para no darnos cuenta de que tenemos que seguir viviendo en este mundo y alimentando a las poblaciones. Aunque lo que sí podemos hacer es causar menos daño. Y eso es lo que queremos alentar en la gente: utilizar los recursos de una forma sostenible".
La nueva sala deja claro su mensaje. Pero Melanie Stiassny aun le exigiría más.
"En realidad lo que quiero es que la gente se enamore de los océanos, porque esa es la forma en que logras que empiecen a pensar cómo pueden ayudar a conservarlos".
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