Allí donde todo empezó
La inauguración de la nueva sala de los océanos en el Museo Americano de Historia Natural coincide con una preocupación creciente sobre el futuro de las grandes masas de agua y de sus habitantes
Eva Aguilar
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
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Cortesía del Museo
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De esa mezcla ecléctica que constituía la antigua sala se conservaron y mejoraron la gran ballena azul y los dioramas, esas estampas de la vida marina en tercera dimensión
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NUEVA YORK, EU. -Que nadie te engañe. Aunque sientas el sol directamente sobre ti y tengas los pies en el asfalto, la vida no empezó donde estás ahora. Empezó en el agua y todas las demás especies que hoy existen en la Tierra, incluida la nuestra, evolucionaron a partir de allí.
Esta es la idea con la que empieza la nueva sala de los océanos del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, que reabrió sus puertas al público el pasado 17 de mayo, después de permanecer cerrada desde enero del 2002. Estos 16 meses han servido, no solo para limpiar, pintar y reestructurar, sino que ha sido tiempo suficiente para presentar al público una sala acorde con nuestro tiempo: todo un nuevo concepto que pone al conocimiento y a la conservación en lugares destacados.
Abierta por primera vez en 1933, la sala de los océanos fue concebida entonces siguiendo la idea que se tenía en el siglo XIX de que los recursos marinos existían para servir al hombre. En 1962 fue cerrada y tras varios años de remodelaciones, se reabrió nuevamente en 1969 con el nombre de Hall of Ocean Life and Biology of Fishes. El techo, que era de vidrio, había sido cubierto y los esqueletos de algunos mamíferos marinos que colgaban desde arriba habían sido sustituidos por un imponente modelo de ballena azul, que desde entonces se convirtió en uno de los símbolos más conocidos y queridos de todo el museo.
Al estrenarse hace dos meses el nuevo Milstein Hall of Ocean Life, rebautizada en honor a Irma y Paul Milstein, quienes aportaron 15 de los 25 millones de dólares que costó la renovación, muchos lamentaron que la ciencia y la tecnología invadieran de pronto una sala que hasta el momento había sido un lugar de confortable silencio y contemplación.
"La sala, como fue compuesta en los años 60, era un espacio mucho más acogedor y querido por los visitantes. Pero no te decía nada, ni te educaba; ni siquiera te inspiraba a pensar qué es lo que los océanos significan para la vida en el planeta", dice Melanie Stiassny, curadora principal de la nueva exposición y especialista en ictiología. "Era un espacio hermoso, con una fantástica ballena azul colgando del techo, pero en realidad no contaba la historia de los océanos".
Impulsados por la inversión que la familia Milstein y la ciudad de Nueva York estaban dispuestas a hacer para dar vida al nuevo concepto, y motivados por todo el conocimiento científico acumulado desde la década de los 60, en el museo se dispusieron a contar esa historia de la que Stiassny habla.
De esa mezcla ecléctica que constituía la antigua sala se conservaron y mejoraron la gran ballena azul y los dioramas, esas estampas de la vida marina en tercera dimensión, que están recreadas como momentos congelados en el tiempo, y que ocupan la parte inferior de la sala.
"La ballena se puso en los años 60 y la sala se reabrió en 1969, justo cuando el hombre caminó por primera vez en la Luna", apunta Stiassny. "Pero para entonces nadie había nadado nunca junto a una ballena azul viva".
El modelo que se utilizó para esculpir aquella primera ballena era un individuo que había muerto varado en una playa en los años 20, y que los científicos se habían encargado de medir y estudiar. "Era un modelo bastante confiable, pero al fin y al cabo era una ballena muerta", dice Stiassny. Para la nueva reestructuración, la ballena se trabajó de acuerdo a los conocimientos actuales sobre estos grandes mamíferos.
Pero estos son apenas detalles y no representaron grandes cambios. Donde se respira en realidad toda una nueva visión del océano y sus criaturas, así como de las consecuencias que resultan de las actividades humanas, es en la parte superior de la sala, de donde fue retirada la concepción simple y encajonada de la biología de los peces, para sustituirla por ocho vitrinas en las que la interrelación de los organismos marinos es presentada dentro de los distintos ecosistemas oceánicos. Los arcos de la sala albergan ahora una muestra de la vida en los estuarios, la plataforma continental, los arrecifes de coral, el manglar, los bosques de algas, el océano profundo, las regiones polares y el suelo marino.
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