¿Y quién le pone el cascabel al gato?
La última palabra la tendremos que dar los ciudadanos con el apoyo de los medios de comunicación
Ana Elena Porras
Este artículo intentará actualizar y hacer un nuevo balance sobre el escandaloso hurto de la colección de orfebrería precolombina del Salón de Oro del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, acaecido el 14 de febrero pasado; su espectacular "recuperación", tres meses más tarde, y su publicitario retorno al museo, recientemente.
Aunque la información que se maneja aquí ha sido difundida ampliamente por los medios de comunicación masiva, el mérito de este artículo consiste en dar una visión de conjunto e identificar los cabos sueltos que todavía hay y que vale la pena resaltar.
Los cabos sueltos:
1. Hay como una docena de funcionarios de mediana y baja jerarquía del INAC detenidos por su responsabilidad administrativa o delincuencial en el robo. Entre ellos, los más conspicuos son la secretaria administrativa del INAC (por tener mayor rango entre los detenidos, haber sido involucrada en el escándalo de la auto-contratación y "restauración" de la Iglesia de San Francisco de la Montaña) y el guía del museo (por haber salido bajo una fianza de medio millón de dólares, un humilde guía, con un padrino millonario que evidentemente no desea que el guía se enfade en prisión).
2. El abogado defensor de la secretaria administrativa ha denunciado -ante los medios- la reticencia de las autoridades de la investigación del hurto, a investigar al ex director de INAC, quien nombró a los funcionarios detenidos, ni al director de Patrimonio Histórico, quien autorizó a permanecer, por largas temporadas en el Museo Antropológico, a un oscuro personaje de nacionalidad colombiana, aparentemente ligado a las artes de la reproducción de piezas precolombinas.
3. También es importante recordar que, del lote robado de 292 piezas de oro precolombinas, aún faltan por ser recuperadas 25. Sorprendentemente, las declaraciones públicas del director de Patrimonio Histórico, el arqueólogo Fitzgerald, aseguran tajantemente que estas piezas no han podido salir del territorio nacional, lo que sugiere que él tiene información bastante precisa de su paradero...
4. Las piezas recuperadas fueron devueltas al museo y exhibidas al público bajo las sorprendentes declaraciones del nuevo director del INAC, por cierto bastante ingenuas, sobre las nuevas medidas de seguridad, que se reducen a nuevos equipos de alarmas para evitar otra catástrofe similar a la sufrida. Lamentablemente, y para desconcierto de los panameños, esas medidas de seguridad no incluyeron la destitución del personal que laboraba en el museo cuando se efectuó el robo del centenario, y que permitió que todos los procedimientos y medidas de seguridad existentes fueran abandonadas e ignoradas por completo por dicho personal. ¿Quién nos garantiza ahora que este personal "experimentado" no desconectará las nuevas alarmas durante otro fin de semana fatal?
5. Para colmo, en noticias más recientes nos enteramos del increíble, por descarado, robo del disco duro del despacho del director de Patrimonio Histórico, donde se guardan los inventarios matrices de todas las colecciones de los museos de Panamá, colecciones confiscadas todavía no incorporadas a los museos, etc. ¿Quién pudo hacerlo y para qué? A pesar del hermetismo sobre esta historia de intriga y suspenso, las noticias han filtrado que tampoco esta vez hubo puertas ni ventanas dinamitadas o violentadas para entrar al despacho donde se encontraba la computadora del director... ¿para qué se roba alguien esta información? Pues, de momento, se me ocurren dos buenas razones: una, para ofrecer a la venta una amplia gama de piezas "disponibles" (disponibles para algún funcionario de alto rango en el INAC, con acceso fácil a las colecciones, y con conexiones internacionales en el tráfico ilegal de las piezas) y otra, para encubrir el hecho de que todavía estuvieran registradas piezas que ya no estén actualmente en las colecciones y cuya "desaparición" no fuera denunciada a tiempo por las autoridades correspondientes, situación demasiado embarazosa por injustificable, y que pondría al descubierto al verdadero cabecilla del hurto del centenario. Este reciente hurto del disco duro, por añadidura, nos indica que este misterioso personaje sigue en libertad, con acceso a los altos despachos del INAC y del Museo Antropológico.
6. La Unión Cívica para el Rescate del Patrimonio Cultural ha podido informarse desde la sede de la UNESCO, en París, que ninguna de las autoridades del Gobierno nacional (y que pudieron haberlo hecho desde la Presidenta de la República, la ministra de Educación, el director del INAC, el director de Patrimonio Histórico o el director del Museo Antropológico) ha interpuesto solicitud alguna a las autoridades correspondientes de la UNESCO, como corresponde en estos casos, para pedir que se advierta a los museos y coleccionistas internacionales, destinos naturales de piezas saqueadas, que las piezas desaparecidas del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz fueron extraídas ilícitamente, y facilitar así su identificación y restitución. Este es el trámite diplomático que hace falta para complementar la iniciativa policiva de la INTERPOL, que aparentemente sí ha sido interpuesta por las autoridades del INAC, a pesar de que estén tan seguros de que las piezas continúan en el país.
7. Por último, la buena noticia de la recuperación parcial de mayo pasado de la colección robada en febrero es que habría ofrecido, necesariamente, información sensitiva sobre los autores intelectuales del hurto, los cómplices, intermediarios y compradores. Sin embargo, para consternación de todos los panameños con amor por nuestra historia y a nuestra identidad cultural, observamos el silencio y la disminución paulatina de información sobre estos cabos que han quedado sueltos. ¿A quiénes se está protegiendo? ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? La última palabra la tendremos que dar los ciudadanos con el apoyo de los medios de comunicación.
La autora es profesora de antropología cultural de la Universidad de Panamá
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