Panamá, 30 de junio de 2003
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Sociales
Horóscopo
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

CSS: crónica de un desastre anunciado

Mientras Gobierno y sindicatos miden fuerzas y se reparten el Seguro Social como un botín, la comunidad mira cómo su institución va a la deriva

Horacio Estribí N.

Bien dice el refrán que "el que siembra vientos cosecha tempestades". Ni los bien pagados asesores que medran el palacio presidencial, pudieron advertir a tiempo el grave riesgo que suponía para los asegurados y para el propio Gobierno el idílico, pero fugaz, amorío político con Juan Jované.

Todo se inició cuando la presidenta, Mireya Moscoso, por encima de consideraciones prácticas se empecinó en promover como director a su amigo y consejero político Alvaro Antadillas. La maltrecha imagen de Antadillas provocó el rechazo general de la comunidad y el de los representantes de la CSS, y, por supuesto, colocó en bandeja de plata al profesor de economía, la institución pública más grande de Panamá.

Con el tiempo la inicial desconfianza y fricciones fueron superadas por una relación amable y deferente. En el 2001 la fraternal relación llega a su máximo punto cuando la CSS adquiere bonos del Gobierno por un total de 50 millones de balboas supuestamente para reforzar un programa de inversiones del Instituto de Acueductos y Alcantarillados (IDAAN).

Entre tanto el adusto director (y antiguo asesor del Partido Sandinista en Nicaragua), progresivamente ganaba espacio político colocando líderes sindicales en puestos clave, agravando la ya de por sí maltrecha situación económica de la Caja.

Desde sus oficinas en la Vía Bolívar el poder de Jované se extiende más allá de los confines de la Caja, hasta alcanzar el seno mismo de los movimientos sindicales nacionales. En círculos cerrados del Gobierno se comenta que su hoy ascendiente le permite convocar o disolver las más multitudinarias huelgas y demostraciones callejeras.

Su beligerancia quedó constatada cuando a fines del 2002, a raíz de la negación de un aumento de 80 millones de balboas al presupuesto de la CSS, el académico organizó un nutrido mitin en la inmediaciones de la Plaza 5 de Mayo. Luego de mucho forcejeo, probablemente igual que ahora, el Gobierno accedió parcialmente a sus demandas y ajustó el monto que se asignaba a la institución.

El último detonante de esta escalada se dio la semana pasada, luego de que los representantes del Gobierno ante la junta directiva se ausentaran de la sesión donde se aprobaría la solicitud de un crédito adicional destinado a sufragar aumentos salariales y otros ajustes a la planilla de la CSS por un monto de casi 30 millones de balboas.

Aduciendo medidas de austeridad, el Gobierno ha planteado a la CSS que obtenga estos fondos de diversos "ahorros" dentro del propio presupuesto, en tanto que el director ha señalado que esta opción le causaría perjuicios en otras áreas de funcionamiento. Difícil saber en medio de la actual conmoción a quién asiste la razón, pero ante la magnitud de las posibles consecuencias, ello se torna irrelevante.

Los movimientos sindicales que precisamente se aprestaban a realizar marchas en los días venideros, exigiendo un aumento del salario mínimo, han encontrado ahora un terreno fértil para asomar la posibilidad de un paro nacional. Ante ello algunos voceros del Partido Revolucionario Democrático han expresado su temor de que el Gobierno utilice esta situación como excusa para romper el hilo constitucional y prolongar el actual período de gobierno.

Un paro general significaría el final del tímido repunte económico que pareció darse durante los primeros meses del corriente año. Difícil cuantificar las pérdidas económicas y morales que ocasionaría un paro, pero sin duda supera con creces los 30 millones de balboas, actualmente en disputa.

Mientras el Gobierno y los sindicatos miden fuerzas y se reparten el Seguro Social, como un botín, la comunidad y los asegurados en particular miran absortos cómo su institución -que a la fecha mantiene un déficit actuarial de casi 2 mil millones de dólares- marcha a la deriva. Todo esto en medio del palpable deterioro de los servicios públicos de salud en Panamá, cuya rectoría ha recaído bajo un Ministerio de Salud cuya gerencia ha estado marcada por la ineficacia y la falta de una política de modernización. Lo más grave de todo es que tanto el director de la CSS como el Gobierno parecen ignorantes del hecho de que están jugando con fuego en medio de un polvorín.

El autor es economista


Además en opinión

. Mal sin diagnóstico: Berna D. Calvit
. CSS: crónica de un desastre anunciado: Horacio Estribí N.
. Individuo y sociedad: fines y medios: Jaime Raúl Molina
. Hay que salvar a la Zona Libre de Colón: Raúl Moreira Rivera





¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá