Mal sin diagnóstico
Punta Mala no es más que "otra raya para el tigre"; otra bofetada a la opinión pública que pedía consideraciones morales y éticas en este asunto
Berna D. Calvit
bdcalvit@sinfo.net
Un artículo de Alicia Rego, especial para este diario, sobre algunos trastornos de conducta de los que nunca había oído hablar llamó mi atención. Citaba el caso de un músico que tenía dificultad para identificar objetos; a veces se ponía a conversar con el picaporte de la puerta, o palmeaba cariñosamente los hidrantes creyéndolos cabecitas de niños; en otra ocasión el confundido músico agarró a su mujer por las orejas ¡para ponérsela de sombrero! La condición, causada por una pérdida cognitiva aguda, le impedía emitir juicios personales a pesar de que veía, oía y sentía perfectamente; para él su esposa entraba en la misma categoría conceptual que un sombrero. Otro caso extraño era el de alguien que, por deterioro en los centros visuales del cerebro, nada más veía la mitad de las cosas; comía nada más lo que estaba a la izquierda del plato y escribía usando el lado izquierdo del papel. Al leer todo esto, un ¡tilín! recorrió mis bienamadas neuronas que, raudas, me pidieron atención; iban a explicarme el porqué de tantas cosas que no entendía. Mi alegría era indescriptible; iba a recibir la explicación científica, nada de bulos ni chismes. "El asunto es sencillo así que pregunta y responderemos", dijeron.
Quise explicaciones sobre el helicóptero HP-1430 que amarizó al quedar sin combustible en su viaje de regreso de Punta Mala y que, aunque airoso como un pelícano flotando en el mar, fue hundido a balazos. Respuesta: "Por problemas de deterioro neurológico, (colectivo, además) el helicóptero fue confundido con una gigantesca plancha que podía navegar a voluntad, arrasar con lo que encontraba a su paso, entrar en el Canal y derretir las esclusas, una especie de furibunda plancha Hulk". "¿Plancha... de planchar?", pregunté. ¡"Ajá!", respondieron. ¡Quién lo hubiera pensado!, me dije. Quise saber si el caso de la señora Dalvis Sánchez, que trabaja con la presidenta Moscoso, la que metió miles de dólares en su refrigerador y en maceteros, se debía a deficiencia cognitiva. "Bueno", dijo la neurona del "vacilón", "ese podría ser un buen argumento para explicar que en vez de dólares, Sánchez veía tierra o langostinos, o quién sabe qué cosas. Es lo único que puede explicar ese tipo de conducta". Mi imaginación es como una locomotora: arranca lentamente, coge velocidad, ¡y allá va! Por eso seguí preguntando. "Oigan muchachas, la presi va a trabajarle la campaña a José Miguel Alemán; el sentido común (el menos común, por cierto), me dice que a él no le conviene esa madrina. "¿Cuál es el problema de Alemán?", pregunté. Respuesta: "¡Deficiencia cognitiva, definitivamente! Alemán está confundiendo a Moscoso con Arnulfo Arias". Corrí a buscar los resultados de una de las últimas encuestas, que muestra que la popularidad de Moscoso está en -31, es decir, por el piso; pero Moscoso está feliz y satisfecha con su trabajo y el de su equipo de gobierno y así lo cantaletea cada vez que le ponen un micrófono por delante y que, lo que anda mal no es su culpa sino de Pérez Balladares; no hay corrupción, ineficiencia, despilfarro, etc. "¿Esa conducta tiene que ver con lo cognitivo?", pregunté. Respuesta: "¡Para nada! Se debe al deterioro de una parte del cerebro que nada más permite ver una parte de las cosas. Así de sencillo". El panorama se me iba aclarando.
Tengo la impresión de que más de un funcionario sufre de "negligencia hemisférica". El contralor Weeden, por ejemplo, nada más ve a Jované y la CSS; nada, salvo Jované, parece existir; ni los plurales escándalos del Banco Nacional de Panamá; ni las cuentas de la casa de Punta Mala, las cumbres, los Cadillac; ni el nombramiento de un señor Pico en el Ministerio del Canal con mil 100 dólares mensuales (sin jefe, ni horario), que dice Pico que le dieron como premio de consolación por negocios fallidos en que menciona a Piad, gerente de la Caja de Ahorros, etc. ¿A quién tomó por sorpresa el resultado de la venta de la casa de Punta Mala? Ciertamente que a mí no, segura como estaba de que la pachangosa casa estaría atada al apellido Moscoso, a "lo bajo, bajo" o públicamente. Punta Mala no es más que "otra raya para el tigre"; otra bofetada a la opinión pública que pedía consideraciones morales y éticas en este asunto. ¿Otra vez negligencia hemisférica? Las neuronas me miraron con desdén así que no insistí. Recordando la sacada de tabla que le hizo Moscoso a Juliao; la confianza en Moscoso que se le hizo añicos a Ameglio; a Gloria Young acusando al gobierno de doble moral, etc., quise saber si los besos y los abrazos en Penonomé una vez ganó Alemán, el designado por Moscoso, tenían que ver con alguna deficiencia cerebral. "Esa condición, común en los políticos, nada tiene que ver con deficiencia cerebral, más bien con acomodos y la repartición del poder", dijo la neurona política.
Para cerrar la "conversa" con mis neuronas pregunté: "¿Pueden explicarme cómo es que la presidenta Moscoso se ha puesto horario de secretaria diurna, porque quiere salir a hacerle campaña a su candidato?". Luego de conversar entre ellas la de más jerarquía contestó: "No podemos. Ese mal aún no ha sido diagnosticado y no hay antecedentes de un caso igual".
La autora es comunicadora social
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