Panamá, 30 de junio de 2003
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Autopista pierde su categoría

El deterioro producido por la falta de mantenimiento la ha hecho cada vez más insegura

URANIA CECILIA MOLINA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
nacionales@prensa.com

Especial para La Prensa / U. Molina

Las rajaduras y parches colocados inadecuadamente han afectado la banda de rodamiento de la vía.

LA CHORRERA, Panamá.- La autopista Arraiján- La Chorrera perdió su categoría y pasó a ser una carretera común y corriente, según el ingeniero Alberto Filós, miembro de la Asociación Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), quien atribuyó esta situación a la falta de mantenimiento, desde su inauguración, hace 25 años.

Filós basa sus apreciaciones en situaciones sencillas y fáciles de corregir que se dan dentro del tramo que comprende la autopista Arraiján- La Chorrera, y que desmejoran la calidad del servicio que la vía debe brindar a los conductores.

El ingeniero informó sobre algunas de las características que debe tener una autopista para no perder su categoría y que en la de Arraiján- La Chorrera, a simple vista, se nota que no se cumplen: los accesos limitados, la seguridad, la señalización, la iluminación en sus entradas, salidas e intersección, protección contra peatones y el control del peso de los carros que circulan sobre ella.

El ingeniero explicó que los drenajes son la vida de una carretera, pero en la autopista Arraiján- La Chorrera, se observan obstruidos, con maleza y otras clases de desperdicios que se arrojan en la vía.

Filós indicó que la obstrucción da paso a la filtración de agua sobre el pavimento de concreto, que con el tiempo desmejora las capas inferiores y provoca que la tierra suba a la superficie y posteriormente se raje y quiebre la base de concreto.

Indicó que cuando se aprecia una nube de polvo chocolate sobre el pavimento significa que la superficie donde esta asentada la base comenzó a ceder, al punto que crea un espacio, entre la tierra y el concreto, lo que significa que la losa se rajará.

Explicó que estos problemas afectan la calidad de desplazamiento vehicular, porque los conductores imprimen mayor velocidad a sus vehículos, por tratarse de una vía de circulación rápida.

En la autopista Arraiján - La Chorrera son visibles los tramos de concreto, con nubes de polvo chocolate, algunas sobre losas que tienen que ser reemplazadas, porque se hundieron en la tierra.

Los autobuses se detienen para recoger pasajeros en la vía.

Filos explicó que una autopista tiene que tener los accesos limitados, controlados y bien planificados, sin embargo a lo largo de la vía se observan algunos que fueron diseñados luego de su construcción y otros improvisados que responden a la necesidad de una comunidad o persona particular.

El miembro de la SPIA es del concepto que no se pueden establecer nuevos accesos a la autopista Arraiján- La Chorrera, solo para complacer a personas privadas y se deben tomar medidas drásticas con los particulares que hicieron sus propias entradas.

No obstante, pese a las apreciaciones negativas que realizó Filos sobre el estado de la autopista Arraiján- La Chorrera considera que no se debe dejar de cobrar por transitar, por el contrario, se debe buscar un mecanismo para que el dinero que se recauda sirva para mantenerla en óptimo estado.

El riesgo de perder la vida

Caminar por la autopista Arraiján-La Chorrera está prohibido. El que lo hace se arriesga a morir aplastado por las llantas de un auto, sin siquiera tener derecho a que su muerte tenga una compensación económica para sus dolientes.

El pasado viernes 27 de junio, León González, un hombre de 44 años de edad que reside junto a su mujer e hijos en la comunidad El Marañonal, distrito de La Chorrera, se llevó el susto de su vida.

Para asistir a sus prácticas, León cruza los postes de concreto, camina loma abajo entre la maleza, y en minutos se encuentra los cuatro paños de la autopista frente a él. Los cruza y queda en la Ciudad del Niño.

Es algo de rutina. Lo hace todos los días y asegura que toma sus precauciones.

Eran cerca de las 6:30 p.m. cuando León regresaba a su casa tras su práctica beisbolística. Explicó que trotaba a la orilla de la autopista, cerca de un barandal de protección, cuando escuchó el ruido sordo de un objeto que se estrella contra algo fijo.

Adivinó, porque nunca vio realmente el carro que se le aproximaba.

El carro lo golpeó en la antepierna y lo precipitó sin control contra el pavimento. Del impacto se fracturó y rompió el dedo meñique. Cuatro puntos y una venda colocada hasta la rodilla son la muestra de que pudo perder la vida.

León dijo que el conductor ni siquiera se detuvo y siguió su recorrido. Unos amigos que escucharon el estropicio corrieron para ver lo que ocurría y lo divisaron en el suelo. Lo trasladaron pronto al hospital Nicolás A. Solano, donde lo atendieron.

Se puede decir que León corrió con suerte. Sobre esa autopista son muchos los que dejaron sus vidas, al tratar de cruzarlas a pocos metros de los pasos elevados.

Historia

Los trabajos de construcción de la autopista Arraiján -La Chorrera los inició, el 30 de diciembre de 1977, la firma J. Young, S.A. y los terminó en 1981.

La inauguró el entonces presidente de la República, Aristides Royo, en 1981.

La obra, criticada por muchos, al anunciarse su construcción, costó 28 millones de dólares, 10 millones por encima de lo presupuestado y la financió el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La vía tiene una extensión de 20.8 kilómetros de largo y conserva dos carriles en cada dirección, posee tres intercambios a desnivel tipo "diamante", una intersección a nivel "tipo tijera", cuatro pasos elevados, cinco puentes, once pasos inferiores y varios pasos peatonales. Al principio la protegía una cerca perimetral, de la que solo quedan los postes de concreto, en algunos de sus tramos.

Hasta el año pasado, mantenía cuatro accesos auxiliares de salida y entrada, localizados en Arraiján- Cabecera, Vacamonte, La Chorrera, hacia el centro del distrito y hacia la comunidad de Puerto Caimito y el hospital Nicolás A. Solano.


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