¿Alternancias o alternativas?
Todas las encuestas parecieran indicar que de nuevo habrá una alternancia del poder en el 2004
Néstor Jaén S.J.
En días recientes conmemoramos en la Iglesia un año más de la ignominiosa desaparición del sacerdote Héctor Gallego. En ese contexto se celebró la Semana de Pastoral Social en la Arquidiócesis de Panamá.
Una de las cosas que más se me ha quedado en la mente de esta semana, ha sido la expresión de un campesino cuando dijo que en Panamá hay una democracia de alternancias (partidos que se turnan en el poder) y no de alternativas (cambios serios en la realidad). ¡Qué bien dicho! Creemos que ya somos democráticos porque en nuestro país se alternan en el poder ciertos partidos y porque en las últimas elecciones ha ganado siempre la oposición. Sí, pero ¿para qué ganar? ¿Para hacer lo mismo que los anteriores? ¿Siempre más de lo mismo, aunque, tal vez, con algunos parches que alivien (muy poco) los males del pueblo?
Estamos muy cerca de unas nuevas elecciones. Todas las encuestas parecieran indicar que de nuevo habrá una alternancia del poder en el 2004. De nuevo, triunfo de la oposición. Pero, ¿cómo confiar en que junto a estas alternancias habrá nuevas alternativas en el fondo y en la forma del gobierno? La gente duda de que quien gane las elecciones, aunque sea muy limpiamente, se atreva a realizar cambios significativos (porque ciertamente no todo se puede hacer de golpe) en materia de pobreza, desempleo, seguridad ciudadana y social, salud, educación, vivienda, transporte, y sobre todo en comportamientos éticos desde los más altos niveles del gobierno hacia abajo y desde los grandes empresarios hasta los obreros e incluso los desempleados. Se dice que la historia será la de siempre o sea que una cosa son las promesas de campaña electoral y otra ejercer el gobierno.
Lo anterior me recuerda un viejo chiste de un político que murió y llegó a las puertas de San Pedro quien le dijo: -aquí en el cielo casi no hay políticos, pero de todos modos déjeme ver su expediente. Mientras San Pedro lo revisaba, el político se escapó un momento al infierno y allí vio buena comida, bebidas, música y una gran fiesta. Regresó rápidamente a la portería del cielo y le dijo a San Pedro que no se preocupara, que él se quedaba en el infierno. Regresó pues donde don Satanás y este lo empujó hacia una cueva totalmente lúgubre y llena de malos olores y alaridos. El político exclamó: -pero esto no fue lo que yo vi en mi anterior visita y don Satanás le contestó: -hijo mío, cuando viniste estábamos de cara a tu visita, en plena campaña política, y ahora con tu decisión de estar en nuestro partido ya somos tu gobierno así que aguántate.
¿Está claro?. Entonces nuestra pregunta es: ¿cómo hacer para no ser pesimista y pensar que esta vez todo será distinto, y que si gana la oposición, lo cual parece casi seguro, no habrá una mera alternancia de poder sin alternativas realmente esperanzadoras, sobre todo para el pueblo más necesitado? Hay quienes ya hablan de un pacto MAMI (Martín-Mireya) para posibles ayudas mutuas, y según algunos incluso para posibles encubrimientos. Confiamos en que esto sea totalmente falso, pero es la realidad la que nos lo demostrará.
Tendremos que buscar los mejores mecanismos para que todos los candidatos, más que en la alternancia, se comprometan seriamente con alternativas viables para el bien del país. ¿Cuáles son esos mecanismos? Los dejamos a la inteligencia y el corazón de nuestros lectores y lectoras, y ojalá las presenten a las instancias que juzguen más convenientes: ¿Iglesia católica? ¿Comité Ecuménico? ¿Foro Panamá 2020? ¿Poder Social siglo XXI? ¿Otras? El cambio no es cosa de una ni de dos personas, sino de toda la sociedad. Por lo tanto, sumemos fuerzas en esta dirección en lugar de restarlas. Finalmente, como sacerdote afirmo con todo mi ser que, aunque no sea algo estrictamente religioso, todo aquello que conduzca al bien personal y social lo quiere Dios y ojalá estemos en sintonía con El.
El autor es sacerdote jesuita
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