Del boxeo al 'bel canto'
Gracias a un compatriota que ama a su país y cree en él, jóvenes panameños talentosos tienen la oportunidad de oír sus voces vibrar y ser reconocidas en el escenario nacional e internacional
Juan David Morgan G.
jdmor@morimor.com
Hay diversas formas de hacer patria, de contribuir a que el nombre de Panamá repique por doquier con timbre de orgullo. Son muchos los panameños que lo han logrado, unos en el mundo del deporte, otros en los de la música, las artes y la literatura. Así, para mencionar solo algunos, el nombre de Panamá ha vibrado en otras latitudes en los puños de Roberto Durán, en el brazo de Mariano Rivera, en la fusta de Lafit Pincay, en la música de Rubén Blades, en el piano de los esposos Ingram, en las pinturas de Olga Sinclair, así como también en la pluma de varios de nuestros reconocidos escritores. Todos ellos han contribuido a que el mundo sepa que en Panamá, además del Canal, que dejó una marca indeleble en nuestra historia, existen seres humanos que se igualan a los mejores en diversas facetas de la vida y que se esfuerzan por hacer que nuestro país brille con luz propia, con esa luz que solamente el desarrollo cultural puede encender.
Hoy quiero destacar el caso de un compatriota que es una verdadera paradoja, un panameño único que luego de darse a conocer internacionalmente y hacer fortuna como uno de los grandes conocedores y promotores del más rudo de los deportes, ha consagrado sus esfuerzos y sus recursos a promover entre nosotros una de las más sublimes manifestaciones del espíritu. Me refiero, por supuesto, a Juan Carlos Tapia, quien de lo mejor del boxeo ha pasado a sembrar hoy en Panamá lo mejor del bel canto. Conciliar boxeo y bel canto. ¿Es que pueden existir actividades más antagónicas?
Para entender a cabalidad la paradoja, es preciso conocer a Juan Carlos y saber que nuestro amigo es un gran amante y conocedor de la ópera, esa expresión artística que muy pocos alcanzan a comprender y apreciar en toda su elevada plenitud. Estudia y sigue la ópera con la misma pasión que lo llevó a convertirse en el más profundo conocedor del mundo de las trompadas. Y un día, sin duda un buen día para los panameños, decidió que Panamá no podía privarse de ese delicado manjar para el oído que es el bel canto y que las arias inmortales de Verdi, Rossini, Bizet, Puccini, Delibes, Wagner, Mozart, y tantos otros maestros, tenían que escucharse en nuestros escenarios. Creó la Fundación Bel Canto y desde allí, con la pasión que lo caracteriza, comenzó a trabajar para la realización de su nuevo sueño.
Quienes hayan intentado incursionar en el mundo de los valores espirituales saben que es muy difícil convencer a los que habitan en un país que lucha para superar situaciones tan elementales y cotidianas como el desempleo y la corrupción, de que el desarrollo cultural es también importante. Sumamente arduo resulta demostrar la comprobada ecuación de que sin cultura es imposible alcanzar un desarrollo económico sostenible. Ese era el primer gran escollo que enfrentó y tal vez todavía enfrenta nuestro amigo. Pero prosiguió su lucha.
Con recursos propios buscó y reclutó las mejores voces, y para perfeccionarlas contrató a una maestra de canto de renombre internacional y obtuvo los servicios de profesores de italiano, francés, alemán e inglés. Al mismo tiempo, logró que el Instituto Nacional de Cultura dotara con más fondos a la Orquesta Sinfónica Nacional. Un año después, la Fundación Bel Canto presentó su primer concierto de gala en el Teatro Nacional. Los que tuvimos el placer de asistir, supimos de inmediato que se abría una nueva y hermosa etapa en el vida cultural de Panamá.
Hoy son cuatro los conciertos que han presentado; el último de ellos ante más de mil personas, que acudieron al Teatro Anayansi a vibrar con las voces privilegiadas de los intérpretes del bel canto. La obra de la fundación creada por Juan Carlos Tapia trasciende ya las fronteras patrias y en esa última presentación participaron cantantes de otras latitudes. Los conciertos han sido grabados con técnica impecable y ya forman parte de la programación de cadenas televisivas de proyección internacional, como lo es el prestigioso canal People and Arts.
Gracias, pues, a un compatriota que ama a su país y cree en él, jóvenes panameños talentosos tienen hoy la oportunidad de oír sus voces vibrar y ser reconocidas en el escenario nacional e internacional, y todos los panameños amantes de la buena música tenemos la dicha de disfrutar del maravilloso mundo del bel canto. Por todo ello, ¡Chapeau, Juan Carlos!
El autor es abogado y escritor
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