Hábitos, medicamentos, vacunas y clonación
Panamá podría ser más activa y vanguardista en prevención de infecciones infantiles evitables por vacunación y no esperar a que dictámenes regionales marquen nuestro rumbo a seguir
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Quisiera ofrecer algunos consejos al sector Salud que, a mi juicio, son extremadamente importantes de cara al futuro sanitario de nuestro país. Ojalá los dirigentes actuales consideren su potencial implementación, aunque sean los venideros los que cosechen sus frutos. Al fin y al cabo, lo único que nos debe importar es el bienestar personal y colectivo de la sociedad, independientemente de quiénes sean los pioneros ejecutores. Las sugerencias se refieren al compromiso que cada ciudadano debe ejercer con sus hábitos promocionales de salud, al descontrol en la creciente introducción de medicamentos genéricos en nuestro territorio, a la parsimonia en la generación de iniciativas que propicien la prevención de enfermedades infecciosas transmisibles en nuestros niños y, finalmente, a la contraproducente aprobación de una negativa ley sobre clonación que actualmente transita por el primer debate en el hemiciclo legislativo.
Todo ciudadano debe compartir la responsabilidad con el Estado -y con los seguros públicos o privados- en la prevención y manejo de sus enfermedades. Mantener la salud es relativamente barato mientras que combatir las dolencias, especialmente si estas son crónicas, resulta muy oneroso. Ciertamente, hay personas más vulnerables a padecer enfermedades que otras. A la seguridad social acuden numerosos pacientes que usan los servicios médicos o solicitan recetas con consuetudinaria periodicidad. Si estas enfermedades son totalmente inevitables, no habrá nada que objetar y, por tanto, ellos tendrán pleno derecho a recibir la atención e insumos correspondientes. Algunos padecimientos, sin embargo, pueden ser prevenibles si se siguen simples recomendaciones sanitarias. Es injusto que la salud de los contribuyentes responsables se afecte debido a la dilapidación de recursos económicos causada por la atención de individuos que no ponen de su parte en su propia recuperación. Por ejemplo, el fumador o tomador empedernido debe colaborar con su rehabilitación para intentar apaciguar ese pernicioso hábito; de no hacerlo, podría desarrollar cáncer, enfisema pulmonar o daño hepático. El tratamiento de estas morbilidades crónicas es extremadamente costoso y, por tanto, el MINSA o la seguridad social tendrán que recurrir a la racionalización del gasto en otras áreas, lo que seguramente afectará programas o recursos para promover la salud de terceros. Asimismo, el obeso que no procura bajar de peso mediante hábitos saludables de vida sufrirá diabetes, hipertensión, problemas cardiacos y vasculares. Está ampliamente demostrado que si una persona tiene que pagar un precio por su tratamiento, aunque este sea simbólico, o tiene que enfrentar una penalidad, esta toma conciencia y valora mejor lo que se le ofrece. Por consiguiente, propongo que se apliquen multas o restricciones temporales de beneficios para lograr que el individuo enfermo comparta la responsabilidad de su recuperación.
Cuando se discutía la controvertida Ley de Medicamentos advertí, en varios escritos periodísticos, sobre los peligros asociados a la introducción de drogas genéricas de dudosa procedencia y calidad. Insistí en la necesidad de contar con un organismo encargado de fiscalizar y comprobar la presencia de componentes activos en la formulación del fármaco y con otra entidad enfocada a demostrar la bioequivalencia con el medicamento original. Como en este país todo se hace por intereses políticos y para hipertrofiar el bolsillo personal, la ley ya está vigente y los dos requisitos indispensables mencionados brillan por su ausencia. Personalmente comprendo la furia y protesta pública de los pacientes renales en hemodiálisis; después vendrá la rebelión de las personas infectadas por el virus del sida y así sucesivamente. En nuestros hospitales, particularmente los públicos, abundan fármacos genéricos de empresas orientales o latinoamericanas procedentes de países más subdesarrollados que el nuestro. Ojalá se comprobara la equivalencia de estos productos antes de prescribirlos a panameños enfermos desprovistos de recursos para asistir a centros privados de atención.
Cada cierto tiempo se escuchan noticias de brotes de hepatitis o diarrea en niños de comunidades apartadas del país. Aparte del costo social propio de cualquier enfermedad, estos episodios infecciosos resultan costosos debido al desplazamiento del equipo epidemiológico del MINSA y a la ejecución de las medidas correspondientes para cortar la propagación del brote. Aunque el programa actual de vacunación panameño se ajusta al sugerido por la OPS y al empleado por la mayoría de los países de la región latinoamericana, considero que Panamá podría ser más activa y vanguardista en el tema de la prevención de infecciones infantiles evitables por vacunación y no esperar a que dictámenes regionales marquen nuestro rumbo a seguir. Desde hace varios años hay en el mercado una vacuna efectiva contra la hepatitis A -lamentablemente solo se le aplica a los niños de hogares pudientes- y, pronto, varios investigadores panameños participaremos en la investigación de una vacuna contra el rotavirus, principal microbio causante de la diarrea infantil, infección que acaba con la vida de millones de niños humildes en todo el mundo. Si esta vacuna resulta efectiva, se constituirá en una prioridad preventiva para ser aplicada de forma rutinaria y masiva. Sin duda, la vacunación ahorra una gran cantidad de dinero y proporciona salud y productividad a mediano y largo plazo. Actuemos con las luces largas encendidas.
Finalmente, el tema de la clonación. Un legislador, más influenciado por cuestiones espirituales que profesionales, ha introducido en primer debate una propuesta para prohibir todo tipo de clonación en nuestro territorio. Por razones de carácter ético -no sinónimo de religioso- e incierta inocuidad del procedimiento, no estoy actualmente de acuerdo con la clonación reproductiva y concuerdo en que debe ser prohibida. Pero, por favor, es imperativo hacer la diferenciación con la modalidad terapéutica. Esta ofrece innumerables potenciales beneficios a la especie humana y debe ser facilitada, eso sí con regulaciones jurídicas y técnicas precisas. Antes de aprobar esta propuesta de ley, la cual representa un funesto retroceso a épocas primitivas, el público debe ser educado en debates profesionales sobre las bondades de la clonación terapéutica y, en última instancia, debe tomar una decisión en un referéndum. Los Estados deben ser laicos. Los legisladores deben evitar que fanatismos religiosos influencien resoluciones que afectan al bienestar biológico de la colectividad humana. Corrupción e ignorancia, dos plagas que debemos erradicar.
El autor es médico
Además en opinión
. El reclamo de la sociedad:
Lorenzo Rivera C.
. Hábitos, medicamentos,
vacunas y clonación: Xavier Sáez-Llorens
. Ordenar el mercado
u ordenarle al mercado: Roberto Brenes P.
. Canibalismo político
en el PRD: Héctor Rodríguez Ureña
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