Pataleo
de final
CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
Fue triste para el fútbol nacional que
la víspera de la final del torneo Apertura estuviera llena
de tanta intriga. Una pena, porque en lo futbolístico, los
jugadores del Tauro y Arabe Unido nos regalaron el domingo
un buen primer partido, en el estadio Rommel Fernández. Sin
rencillas ni expulsiones. De repente por allí hubo algunos
forcejeos en la gradería entre la policía y los fanáticos
colonenses, algo a lo que ya estamos acostumbrados.
Se jugó un buen partido, independientemente
de que el estadio no se hubiese llenado como muchos esperábamos.
Los jugadores nos regalaron 90 minutos con cuatro goles. ¿Qué más
pedir?
Ellos hicieron su parte, lo que corrobora
que el problema actual del fútbol de querer jugar la final
aquí o en Colón no es de los jugadores, sino más bien es
un mal que sale de allá dentro del estadio Rommel Fernández,
donde ahora la ANAPROF tiene su oficina.
ANAPROF es la única culpable de que
su fiesta de gala se vea empañada por inventos innecesarios.
Siempre se había jugado la final a un partido en el Rommel
Fernández, mientras que estuviera a disposición. Desde el
pasado torneo Clausura del 2002 inventaron finales con partidos
de ida y vuelta en Balboa y La Pedregaleña, y este año quisieron
repetir la fórmula. Como si aquí los equipos tuvieran estadios
con gran infraestructura para una final de esta naturaleza
donde por lo regular asiste más gente que a un partido regular.
A esta directiva nunca le pasó por la
cabeza el equipo del Arabe Unido, conocido por una fanaticada
especial, que vive y goza el fútbol a su manera. Ahora, con
justa razón, la directiva del Arabe Unido va a pelear porque
su partido se haga allá en Colón, en un estadio donde ya
se jugó un torneo internacional de eliminatoria de la Sub
17 y un partido de octavos de final de Campeones de la CONCACAF.
Los dos se hicieron en este mismo año y pasaron el aval de
la entidad regional.
No sé si la gente del Arabe Unido mantenga
su posición de jugar en Colón o de retirarse del torneo.
Sería injusto en todo caso, por los jugadores y la fanaticada,
que los árabes no acudieran este domingo a jugar el segundo
partido de la final en el Rommel Fernández y perder muchos
meses de trabajo. Entiendo su amenaza de no jugar en la capital,
pero no la comparto porque primero se tienen que ajustar
a una orden superior. No sería justo echar al traste toda
una temporada por un error administrativo de una directiva
de ANAPROF que no da bolas. ¿Acaso vale la pena darle ese
gusto? No lo vale.
Por el momento este es un mal sin cura,
que no lo va a solucionar una retirada del Arabe. Se va a
seguir dando en tanto no aparezca un visionario que vea,
por ejemplo, como un espectáculo, las finales de su torneo.
Me asombré, el otro día, escuchar al
presidente del Tauro, Carlos Martans, defendiendo su posición
de jugar el primer partido de la final en el peladero de
La Pedregaleña. Decía que a él no le importaban los capitalinos
en una final, en caso de hacerla en Pedregal, sino el público
de los lugares adyacentes a la Tenería del Tauro que siempre
los ha apoyado.
Imagínense, caros lectores, el pensamiento
de un presidente de un equipo que es capitalino y que debería
tener como principal aspiración sumar fanáticos del área
metropolitana.
¿Qué podemos esperar entonces de nuestro
fútbol en la ANAPROF con este tipo de genios?
¡Qué bárbaro!