Diálogo
con mis lectores
He criticado al gobierno actual por timidez, por secretismo, por llevar el tema ante unas Naciones Unidas que nada hará por ayudarnos
Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
PANAMA, R.P. -No solamente comprendo que quien dispense críticas tiene que estar lista a recibirlas, sino que me encanta recibir los comentarios de lectores -sean favorables o negativos- porque esa retroalimentación enriquece mi perspectiva y me brinda la oportunidad de aclarar malentendidos. Mi primera columna de "Diálogo con lectores" fue en 1990 ó 1991, cuando un lector disgustado afirmó que "tanto el Betty como el Brannan nos parecen muy anglosajones, aunque el Jaén podría ser panameño". Ello me permitió aclarar que el Jaén lo llevo en la sangre y que difícilmente se me puede acusar de ser "poco panameña".
Hoy respondo al artículo publicado el lunes pasado, por Eloy Alfaro de Alba, una persona de quien solo he escrito elogiosamente. Pese a las críticas duras que él expresa, aprecio su punto de vista y agradezco que su carta me permita hacer algunas aclaraciones.
Lo primordial es responder a la sospecha de que yo "quizá tenga razones" para (supuestamente) no atreverme a criticar al gobierno de Moscoso. Si lo que se quiso insinuar es que estoy entregada a influencias indebidas, lo niego categóricamente. Y quien tenga motivos para pensar lo contrario, debe expresarlo públicamente para que yo pueda responder, o presentarlo a la junta directiva de este diario para que se tomen las medidas correspondientes. El último, hace algunos años, que osó tildarme de "corrupta" fue el ex presidente Guillermo Endara, quien jamás ha intentado sustentar tan grave acusación.
Confieso, no obstante, que un dilema frecuente en mi trabajo es el deseo de no herir a personas queridas, porque sé muy bien que la pluma es un arma mortal. Lo irónico es que el gobierno de Moscoso no tiene una sola persona que yo pondría en esa categoría, mientras que el gobierno de Pérez Balladares tenía a varias. Mi solución fue (en la medida posible) criticar la política escogida -no a la persona- y sobre todo evitar los golpes bajos. Una de las muchas cualidades que admiré en Gabriel Lewis Galindo era que él comprendía esa posición perfectamente (columna del 22 de diciembre de 1996).
En este caso (columna del pasado 8 de junio), he criticado sostenidamente la política del gobierno actual y del anterior en relación al saneamiento ambiental de las bases revertidas. De numerosas columnas, mencionaré dos: 1) En julio de 1997 escribí que "mis informaciones son que el gobierno de Pérez Balladares no tiene una política ambiental definida y que hay figuras dentro del gobierno que piensan que es un error presionar a Estados Unidos sobre el tema", postura que tildé de "equivocada, por no decir ignorante". 2) A fines de marzo de 1998, nuevamente escribí que "privadamente, funcionarios del Gobierno admiten que no se tiene una política ambiental definida para lidiar con los norteamericanos y que el Gobierno le tiene miedo al problema porque -entre otras cosas- lo ve como una espada de doble filo".
Nadie del gobierno de esa época desmintió esas afirmaciones públicamente o me las reclamó privadamente. Por el contrario, admitieron el temor de que la disputa sobre limpiar las bases pudiera estorbar el traspaso del Canal. Yo opiné que una cosa no tenía que ver con la otra y que no veía indicio alguno de que Estados Unidos se echara para atrás en la transición canalera. Opiné también que era un error asignarle el tema a Arnold and Porter, porque a ese bufete -por prestigioso que sea- no se le conoce gran experiencia en el manejo de casos ambientales. En Washington, cada cabildero tiene su especialidad.
Cuando el gobierno de Moscoso entró al poder, solo quedaban cuatro meses para que la retirada de los estadounidenses fuera un fait accompli, hecho que me parece indispensable reconocer cada vez que critico al gobierno mireyista por su pobre manejo del mismo tema. He criticado al gobierno actual por timidez, por secretismo, por llevar el tema ante unas Naciones Unidas que nada hará por ayudarnos, por la pretensión "absurda" de que Estados Unidos acceda a llevar esta disputa a arbitraje, y por continuar con Arnold and Porter. Me colmé de frustración cuando el ex canciller José Miguel Alemán, en dos ocasiones, me pidió que lo ayudara a conseguir cobertura del tema en algún medio como Sixty Minutes. Ambas veces respondí que eso, precisamente, es parte de lo que debiera estar haciendo Arnold and Porter.
¿Qué más se ha debido hacer? Para tener una idea, solo hay que mirar el contrato de cabildeo para el TLC (tratado de libre comercio) que el gobierno actual acaba de firmar. Se habla allí de generar apoyo entre miembros del Congreso, think tanks, ONG, grupos ambientalistas, medios noticiosos, y más. También se ha debido explorar un pleito ante los tribunales estadounidenses y se debió usar con pujanza la ley de acceso a la información (FOIA) para forzar a los estadounidenses a entregar documentos clasificados.
Para concluir, señalo que el actual embajador, Roberto Alfaro Estripeaut, me dijo la semana pasada que el gobierno de Moscoso está a la espera de una nueva propuesta estadounidense sobre la limpieza de las bases. "No sé si será buena o mala", dijo el embajador. Ojalá que sea una oferta buena, porque, personalmente, nada me complacería más que descubrir que todas mis críticas sobre este tema fueron erradas.
La autora es corresponsal de La Prensa
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