![]() Panamá, 22 de junio de 2003 |
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Félix Abdiel Solís se merece un puesto de honor dentro de este tipo de empresarios sobresalientes. Félix se crió en un área rural, donde no había luz ni agua. En la inhóspita comunidad de Sambú, Darién, en donde para ir a la escuela tenía que caminar por rutas llenas de lodo. "Aunque hubiera tenido zapatos no los hubiera usado porque el barro era demasiado abundante", cuenta. Esos tiempos fueron difíciles, pero sus padres José de la Cruz y Clementina Solís le dieron el empuje necesario para que hoy, a sus 39 años de edad, esté al frente de su propio negocio, la Distribuidora Empaque, S.A. y Tecno Pack, S.A., las cuales facturaron solo en el año 2002, 1.2 millones de dólares de ingresos brutos y que cuenta con siete vehículos de reparto y sucursales en Colón y David. No ha sido fácil alcanzar sus metas. En el camino ha sufrido la pérdida de dos empleos en compañías grandes y, tampoco le fue bien en su fugaz incursión en la política como candidato. Es un hecho, sin embargo, que ha sabido reponerse y conquistar su futuro. "Dios me ha bendecido a pesar de los obstáculos. Mi familia era muy pobre, pero mis padres me inculcaron valores morales y deseos de superación. Apenas me dieron la oportunidad estuve dispuesto a ganarme mi sustento. Cargué verduras y legumbres", dijo Solís, quien a los 14 años laboraba en el Mercado de Abastos de la ciudad de Panamá. Un año después surgió una plaza en el Club de Golf como empleado permanente. En esa empresa entró como aseador, también le tocó allí lavar platos y ollas. Pero no se conformó con esas tareas y decidió hacer algo por sus estudios postergados. De día fregaba pisos y trastos y por la noche asistía a una escuela nocturna. En su trabajo también fue ascendiendo. Pasó de aseador a sandwichero y luego a cocinero. En sus estudios avanzó tanto que después de graduarse de bachiller logró entrar a la carrera de Economía. "Quería salir de la cocina para entrar a la contabilidad y lo logré. Fui asistente y luego encargado del Departamento de Control de Gastos e Inventarios de esa compañía", narra el empresario, que asegura que allí se hubiera jubilado. En su área se desempeñó de forma excelente, sin embargo, su incursión al mundo sindical lo puso en discordia con la gerencia del Club del Golf y fue dado de baja con el argumento de haber cometido el delito de "tomarse un vaso de sopa sin pagarlo". "Sentí que el mundo se me vino encima. Fue una experiencia terrible", aseguró. Pero sacó fuerzas de su propia debilidad y encaró de frente su adversidad. Buscó y encontró la oportunidad de su vida. En el año 1992 ingresa a una compañía de embalaje, donde como vendedor tuvo un ascenso meteórico al duplicar y triplicar la ventas. Llegó a ocupar una posición ejecutiva de esa compañía que tenía actividad comercial en Colón y Cuba. Aprendió todo sobre el negocio de la importación de productos industriales y sobre cómo satisfacer a los clientes. Sin embargo, nuevamente cayó en desgracia con sus jefes. Fue despedido de esa importadora la cual prefirió no dar el nombre porque dijo que siente por sus dueños gran estima. La política le dio malos resultados. No solo porque perdió como candidato a legislador suplente, sino que fue una de las causas, porque surgieron problemas con esa empresa. Hoy, Solís recuerda todos esos acontecimientos con satisfacción, pues mientras la mayoría de las empresas han sufrido un bajón en sus ventas durante los últimos años, su negocio ha crecido de manera significativa. Cuando empezó en el año 1999, logró facturar 35 mil dólares; en el 2000 llegó a 250 mil dólares y en 2001, duplicó esa cifra. Este emprendedor no descansa. Hoy estudia un curso de inglés para entenderse con sus proveedores de otros países. Félix es un hombre de trabajo y cultiva la virtud de la gratitud. Agradece a las compañías que confían en él y adquieren sus productos industriales. Afirma que sus vendedores "valen oro", pues son los que hacen posible el crecimiento de sus empresas.
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