La odisea de visitar El Caño
Allí se encuentra una muestra de las culturas indígenas más importantes de Panamá
Rafael Quezada O.
ESPECIAL PARA LA PRENSA
nacionales@prensa.com
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Especial para La Prensa / R. Quezada
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El camino que conduce al museo de El Caño está ubicado en medio de una planicie entre los ríos El Caño y Grande; debido a ello cuando llueve se inunda, e impide llegar hasta el museo.
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EL CAÑO, Coclé.- Un promedio de 3 mil visitantes tiene que sortear toda clase de obstáculos para ingresar al Parque Arqueológico de El Caño en Natá, debido a que la vía que conduce hasta sus instalaciones está en muy mal estado.
Esto impide la entrada de buses repletos de niños y estudiantes,
que solicitan con tiempo su permiso para ingresar al parque nacional, al igual
que agencias de viajes con turistas, e instituciones estatales.
Los turistas de España, Colombia, México Estados Unidos y Costa Rica, además de los locales, no se escapan de la odisea, que significa una visita al Museo Arqueológico de El Caño en Natá.
Carlos Fitzgerald, director de Patrimonio Histórico señala que su despacho ha pedido ayuda al MOP, pero dependen de lo que esta institución pueda hacer.
El arqueólogo explicó que debido a las condiciones de esa zona se requiere de un trabajo muy costoso para rehabilitar el camino.
Este -dijo- no es un problema nuevo, pues en el sitio se encontró un canal precolombino, que presumiblemente fue utilizado por los indígenas para desaguar los terrenos que están ubicados en una planicie bordeada por el río Grande y El Caño.
Según Fitzgerald, actualmente el problema se ha agravado por la deforestación y la erosión de los suelos.
Además, hace 30 años la compañía azucarera construyó un muro que bordea el parque, que obstaculiza el desagüe de los terrenos.
Un cálculo hecho por técnicos del ingenio azucarero La Estrella establece que se requiere de unos 270 mil balboas para solucionar el problema del camino.
La última reparación de la vía se hizo en el año 2002, pero de una manera bastante superficial, sin tomar en cuenta el nivel apropiado para evitar las inundaciones sobre la vía.
Cómo se formó elmuseo de El Caño
El parque arqueológico de El Caño, considerado el más
rico en cultura prehistórica panameña, se formó cuando la empresa azucarera
La Estrella realizaba en 1973 unos trabajos de nivelación de terrenos para
sembrar caña.
Durante los trabajos, los obreros se percataron de las irregularidades que presentaba el terrenos que tiene unas ocho hectáreas de terreno y que hoy conforma el Parque Arqueológico de El Caño en Natá.
Al excavar estos montículos fueron encontradas las osamentas y piezas arqueológicas.
Esto motivó que durante la administración de Reina Torres de Araúz se llevara a cabo una prolija investigación, para reconocer el valioso material histórico.
Un esfuerzo conjunto de los gobiernos de Panamá y Estados Unidos determinó, mediante la toma área de fotografías infrarrojas, que el campo contenía unas 12 tumbas indígenas. De estas, solo una ha sido destapada e investigada.
Esta tumba abierta es la que se exhibe actualmente en el museo.
Según narra el guía del museo Reinaldo Antonio Oses, el material arqueológico encontrado corresponde a un época situada entre los años 800 y 1550 dC.
El área que hoy comprende el parque no fue utilizada solo como cementerio, hay indicios de que también se realizaban ritos ceremoniales, y prueba de ello son las columnas de piedras.
Otra teoría apunta a que este sitio fue utilizado como calendario solar.
Llegó a ser un sitio de contacto, donde los indígenas realizaban intercambio de productos.
Los indígenas utilizaron el río Grande y el río El Caño como medio de transporte para llegar y salir del lugar .
Carlos Fitzgerald coincide en que inicialmente el sitio fue utilizado como un lugar para intercambio, aparte de ser usado como centro ceremonial, en la época de 800 a 1100 dC.
Posteriormente el sitio fue abandonado y luego ocupado durante la conquista de los españoles.
Con la llegada de los colonizadores vinieron al istmo muchas enfermedades nuevas que ocasionaban epidemias. Ante esto los indígenas vuelven al sitio para realizar sus ceremonias rituales.
En el lugar también aparecen entierros en urnas, esto, según Fitzgerald es la evidencia de la convivencia entre los indios y españoles.
A fines de 1924 e inicios de 1925, el lugar fue saqueado por el norteamericano Hyatt Verril, que cedió a Estados Unidos, específicamente al museo del Indio Americano en Nueva York, unas 150 columnas talladas.
El norteamericano dejó un plano en el cual se describe la forma en como fueron encontradas las columnas.
El patrimonio histórico de Panamá ha reclamado estas pertenencias valiosas, pero los esfuerzos han sido en vano porque hasta el momento no se ha podido lograr su recuperación.
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