Panamá, 13 de junio de 2003
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Salvemos a la Caja de Seguro Social

Tanto daño le hace a la CSS el que retira medicamentos para luego venderlos, como aquel patrono que evade el pago de sus cuotas

Marcos A. Mora R.

Desde hace un tiempo relativamente largo, el tema de la grave condición administrativa y financiera de la Caja de Seguro Social está en la palestra pública. Esta situación debe llevar a una seria y reflexiva preocupación, tanto de los que aspiramos en algún momento a gozar de los beneficios que esta institución brinda a los que con su trabajo y aportaciones contribuimos a sus finanzas, como a aquellos que ya los disfrutan. Los primeros podemos no llegar a la meta y los segundos deberán considerar como posible interrumpir dichos beneficios.

Indudablemente, de darse esta situación, la conmoción social sería de tal naturaleza que el gobierno de turno no podría sofocar los niveles de insatisfacción de la población enardecida.

Como conocedor del tema de la seguridad social, creo conveniente señalar que se hace obligatorio que las autoridades de Gobierno -sea este o los venideros, y con la presión decidida de toda la población- tomen decisiones heroicas sin importar el costo político que tales medidas provoquen, con tal de no llevar a la quiebra a esta institución querida por todos los panameños.

Siendo honestos con nosotros mismos y con las futuras generaciones, tenemos que aceptar que la población ha madurado y la expectativa de vida ha aumentado; en consecuencia, en el análisis para salvar al Seguro esta variable tiene necesariamente que ser considerada, sin condicionamientos políticos, clasistas ni sexistas.

Otro aspecto a considerar es el tema de la cantidad de cuotas, cuya modificación a mi modo de ver no representa ninguna gravedad. Seguir manteniendo el número de cuotas en 180 es un absurdo total. Imaginémonos por un solo momento el caso de una persona que no trabaja sino hasta después de los 47 años; esta persona se ve precisada a trabajar por los próximos 15 años para acogerse a su jubilación. Si cotizó en base a 500 dólares mensuales, aportó una cuota obrero-patronal de 17 mil dólares; sin embargo, se estima que recibirá, de acuerdo con la expectativa de vida, alrededor de 46 mil 800 dólares.

El régimen de seguro social como sistema solidario es eminentemente redistributivo y, en consecuencia, los que más aportan reciben proporcionalmente menos beneficios y viceversa. De esto se entiende el porqué una persona que cotiza sistemáticamente en base a más de mil 500 dólares mensuales, solo recibirá como máximo mil 500 dólares. Otra realidad en el aspecto redistributivo es, en términos medios, el hecho de que los que más aportan hacen menos uso de los programas de salud de la Caja. Sin embargo, en este aspecto hay que introducir disciplina y responsabilidad, ya que no es justo que una sola persona con una aportación ínfima o modesta registre a más de cuatro derechohabientes, cuando el promedio del grupo familiar en nuestro país ronda las 4.7 personas. Introducir una limitante en este aspecto, con la posibilidad que se incorporen todos los derechohabientes que se quiera con el pago de cuotas adicionales, contribuirá tanto a las finanzas del seguro como a crear conciencia de tener la cantidad de hijos que se puede criar, educar y mantener.

Adicional a lo anterior, esta institución debe llevar contabilidad de costo de cada cuenta individual, ya que es sabido que muchos asegurados y personal de la institución hacen uso indebido de las farmacias del Seguro Social, y mediante esta información contable -y luego que se traspase de un límite razonable y aceptable- comunicar a cada asegurado los montos que se estarán deduciendo al momento de establecer la jubilación o pensión. Con acciones como estas o similares estimamos que se estarán disminuyendo los abusos y el conocido "juega vivo".

Por el lado administrativo el Seguro Social debe introducir cambios, como considerar que el empleador pueda remitir el pago de la parte patronal cuando por alguna circunstancia no pueda cancelar la totalidad, pagando el recargo solamente de la parte patronal. Esto se podría permitir por una determinada cantidad de veces. La medida permitiría confirmar el aporte del empleado al momento de un reclamo o solicitud de un servicio. De esta forma, en caso de una situación extrema, el Seguro podría seguir acciones judiciales sobre la parte patronal.

Hay que introducir cambios dramáticos en el más deficitario de los programas, el de salud, ya que es sumamente ineficiente a pesar de que se cuenta con equipo relativamente bueno y excelentes recursos humanos en términos medios. Absolutamente todo el personal nombrado por la institución debe registrar su asistencia al trabajo como en cualquier otro tipo de empresa.

Pensar en aumento de cuotas cuando ya cada trabajador con la contribución patronal aporta el 19% de su salario, es un absurdo y en consecuencia yo lo descartaría.

Sobre el tema del Seguro Social se podrán hacer innumerables aportaciones para que se salve, pero lo fundamental a nuestro juicio es que todos, desde las más altas autoridades gubernamentales, el director general, gremios empresariales, hasta obreros y asegurados, debemos estar conscientes de que esta entidad necesita cirugía mayor y no paños tibios para que todos podamos gozar de los beneficios de una merecida jubilación. No podemos proseguir con criterios políticos y clasistas de uno y otro bando haciéndole más daño al Seguro Social, ya que tanto daño le hace a dicha institución el que retira medicamentos para luego venderlos, ese que va a una cita innecesaria para lograr un certificado médico después de una borrachera, como aquel patrono que evade el pago de sus cuotas.

Para finalizar, en las condiciones actuales el Gobierno Nacional debe ser tajante en señalar que no habrá más nombramientos y aumentos salariales que no sean los estrictamente necesarios para la eficiente prestación de los servicios.

El autor es economista

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