No lo digo yo, sino los procuradores
Las injusticias y la indiferencia pueden llevarnos a explosiones sociales que después todos tenemos que lamentar
Guillermo Roca Rivas
Recientemente el procurador de la Nación, José Antonio Sossa, dijo en Viena, Austria, que tiene dificultades para seguir a los responsables de la corrupción gubernamental de alto perfil. Posteriormente, la procuradora de la Administración, Alma Montenegro de Fletcher, manifestó la necesidad de derogar y modificar varias normas que impiden al Ministerio Público investigar el enriquecimiento ilícito y apresar a los delincuentes de cuello y corbata; es decir, esos dos altos funcionarios encargados de aplicar la justicia en Panamá coinciden en los mismos puntos de vista, y los dos no pueden estar equivocados.
A cada momento se vienen haciendo denuncias de corrupción en algunas dependencias del Estado, pero los acusados y el gobierno reclaman pruebas en cada caso sin tener en cuenta que resulta muy difícil recabar pruebas inmediatamente por la falta de cooperación de los allegados, por temor a las represalias y las amenazas de todo tipo. Lo peor es que mientras los que denuncian la corrupción y los que exigen pruebas discuten, la nación se consume en su economía, su prestigio, su imagen y la credibilidad en la justicia. Por ello no se debe proteger a ningún delincuente que vaya en contra del Estado y de la nación.
Según podemos observar, del gran número de acusaciones de corrupción algunas son acogidas en los despachos judiciales, pero después tienen un largo y lento proceso influenciado por las presiones políticas, sociales, gubernamentales y económicas, lo que da tiempo a que la sociedad se olvide y la ley de prescripción deje todo sin efecto, quedando siempre burlada la sociedad, la patria y algunos funcionarios.
Una acusación surte efecto inmediato y condenatorio cuando el acusado es un elemento humilde, pobre y desamparado del poder político, social, económico y gubernamental.
En nuestro medio hay un mecanismo que todos saben que solo es aplicable en ciertas circunstancias, pero que ha venido dando grandes resultados para detectar a los delincuentes en los casos de drogas, lavado de dinero, contrabando, secuestros, sobornos, etc., que es el seguimiento encubierto, sin involucrar a sus delatores, y en donde colaboran muchos que no están de acuerdo con la corrupción en ninguno de los sectores de la sociedad.
Es lamentable para la economía, el prestigio y la imagen de la nación que haya tantas denuncias de corrupción sin que nadie resulte culpable y castigado. No es conveniente para la patria y la sociedad que se encubra a un delincuente en perjuicio de la nación por el solo hecho de pertenecer a una casta social, política, económica o gubernamental del momento, porque se llegaría a la conclusión y al convencimiento de que en Panamá la ley es aplicable solo a los pobres, a aquellos que a veces roban por una apremiante necesidad. No olvidemos que las injusticias y la indiferencia pueden llevarnos a explosiones sociales que después todos tenemos que lamentar.
El autor es empresario
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