|
Cartas y Comentarios
Mileika Bernal
mbernal@prensa.com
Por una sonrisa
Sobeida, Reina y Yasmin, tres pequeñas que viven en Llano Grande, en el
distrito de La Pintada, en Penonomé, tenían que usar un “banco” para
hacer sus tareas.
Así lo reportó La Prensa el pasado el martes 27
de mayo. Luego de la publicación, una lectora del diario
envió a la redacción tres escritorios para ellas,
los que les fueron entregados a las niñas en su casa. Las
pequeñas estaban felices, igual que sus padres y el periodista
Quezada, este último complacido por el deber cumplido.
Aclaración
6 de junio de 2003
He leído con mucha preocupación la noticia: “Motonave
pirata se hunde en isla Iguana”, y me llama la atención
que se plasmen noticias en un periódico, sin que antes se
investigue a fondo los hechos. Las noticias más sensacionales,
no son las que se adornan con titulares fuera del contexto de la
realidad de la noticia, que no miden las consecuencias que conllevan
los mismos a las personas involucradas. Menciono lo anterior por
lo siguiente: la embarcación es propiedad de una familia
panameña humilde que con mucho sacrificio ha criado a sus
hijos y los ha educado de la mejor forma posible y ha sobrevivido
en un país donde cada día es más difícil
llevar un plato de comida a la mesa.
Emilio Muñoz Rivera es un panameño
humilde, oriundo de la isla de Otoque Occidente.
La nota menciona que la nave es pirata, sin
antes conocer qué es
un barco pirata. Una embarcación pirata no tiene nombre,
no tiene puerto de registro, no enarbola bandera alguna y se dedica
a todo tipo de ilícitos como robo, contrabando, hurto de
otras embarcaciones menores, etc. y cuyos tripulantes están
por lo general armados.
La embarcación El Pan Nuestro, esta registrada en la Autoridad
Marítima de Panamá, como nave de pesca artesanal;
paga impuestos al fisco, saca zarpe cada vez que va en faena de
pesca y paga impuesto a recursos marinos.
Como nave de pesca artesanal la misma tiene puerto de abrigo,
el muelle fiscal, donde se vende el producto.
Muchos pecadores del área de Pedasí, que se catalogan
como pescadores artesanales, en su mayoría no pagan impuestos
y su pesca igual que la anterior va para consumo local.
Sherly Ibérico
Las dos caras de la moneda
29 de mayo del 2003
Escribo estas líneas a raíz de lo expresado por
el director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales
(IDAAN) de Colón, en la noticia aparecida en La Prensa,
el 29 de mayo de 2003 sección Nacionales, bajo el título: “Ceballos
recomendó a los usuarios que paguen puntualmente por el
servicio que reciben...”
La comunidad de Villa Catalina está compuesta por los sectores
A, B y C, pero solo los sectores A y B están conectados
a las líneas del Instituto de Acueductos y Alcantarillados
Nacionales. Mientras que el sector C se provee de una “toma
de agua” administrada por un Comité de Salud.
Hasta donde tengo entendido, a los usuarios
del sector B les llega el agua de vez en cuando (con decir que
a veces pasan hasta dos
semanas sin recibir una gota). No sé qué servicio
está recibiendo el sector A.
Lo más triste es que en Villa Catalina hay un enorme tanque
de reserva de agua del IDAAN que en realidad no sé a qué comunidad
o comunidades suministra agua potable, pero parece ilógico
que no suministre agua a la comunidad donde se encuentra o por
lo menos no lo haga como debiera ser.
En otras palabras, se está recibiendo un pésimo
servicio, por el cual el director del IDAAN, “recomienda” que
se pague puntualmente. Creo que las facturas sí llegan puntualmente.
Por otro lado, en Vista del Mar (Puerto Pilón) la tubería
madre sufrió una rotura por segunda ocasión y lleva
más de un mes desperdiciando cientos de galones de agua
potable diariamente. Por esto hacemos un llamado al Sr. Ceballos
para que imparta las instrucciones pertinentes a su personal a
fin de reparar este daño.
Eliecer Brenes V.
¿Qué ocurre con el correo postal en
Panamá?
4 de junio 2003
Me quiero referir a la queja que se publicó sobre el Correo
de Panamá. Yo he pasado por el mismo problema en repetidas
ocasiones. Los últimos dos años envié varias
cartas a mis familiares aquí en Panamá, mientras
estudiaba en el extranjero. En repetidas ocasiones, se extraviaron.
Lo más curioso es que las veces que se extraviaron eran
sobres algo más gruesos y tarjetas. Hace un mes me enviaron
una carta en un sobre especial, con los mismos atributos que los
de una tarjeta, en un papel especial, un poco más grueso
de lo normal. Jamás llegó a mi apartado en El Dorado,
aunque su envío fue confirmado.
Y es que yo mismo me envié dos cajas de libros antes de
volver a Panamá, una vez concluida la carrera. A pesar de
ir en repetidas ocasiones al correo preguntando por los paquetes,
los mismos no llegaban y nadie fue capaz de darme información.
Un día de buenas a primeras, me llaman por teléfono
y dejan un mensaje, en tono algo molesto: “Aquí tenemos
unos paquetes para... y si no los viene a buscar hoy o mañana
serán devueltos”.
Al día siguiente, visité las oficinas de correo
de El Dorado. Los paquetes no tenían sello de entrada ni
de recibo local (he guardado los documentos como prueba). Jamás
recibí ni primer aviso ni segundo aviso en la estafeta.
La única explicación que me dieron los funcionarios
involucrados es que el personal lo rotan constantemente y que entonces
le tocan hacer puestos diferentes lo que conlleva confusiones.
Tuve suerte de escuchar el mensaje, porque de otra forma hubiera
perdido al menos 30 libros.
Les solicito por este medio a las personas
responsables que investiguen, pero que investiguen de verdad. ¿Qué está ocurriendo
con nuestro sistema de correos, especialmente en El Dorado? No
he sabido de nadie que sufra de estos problemas, por ejemplo, en
Ancón o en el pequeño correo de Betania.
Los medios de transporte y los medios de comunicación son
vitales para el desarrollo de un país y lamentablemente
cada día están peor.
Raúl Chang
Bailes
26 de mayo de 2003
En la página 18 de la Edición Extracentenario del
25 de mayo, bajo el titular: “Bunde y bullerengue” vi
varios desaciertos. Para comenzar, Garachiné no es un distrito;
es un corregimiento que pertenece al distrito de Chepigana y el
Bunde es la única manifestación folklórica
en Panamá que se le dedica a una fiesta religiosa. No ha
caído nunca en el paganismo que hace mención la nota,
salvo para presentaciones especiales, cuya demostración
se solicita fuera de fecha. Esta expresión popular se inicia
con fecha fija, todos los ocho de diciembre, día de la Virgen
Inmaculada y Día de la Madre y se extiende hasta el Día
de Reyes.
En lo que corresponde a la ejecución del baile, se insulta
a la mujer cuando dice que “el grito sonoro de una cantadora
forma un bullerengue”: las mujeres no gritan, cantan. No
tiene sentido eso de izquierda y derecha en cuanto a la colocación
del hombre y la mujer ni lo del sometimiento a prueba alguna ni
aquello de proceso de galantería.
Francisco Castañedas
Sobre leyes
28 de mayo de 2003
Siempre he sostenido que el cumplimiento de
las leyes, que regulan cualquier actividad pública o privada, es la base fundamental
para la plena vigencia de un Estado de derecho. También
sostengo que si una ley no llena sus cometidos y se queda obsoleta,
se debe tomar la decisión sobre si permanece o no dicha
ley.
Durante la pasada administración se ordenó el retiro
de las fotos de funcionarios de los despachos oficiales, al comprobarse
que la Ley 33 de 1941, dictada por el presidente Arnulfo Arias,
en su artículo segundo determinaba tal prohibición.
Por información del suplemento del Tribunal Electoral aparecido
en la edición de 26 de mayo último en La Prensa,
me enteré de que el artículo 2 de dicha Ley, que
prohibía la ubicación de fotos de servidores públicos
en despachos gubernamentales, fue derogado por la Ley 60 de diciembre
de 2002, sobre reforma electoral.
Contrasta este panorama legal con la actitud
asumida por la presente administración, cuando desde sus inicios ha colocado la
foto de la presidenta de la República en numerosos despachos
públicos, hasta usar un espacio del Salón Amarillo
de la Presidencia, en una especie de culto a la personalidad y
en franca violación de la Ley 33 del 1941, expedida durante
el primer gobierno panameñista, cuando todavía su
artículo segundo estaba vigente hasta diciembre de 2002.
Posterior a esta última fecha no existe impedimento para
que haya fotos de sus funcionarios en las oficinas públicas,
con lo que estoy de acuerdo, siempre que no se caiga en excesos,
producto de nuestra actitud caprichosamente tropicalista.
Santander Casís S.
|