|
Los tranques nuestros de cada día
Cuando se cierra una avenida de la ciudad de Panamá, el
sistema vial colapsa
LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com
LA PRENSA/Tito Herrera |
 |
| Mientras las protestas se escenifican
en la avenida Transístmica, en la Calle 50 los carros no avanzan. |
A pesar de la apariencia de gran metrópoli que tiene la
ciudad de Panamá, sobre todo para el desprevenido visitante,
la capital de la República solo cuenta con cuatro importantes
avenidas. Cuando una de ellas está cerrada –generalmente
como consecuencia de alguna protesta– la ciudad colapsa.
Avenida Balboa, Vía España/Calle 50 (que en la práctica
funcionan como una por ser de una sola vía), la avenida
Transístmica (o Boyd–Roosevelt) y la avenida Ricardo
J. Alfaro o “Tumba muerto”, como se le conoce popularmente,
son las cuatro grandes avenidas de la ciudad. Y mientras esta situación
se mantiene desde la década del 70, la cantidad de automóviles
que circulan por ellas crece cada día.
La difícil situación vial de una ciudad que, como
Panamá, se ha extendido longitudinalmente constreñida
por el mar y por el límite que constituyó la Zona
del Canal, quiso resolverse cuando se presentó la propuesta
de circunvalación a través de los Corredores Norte
y Sur. Se trataba del Proyecto Estampa, cuyo estudio fue financiado
por la Agencia de Cooperación Japonesa (JICA) en 1983.
Ambas vías son hoy una realidad pero, además de
ser costosas y por lo tanto inaccesibles para muchos, no fueron
hechas según el alineamiento original.
Las dos empresas mexicanas constructoras de
ambas vías –Proyectos
y Construcciones, S.A. (PYCSA) e Ingenieros Civiles Asociados (ICA) – hicieron
que el gobierno del presidente Ernesto Pérez Balladares
accediera a alterar las rutas, incluso a costas del pulmón
de la ciudad, el Parque Natural Metropolitano.
Otra decisión que malogró el concepto de circunvalación
se produjo cuando se permitió, durante la administración
de Guillermo Endara, la construcción del edificio Miramar
en la Avenida Balboa. Según el concepto surgido del estudio
Estampa, el Corredor Sur conectaba con la avenida Federico Boyd
y luego con la Ricardo J. Alfaro. Además, no se trataba
de una carretera de peaje, como finalmente ha resultado ser.
Protestas y tranques
A pesar de que la manifestación de los pacientes con insuficiencia
renal logró la solidaridad de los panameños afectados
por los tranques, el método de cerrar las calles como fórmula
de protesta ciudadana suele ser rechazado por la comunidad.
La calle estelar para las protestas ha sido,
en los últimos
años, la avenida Transístmica, por ser vecina de
la Universidad de Panamá, de varias escuelas secundarias
y del más importante hospital del sistema de seguridad social
del país.
No importa si se trata de las reformas tributarias,
la cuenta de luz de la Universidad, el salario de los médicos o simples
rencillas entre estudiantes; la fórmula de exteriorizar
la rabia estudiantil o la frustración ciudadana ha sido
hasta ahora poco original: cerrar la importante avenida que une
a las ciudades de Panamá y Colón.
La protesta callejera –algunas justas– tiene un inmediato
efecto en el ya caótico tránsito vehicular citadino.
“Al cerrarse la Transístmica, se paraliza un cuarto
del sistema vial de la ciudad, por eso se produce el caos... el
sistema de comunicación de la ciudad de Panamá es
tremendamente frágil”, explicó a La Prensa
el arquitecto y urbanista Alvaro Uribe.
El problema de las ciudades con modelos de
crecimiento distinto al concéntrico –como es precisamente el caso de la
ciudad de Panamá– es que no se pueden dar alternativas
viales que permitan la continuidad del flujo vehicular.
Ante esta situación, surge la interrogante de si el problema
debe afrontarse con la construcción de nuevas vías.
Según Uribe, esa no es la solución, sino crear un
sistema de transporte público eficiente. Justo lo que no
tenemos, ni parece que tendremos a corto o mediano plazo.
Todos los gobiernos han tratado de enfrentar
el problema del transporte público masivo y selectivo
(buses y taxis), sin que hasta ahora se le haya podido poner
el cascabel al gato.
Transmilenio y tren eléctrico, fueron las últimas
propuestas hechas por el Gobierno, de las cuales ya nadie habla.
Se trata del poder del anacrónico sistema vigente; un híbrido
entre la empresa privada y la fiscalización estatal.
En la práctica, el modelo propicia la corrupción
por el manejo de los famosos “cupos” o certificados
de operaciones y el ineficiente control gubernamental. La fórmula
perfecta para el caos.
|