Los nombres y los días
Cuando las 64 hectáreas del Club de Golf fueron obtenidas se propuso que allí se instalara un hotel
Adolfo Ahumada
En días recientes, el jinete Lafitt Pincay manifestó que desaprobaba el cambio de nombre del hipódromo, así que prefería que continuara con su nombre original, Presidente Remón. Aducía, a favor de su criterio, el vínculo entre el presidente asesinado y la actividad hípica, a tal grado que fue en el Hipódromo de Juan Franco donde perdió la vida en 1955. Los nombres de los lugares públicos tienen, generalmente, un origen histórico. Recuerdan personalidades, fechas significativas, acontecimientos de impacto colectivo, aunque algunos, por su carácter polémico, podrían dar lugar a discrepancias. En ocasiones, una ola de cambios políticos arrasa con los nombres de la época anterior y, en esos casos, se cometen actos de justicia y de injusticia. Pocos se detienen a examinar el significado de cada nombre y cierto resentimiento sustituye a la razón. En otros casos, el cambio es indiscutible, recoge amplia simpatía. Por ejemplo, a raíz de los acontecimientos del 9 de enero, la Avenida 4 de Julio quedó en Avenida de los Mártires. El Puente de las Américas se llamaba Thatcher, y así.
No sé de quién fue la idea de cambiar el nombre del Parque Omar, pero, desde luego, un intento de esa naturaleza desconocía los hechos. Quien inició conversaciones con el Club de Golf para adquirir el parque, de modo que fuera un bien destinado al uso público, fue Omar Torrijos. El y Arturo McGowen, quien dirigía el club en los primeros años de la década del setenta, dieron los primeros pasos. Se abrió una negociación que Torrijos siguió muy de cerca, en la que el aspecto más difícil consistía en armonizar el valor registrado oficialmente con el valor de mercado, tarea en la que hubo de intervenir un conjunto de instituciones estatales dedicadas a estos asuntos. Al final, se logró un acuerdo favorable para ambas partes y quedó el parque en condiciones de servir a la comunidad para fines de recreación, constituyendo un verdadero pulmón de la capital, en un área céntrica y de acceso sencillo para moradores de distintas barriadas, incluyendo, desde luego, a los niños y los adolescentes. Para la adquisición formal, intervino el Consejo Municipal mediante la Resolución No. 45 de 9 de agosto de 1973, por virtud de la cual se autorizó al Tesorero Municipal para suscribir el contrato de compraventa con el Club de Golf de Panamá de 64 hectáreas de su propiedad y hasta por la suma de 2 millones 100 mil balboas. El acuerdo, gestionado personal y directamente por Omar Torrijos, lleva las firmas de Sergio Rodríguez, quien era el alcalde y presidente del Consejo en 1973, del vicepresidente Alberto Pons y del secretario Andrés Ureña Escobar. La resolución insistió en lo que el transcurso del tiempo ha confirmado plenamente: "que con la compra proyectada, resultarían beneficiados los residentes de todo el distrito capital, pues la ubicación céntrica de ese inmueble da facilidades para su acceso, además de que se contaría con áreas de esparcimiento tan necesarias en este distrito".
Sin embargo, el esfuerzo tuvo que extenderse. Cuando las 64 hectáreas del Club de Golf fueron formalmente obtenidas, resultó que algunos funcionarios y otras personalidades argumentaban que esas tierras estaban idealmente ubicadas para la instalación de un hotel y que, de seguro, ya había cadenas internacionales de hoteles, muy famosas por cierto, interesadas en comprar las tierras para establecer allí un hotel que serviría como gran atractivo turístico. Cuando el asunto recibió consideración fue el mismo Omar Torrijos quien explicó la inconveniencia de cambiar el propósito original que sustentaba la adquisición del terreno. Insistió en que lo más conveniente era que se destinara para un parque al cual tuvieran acceso niños y adultos. Desde luego, era muy importante que quien tenía la principal responsabilidad en la dirección política del Gobierno opinara contra la idea del hotel y continuara manteniendo el liderazgo del proyecto del parque. El proyecto se concretó y ha sido mejorado por las posteriores administraciones, pero si el parque existe y se usa con tanto beneficio para la ciudad fue por la visión, el impulso y la tenacidad de Torrijos. Por eso es que el parque se llama Omar.
El autor es abogado
Además en opinión
. Los nombres y los días:
Adolfo Ahumada
. Endara, Solidaridad, FIN y la
constituyente: José Alberto Alvarez
. Pan para hoy
y hambre para mañana: Alvaro González Clare
. Nada bueno que decir:
José Blandón Figueroa
|