Entre burocracia y enfermedad
Sofía K. de Kosmas
skosmas@prensa.com
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| Hace tres días, los pacientes de insuficiencia renal hicieron una vigilia
frente al Complejo Metropolitano para exigir que les proporcionen los
medicamentos. |
Al entrar a la oficina, Norberto Muñoz, de 58 años se sentó cerca de la ventana, con una botella de alcohol para evitar el mareo. Este es un síntoma común entre quienes sufren de insuficiencia renal crónica. Sin embargo, el malestar no fue óbice para atender los detalles de la vigilia realizada esta semana frente al Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social (CSS), que organizó la Asociación
Nacional de Pacientes con Insuficiencia Renal.
La razón de la vigilia es que la calidad de vida de estos pacientes está a punto de cambiar. En primer lugar, las salas de hemodiálisis de la CSS están a toda su capacidad y en segundo lugar, puede que les cambien el medicamento que actualmente reciben: Ciclosporina Neural, que evita el rechazo de órganos trasplantados.
La noche anterior, Muñoz salió del último turno de diálisis -a las 2 a.m.- y este ha sido su peregrinaje desde 1995, cuando inició el tratamiento médico. "Al entrar a la máquina, disminuyeron los vómitos", explicó, "y hasta la fecha me mantengo estable... me puedo movilizar por mí mismo", dijo.
Oculto, debajo de la piel del brazo izquierdo de Muñoz, se nota la presencia de un cuerpo extraño. Se trata de un aparato cilíndrico que filtra la sangre -llamado fístula. Cuando extiende sus brazos, se hacen visibles su venas, infladas de lo mucho que se han desarrollado. La presión de la sangre, al salir por una vena y entrar -ya filtrada al cuerpo- por otra, tiene ese efecto.
Durante las cuatro horas de tratamiento al que tres veces por semana debe someterse, Muñoz prefiere dormir. "Si me duermo, no siento el cansancio. En el cuerpo no siento nada, pero cuando empiezo a perder mucho líquido, comienzan los calambres", agrega.
A esta tediosa faena se le suma otro problema. Decenas de pacientes se aglomeran en las salas de hemodiálisis de la CSS. Así lo afirma la doctora Elvia Muñoz, secretaria de la Asociación Nacional de Pacientes de Hemodiálisis, quien también tiene un riñón trasplantado. "Es un problema bastante serio", se quejó, porque cada mes deben ser atendidos entre cuatro y ocho nuevos pacientes.
Tan grave es la situación, que se ha improvisado una sala de hemodiálisis en la planta baja del hospital San Judas Tadeo, equipada con seis máquinas para brindar tratamiento a 24 pacientes, de forma rotativa.
La doctora Muñoz comentó que los estudios de incidencia demuestran que cada año se suman 42 pacientes de hemodiálisis nuevos por cada millón de habitantes, que se unen a los casi 500 existentes en todo el país.
Las salas saturadas no son el único problema. Para aquellos, como Norberto Muñoz, que esperan ansiosamente un riñón sano en el exterior del país, sus posibilidades de obtenerlo se han reducido notablemente.
Según Elvia Muñoz, la Contraloría ha detenido los pagos para la empresa que hace trasplantes de riñón en el exterior. "No se han hecho los pagos desde octubre del año pasado", reveló. Sin embargo, ninguna fuente en Contraloría lo confirmó.
En cuanto a los medicamentos, Muñoz se refirió a la compra de la Ciclosporina Neural de Novartis para los pacientes con trasplantes. Este es un medicamento del grupo de los inmunosupresores, es decir, reduce la acción del sistema inmunitario, que facilita la aceptación de órganos trasplantados.
"La Contraloría no ha reanudado el contrato para la compra de los medicamentos, porque desea que la CSS compre otro medicamento más barato", recalca Muñoz. Al parecer, este nuevo medicamento -llamado Ciclosol- no ha demostrado tener la misma eficacia que el medicamento original, según estudios clínicos hechos en Panamá.
El Ciclosol es un producto hecho en Alemania, pero "no se vende en ese país", sostiene Muñoz. "Si la CSS compra este medicamento, lo único que va a provocar es que aumente la tasa de rechazo del riñón en un 30%", advierte Muñoz.
Y ese es el miedo de Zunilda Douglas, de 56 años, que tuvo su trasplante de riñón hace casi dos años. El cambio de inmunosupresor por parte de la CSS, amenaza con cambiar la condición de su riñón. "No puedo dejar de tomar los medicamentos y quiero vivir todos los días que Dios me dé", sostiene Douglas.
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