Gobiernos elegidos por presos y extranjeros, nuestro futuro
Y los que nacimos aquí, siempre vivimos aquí y no estamos presos, veremos cómo los otros inclinan la balanza a favor de uno u otro gobierno
Guillermo Márquez Amado
Más de un año estuvimos reunidos el Tribunal Electoral, la sociedad civil y los partidos políticos tratando el tema de las reformas electorales que requería el país. Finalmente se entregó el producto de nuestro trabajo a la presidenta para que lo remitiera a la Asamblea Legislativa con la intención de que fuera considerado por ella. No es que fuera muy completo ni muy avanzado, pero era lo acordado.
Por tercera vez consecutiva durante el mandato de los tres últimos presidentes, se han demorado innecesariamente los anteproyectos así debatidos en el despacho del presidente o presidenta, en sus distintas oportunidades. En los tres casos han esperado hasta último momento para remitirlos a la Asamblea Legislativa y en todos han hecho modificaciones cada quien pensando en su propio beneficio, en alguna ocasión coincidiendo con el interés general, pero en la mayoría no.
El peor de todos los casos ha sido el de doña Mireya, quien envió un anteproyecto eliminando las primarias y el voto secreto de los miembros de los partidos políticos en sus elecciones y postulaciones internas, ambas medidas en sí mismas antidemocráticas. Además, en el último proyecto aprobado -y que ahora es ley de la República- se incluyó también una norma que tiene por efecto que los legisladores elegidos por residuo quedan sujetos a la revocatoria del mandato por el partido que más votos les hubiera aportado, aunque no pertenezcan a ese partido, con el inconveniente adicional de quedar adscritos a la bancada de ese partido en el que no están inscritos. Tamaña equivocación opuesta a lo dispuesto en el mismo código para el caso de la elección de los legisladores en los circuitos uninominales que siguen sujetos a la bancada, directrices y revocatoria de mandato del partido al cual pertenecen y en el que, como es natural, tienen depositadas sus simpatías y lealtades.
Ahora, después de aprobadas las reformas en jornadas extenuantes, superficiales y de trueques, se ven los errores, pero no basta. Cuando falta menos de un año para las elecciones, nos traen un nuevo proyecto para que voten, no los viejos ni los impedidos ni los enfermos, sino los presos que, precisamente por estar presos y aunque tengan todos sus derechos ciudadanos en vigor, académicamente hablando, así precisamente es como los tienen: sin libertad, porque en la realidad están sujetos a la voluntad de carceleros, mafiosos y jefes de secciones. No crean los proponentes del proyecto que están haciendo ningún bien. Por el contrario, están dando la oportunidad para que se abra paso el mal y desde las cárceles se empañe el proceso electoral de todos.
Hay mil maneras de hacer trampas en unas elecciones en que puede prevalecer el miedo y este es el caso de los votos en las cárceles y en los cuarteles. Por eso es que se eliminaron las mesas en esos lugares; ya ha habido experiencias. El hecho de que lo hagan en Costa Rica o en Venezuela no me conmueve, hasta que haya estado detenido en la cárcel de uno de esos países y haya visto lo que pasa en ellas, antes, durante y después de una elección. No me es muy difícil aventurar que seguramente en Ruanda, Etiopía, Lesoto, Senegal, Malawi, Borneo, Madagascar y muchos otros países también votan los presos. Tengo la certeza, sin embargo, de que no votan en Inglaterra, Francia, Bélgica, Estados Unidos, España, Alemania, Italia, Japón, y ni siquiera en Suecia, que es de los más avanzados en tantos aspectos, y eso que en estos últimos países seguramente hay mayores garantías de que no se puedan ejercer presiones sobre los detenidos. ¡Vaya pica en Flandes que queremos poner!
Por el mismo camino he visto un proyecto de reformas a la Constitución Política que hace nacionales panameños a no menos de 75 mil chinos cuyos ancestros nacieron en algún momento en Panamá durante la época de la construcción del ferrocarril o del Canal, y se fueron con sus padres chinos de vuelta a China, donde continuaron viviendo y teniendo hijos, todos los cuales tendrían derecho a la nacionalidad panameña, además de los nacidos en Panamá vueltos a España, Grecia, Italia, India, Portugal, Francia, Colombia, Estados Unidos, Grecia, Turquía, Jamaica, Siria, Líbano, Israel, Indonesia, Trinidad y Guyana, entre muchos otros, porque como debe interpretarse un fallo de nuestra Corte Suprema de Justicia, sus hijos y los hijos de sus hijos y, sucesivamente, todas las generaciones posteriores son panameños por nacimiento retroactivamente, desde que cualquiera en la rama descendiente establezca su domicilio en Panamá. Después se preguntan cómo es que hay tantos extranjeros con cédulas de panameños, y no me refiero a los que hablan español y saben lo que es un chicheme. Anticipo que estos serán los otros panameños con plenos derechos que también votarán cuando se establezca en firme el voto de los panameños en el exterior, para lo cual es bueno ir pensando en la papeleta multilingüe, en los delegados electorales exteriores, audiencias e impugnaciones en el exterior, declaraciones de residencia en el exterior, cónsules electorales, secciones de registro civil, cedulación y organización electoral en el exterior y, por último, los magistrados electorales panameños en el exterior que puedan juzgar a los panameños que en el exterior atenten contra la libertad, honradez y pureza del sufragio, y en caso de ser condenados sirvan sus sentencias en las cárceles del país de su verdadera nacionalidad, ¿o es que vamos a traerlos para que cumplan y a llevarlos cuando hayan cumplido? ¡Qué forma tan imaginativa, aunque ingenua, de panameñizar al mundo!
Y los que nacimos aquí, siempre vivimos aquí y no estamos presos, veremos cómo los otros inclinan la balanza a favor de uno u otro gobierno. ¡Qué caja de Pandora la que están abriendo!
El autor es abogado y ex magistrado del Tribunal Electoral
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