Panamá, 30 de mayo de 2003
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Quién quiere una maldición

En momentos de decisiones, a un Ejecutivo tan generoso no se le puede decir no

Rafael Candanedo
rcandanedo@prensa.com

Ruby Moscoso, George Weeden e Ivonne Young son asesores próximos a Mireya Moscoso y seguidores de uno de los aspirantes arnulfistas a ocupar su silla, el ex canciller José Miguel Alemán.

Ruby, pero sobre todo George e Ivonne, mueven las maracas y los hilos del poder en el Palacio de las Garzas. En un ambiente sin tradición a la disidencia, se sobreentiende que, si comen en el plato presidencial, ellos y Mireya integran una sola comunidad de opinión.

Aunque se pinte de misterio la inclinación del poderoso voto de la presidencia en la próxima convención arnulfista de Penonomé, todo indica que Mireya no adversará la opinión de Ruby, George e Ivonne. O a la inversa: ellos no apoyarían a uno que no obtenga el beneplácito presidencial.

Aspirantes a la nominación presidencial por el gobernante Partido Arnulfista, Juliao y Ameglio se percataron de que el "votón" de la presidenta, determinante en la convención, favorecerá a Alemán, por lo que han salido a manifestar su disgusto.

El malhumor de Juliao y Ameglio, cual Sars político tropical, contagió a Mireya, que, en público y en privado, ha repetido aquello de que "los trapos sucios se lavan en casa".

¿Hay trapos sucios que lavar en torno a la decisión de designar al candidato presidencial oficialista que deberán adoptar los 620 convencionales arnulfistas?

Cuando pregunto por los arnulfólogos del patio, todos los consultados se remiten al partido anterior a la presidenta Moscoso y aseguran que en esta vuelta los convencionales no rechistarán la línea que baje desde el Palacio de las Garzas.

"No habrá rebeldía", afirma un ex presidente arnulfista. "A lo mejor sale una u otra excepción para confirmar la regla", se corrige.

Si Ruby, George e Ivonne cambian de mitin y usted de repente se los encuentra en el de Juliao, ese es el "ungido". Igual ocurriría si el beneficiario de esas atenciones lo es Ameglio.

¿Es tan homogénea la composición del grupo de convencionales?

Un hecho relevante en el Partido Arnulfista es que de las tribus que compiten en las regiones, municipios y corregimientos, aquella ganadora obtiene el ciento por ciento de la representación. Las corrientes perdedoras en las elecciones internas quedan enterradas. ¡Qué soledad debe reinar entre las víctimas de una derrota en un colectivo que está en el poder!

Los triunfadores disfrutan a plenitud de las mieles del poder, que no tienen que compartir con el sector perdedor del partido, cuyo infortunio es peor que el de quienes lo tuvieron un día y después lo perdieron.

En el resultado, pesa el sistema de votación a viva voz y en público para decisiones como la elección del candidato presidencial.

Cuando ese convencional es llamado a votar y se pone de pie, le atribula el mundo del poder y no olvida la planilla, la letra del automóvil, la hipoteca de la casa, la beca del hijo y la de los hijos de sus amigos, que irremediablemente llegan vía el Ejecutivo.

En momentos de decisiones, a un Ejecutivo tan generoso no se le puede decir no, si no se quiere que el lunes siguiente sean suspendidos esos privilegios.

Un conocedor de la idiosincrasia del grupo gobernante, aunque rechaza el adjetivo de arnulfólogo, me garantiza que quien ose votar en contra de la línea presidencial en Penonomé no le caerá una teja, sino una maldición.

El autor es periodista

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