Mi voto en las próximas elecciones
Rogelio Pretto
rogeliopretto@aol.com
He estado pensando sobre el dilema de cómo debo votar en nuestras próximas elecciones. Y digo "cómo" votar y no "por quién" votar, porque solo con deliberada reflexión sobre el cuadro ideológico electoral de las distintas facciones políticas concursantes es que podría llegar a una decisión equilibrada que toma en cuenta mucho más que candidatos de relieve.
Las figuras presentadas por grupos partidistas para liderar sus fórmulas de gobierno vienen siendo, sin restarles importancia, incidentales. Son derivados directos de los principios que rigen las intenciones de los victoriosos una vez asuman el poder. Es decir, aunque a final de cuentas se elige a personas, por lo que realmente estaremos votando es por los principios de gobernación que hay detrás de las nóminas. Por eso necesito prestar mucha atención en cómo decidiré por quiénes votar.
Los comicios electorales sirven para asegurar la participación equitativa de los votantes en la selección de sus gobernantes, por lo que la emisión de nuestra boleta electoral se convierte en un voto de confianza a la propuesta de gobierno que concluimos es la más capaz de representar nuestro propio ideal político. Para determinar qué línea política representa ese ideal en mejor forma, estoy obligado a filtrar mis deliberaciones a través del prisma de los principios de la ética de gobernación que creo servirá a los mejores intereses del pueblo del cual soy parte. Así, a su vez, llevaré el examen de los principios (o la falta de ellos) de las facciones políticas en la contienda.
Usaré la premisa del lema: "La palabra inspira, pero el ejemplo arrastra" para obligar mi enfoque a los hechos y al desempeño, en lugar de a la fácilmente acomodable retórica de promesas que abunda durante los comicios electorales. Yo uso el dicho como guía permanente para que mi comportamiento personal refleje mis principios. Y como las principales líneas políticas hasta ahora más relevantes en la contienda ya han tenido uno o más turnos en el poder, podemos calificar los resultados de sus gestiones anteriores de gobierno con el mismo criterio de juicio.
A falta de una opción fresca y prometedora para las próximas elecciones como lo fue, por ejemplo, el Papa Egoró en su primer intento electoral (antes de que su dirigencia volteara la torta de lealtad a los principios del partido), nuestras consideraciones están restringidas a las tres fuerzas políticas que van al frente. Por un lado están el arnulfismo y el torrijismo, representando dos caras del mismo tradicionalismo politiquero y corrupto que todos ya conocemos. Por el otro está la dudosa efectividad de la reaparición de Endara, que aflora nuevamente con sorprendentes posibilidades y prometiendo instaurar la históricamente eludible pulcritud gubernamental que la gran mayoría de nosotros reclamamos.
Las opciones son pobres, lo sé. ¿Pero que más nos queda? Lo que nos propuso Alberto Vallarino hubiera sido una alternativa interesante, pero se nos echó pa'trás y nos toca lo que hay en la tómbola. No obstante, tratándose de las primeras elecciones de nuestro próximo centenario, las poco alentadoras opciones que nos ofrecen ameritan, al menos, consideración seria.
Incluyendo los de dictadura, llevamos 100 años de experimento como república independiente abortada principalmente de un negocio tramado por extranjeros. (Léanse el libro de Ovidio Díaz). El desempeño de nuestra voluntad democrática ha sido imperfecto, en ocasiones de mucho lamentar. Aún reina en nuestro país el culto a la corrupción -la fuerza social que más nos domina y sigue frenando nuestro progreso hacia una mejoría. Este gran mal sistémico aún contamina y mancha nuestro mejor semblante democrático. Aceptando el grado de importancia que tiene la corruptela en nuestro país, me inclinaré hacia la opción política que más promete acabar con esto que nos aqueja desde nuestro anormal parto republicano.
Para ayudarme a decidir, a medida que avance el concurso calificaré -como en un boletín- las gobernaciones pasadas de los que van al frente. A ver, ¿cómo calificarías tú al arnulfismo, torrijismo y a Endara en los siguientes renglones?
Honradez de los tribunales superiores.y menores
Honradez de los miembros del Gabinete
Honradez en la administración pública
Honradez de los servidores públicos
Esfuerzo por impartir justicia social
Honradez e integridad presidencial
Protección de recursos naturales
Respeto a los derechos humanos
Honradez de los representantes
Protección del medio ambiente
Respeto a los derechos civiles
Respeto al sistema de derecho
Lucha contra la corrupción
Transparencia al gobernar
Abstención al nepotismo
El autor es pintor y actor
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