Las 'espinas' entre Posada y Castro
JEAN MARCEL CHERY
mchery@prensa.com
En 1948, gobernaba en Cuba Ramón Grau San Martín, y el gansterismo político proliferaba. En uno de los grupos clandestinos más conocidos figuraba el pistolero urbano Fidel Alejandro Castro Ruz, conocido ampliamente en los círculos del delito habanero con el apodo de "La Bestia de Birán".
Esos son los recuerdos que aún permanecen frescos en la memoria del anticastrista Luis Posada Carriles y que narró en una carta que remitió a La Prensa. El cubano-americano permanece preso en la cárcel El Renacer por su presunta vinculación con un plan para asesinar al presidente Castro, durante la X Cumbre Iberoamericana, celebrada en Panamá en noviembre de 2000.
Castro, hijo de una familia pudiente y propietaria de grandes extensiones de tierra en el pueblo de Birán, provincia de Oriente, tiene 76 años, uno más que Posada Carriles.
La añeja pugna entre Castro y Posada Carriles cumple casi 60 años. Hoy se culpan mutuamente de terroristas, acusaciones poco diferentes a las que se hacían en la década de los 40. Por esos años Castro estudiaba leyes en la Universidad de La Habana y pretendía elegirse en la dirigencia estudiantil, cuando se encontró en su camino con alguien que contribuiría a frustrar esas aspiraciones: Posada Carriles.
Como no tuvo éxitos en las elecciones estudiantiles, relata Posada Carriles, Castro trató de controlar otras organizaciones de estudiantes universitarios para adherirlos a sus intereses.
Es por eso que en marzo de 1949, Frank Díaz Balart, cuñado de Fidel Castro, aspiraba a presidir la Asociación de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de La Habana y para ello pidió el respaldo del presidente saliente, Rafael Prat Salis, amigo íntimo de Posada Carriles.
Prat Salis se negó a respaldar a Díaz Balart. "La relación que tienes con el verdugo Fidel Castro te invalida", le comentó Prat Salis a Díaz Balart.
En la noche víspera de las elecciones estudiantiles, Castro, Díaz Balart y tres matones de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) se presentaron a la casa donde se hospedaba Rafael Díaz Balart para intimidarlo a punta de cañón.
En un dormitorio contiguo, se hospedaba Posada Carriles, quien escuchó los gritos, e intervino, en defensa de su amigo. Fue entonces cuando, por primera vez, Posada Carriles y Fidel Castro estuvieron frente a frente.
"Uno de los rufianes que acompañaba a Castro me encañonó, pero yo lo mandé al infierno", recuerda Posada Carriles, en el manuscrito que envió a La Prensa. "Pero esta no es la única espina que Castro aún tiene clavada en contra mía -comentó Posada Carriles-: hay otras más punzantes aún...".
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