Respeto al nombre y a la historia
Un miembro de la actual Asamblea Legislativa, mi buen amigo Manuel de la Hoz, ha presentado un proyecto de ley para cambiar el nombre del hipódromo
Aristides Royo
Las tres únicas ocasiones en las que he pisado un hipódromo fueron para entregar la Copa a los ganadores del Clásico Presidente de la República, que desde hace muchos decenios se corre en Panamá; primero en el viejo óvalo de Juan Franco y, desde 1956 en el hipódromo José Antonio Remón Cantera. El 2 de enero de 1955, el presidente de la Nación, una vez terminadas las carreras de la tarde, permaneció en la Casa Club del antiguo edificio de madera, cemento y zinc, para departir con algunos amigos. Al anochecer, bajo las luces de neón que iluminaban a las personas allí reunidas, ráfagas de ametralladora dieron cuenta de la vida del presidente Remón y de varios de sus acompañantes.
Durante su administración se habían iniciado, en 1954, las obras del hipódromo que reemplazaría al viejo de Juan Franco, que se ubicó en las cercanías del improvisado campo donde aterrizó Charles Lindbergh a finales de la segunda década del siglo pasado. Entre los homenajes que rindió la Asamblea Nacional al presidente asesinado, figuró el nombre del hipódromo que había sido una de las iniciativas innovadoras de su gobierno.
Recientemente, un miembro de la actual Asamblea Legislativa, mi buen amigo Manuel de la Hoz, ha presentado un proyecto de ley para cambiar el nombre del hipódromo y darle el de Laffit Pincay Jr. A pesar de mi desconocimiento casi total del deporte de los reyes, sé que Pincay ha sido un gran jinete, que luego de montar por casi dos años en Panamá, hizo el resto de su larga carrera en Estados Unidos y siempre se ha sentido orgulloso de ser panameño; que ha residido casi siempre en Los Angeles y los hipódromos de Santa Anita, Hollywood Park y Delmar han sido testigos de sus hazañas y glorias hípicas. Pincay ha sido objeto ya de algunos merecidos reconocimientos en el Hipódromo Remón Cantera; en el paddock abierto hay una estatua en su honor y la Escuela de Jinetes lleva el nombre de este prestigioso látigo que felizmente aún vive. Ha sido el más famoso de los jinetes panameños, aun cuando en el Salón de la Fama de la hípica lo acompañan otros destacados jinetes como Manuel Mañe Icaza, Braulio Baeza, Heliodoro Papito Justines, Jorge Velásquez, Jacinto Vásquez, Alexis Solís y algunos más. No habría impedimento legal para honrar su nombre por el hecho de que Pincay viva, ya que la prohibición de rendir estos tributos a la memoria de quienes aún están con nosotros, quedaría anulada por la ley, en el caso de que se aprobase, que recientemente se ha propuesto. Existe además el antecedente de la meritoria nadadora Eileen Coparropa.
Sin embargo, hay también varios motivos para que se mantenga el nombre actual de José Antonio Remón Cantera, que lleva el hipódromo desde el 14 de julio de 1956. Uno es la trayectoria deportiva del fenecido presidente. En 1938 fue campeón de equitación en las Olimpiadas Centroamericanas y del Caribe, celebradas en Panamá. En los desfiles del mes de noviembre solía presidir el pelotón de caballería de la Policía Nacional y, en 1940, asistió a un curso de caballería en Estados Unidos. Fue en vida un gran jinete y un asiduo concurrente a las carreras de caballos, habiendo sido asimismo propietario de un Stud. Otro motivo es que, precisamente, la muerte le sobrevino alevosamente, estando en el Hipódromo de Juan Franco, mientras él y sus amigos conversaban y los guardaespaldas jugaban dominó, sin presagiar ninguno de ellos que a menos de 10 metros, al borde de la pista y detrás de una caseta de un juez de llegadas, acechaba la muerte. Si se le preguntase al propio Laffit Pincay sobre el cambio de nombre, seguramente respondería, como el hombre noble y generoso que es, que es justo que en nombre de la historia se mantenga el nombre actual de José Antonio Remón Cantera para el hipódromo.
El autor es abogado y ex presidente de la República
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