Panamá, 21 de mayo de 2003
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La tragedia del IDAAN

El IDAAN es una institución obsoleta, paquidérmica e inútil, que ni siquiera ha sido capaz de llevar a licitación la construcción de la nueva planta potabilizadora

Juan David Morgan
jdmor@morimor.com

Nuestro recurso natural por excelencia es el agua. La naturaleza no nos ha dado petróleo, pero gracias a nuestra riqueza hídrica existe el Canal de Panamá y se han podido construir hidroeléctricas que eventualmente deben sustituir el combustible que compramos para generar energía. Además, hasta hace unos años, los panameños disfrutábamos de la mejor agua potable del mundo.

Hoy, gran parte de los panameños se lamenta de que ni siquiera tiene acceso al precioso líquido. ¿Por qué? Sencillamente porque la institución estatal que tiene a su cargo la responsabilidad del suministro de agua a la población, quedó desde hace tiempo sin la capacidad necesaria para cumplir su misión. Lo mismo iba a suceder con las comunicaciones y con la energía eléctrica: de no haberse privatizado el INTEL y el IRHE, hoy los panameños no podríamos hablar por teléfono y nos alumbraríamos con velas. Igualmente opino que si el gobierno anterior hubiera continuado con sus planes de privatización, que incluían al IDAAN, el suministro de agua estaría ya rumbo a una solución definitiva.

En nuestro país la necesidad de privatizar surge no solamente de la falta crónica de recursos financieros de que adolece el gobierno. El problema principal es uno de recursos humanos, porque en ninguna de las instituciones estatales hay un cuadro de servidores públicos profesionales capaces de mantener la eficiencia del servicio que prestan. Y no los hay porque cada vez que llega un nuevo gobierno -o un nuevo partido- al poder, su primera prioridad no es gobernar bien sino nombrar la mayor cantidad de copartidarios, que a la postre no tienen tiempo ni ganas de aprender su labor. El ciclo, como una espiral sin fin, se repite cada cinco años.

A mediados de 1998 la privatización del IDAAN estuvo a un paso de concretarse. Se habían establecido las bases y seleccionado las empresas que concurrirían a la licitación pública. Pero al comenzar la campaña política los candidatos a la presidencia, para ganar votos, juraron no privatizar el IDAAN, promesa electorera que detuvo en seco el proceso de privatización. Como era de esperarse, cuatro años después el IDAAN es una institución obsoleta, paquidérmica e inútil, que ni siquiera ha sido capaz de llevar a licitación la construcción de la nueva planta potabilizadora que la ciudad capital requiere con urgencia para no quedarse sin agua. La culpa no se le puede endilgar únicamente al ingeniero que tiene a su cargo el manejo de la institución. No. La culpa es de todo un sistema que desde hace mucho tiempo perdió la capacidad de funcionar eficientemente; de un sistema y una institución que, por demagogia y politiquería, los gobernantes han rehusado reformar. Para ellos más importante que el bienestar y la salud de todos los panameños es obtener los votos de aquéllos que sistemática y ciegamente se oponen a que el Estado privatice la prestación de los servicios públicos.

Quienes dirigen el IDAAN han reconocido, públicamente, que un gran porcentaje del agua que se potabiliza se pierde por fugas en las tuberías y que de la que finalmente llega a los hogares, alrededor del 40% no se cobra por morosidad de los usuarios. ¿Es posible, acaso, un mayor grado de ineficiencia? Pero la tragedia del IDAAN va mucho más allá. Esta institución estatal es responsable también de recoger y procesar las aguas negras. Para asombro de propios y extraños, en la ciudad de Panamá los ríos son los encargados de llevar los desechos humanos a una bahía que, sin lugar a dudas, tiene el récord mundial de la contaminación. Los panameños vivimos rodeados de porquería, inmersos en una gran letrina, que hace de nuestra flamante ciudad, sus ríos y su bahía la cloaca más moderna del continente. Nos pasamos la vida respirando detritos y todavía nos preguntamos, extrañados, por qué aumenta tan dramáticamente el cáncer entre nosotros.

Pero los políticos -ah, los políticos- no pueden darse el lujo de pensar de manera lógica. ¿Privatizar el IDAAN? Para ellos esto sería suicidarse porque todos aquellos que no pagan sus cuentas de agua les negarían el voto. Por eso hoy, cada vez que pueden, reniegan públicamente de las privatizaciones. El problema de muchos desvergonzados no es, en realidad, que el precio de la luz o del teléfono haya aumentado; el problema es que ahora tienen que pagar por el servicio, porque si no la empresa privada, que sí es eficiente, se los corta. Y en este país, digámoslo claramente, todos quieren vivir de la ubre estatal, es decir, del trabajo del prójimo que sí paga por el costo de los servicios. La privatización del IDAAN no es, entonces, un problema social sino uno de responsabilidad. Por supuesto que hay gente muy pobre en Panamá, pero también hay maneras de establecer un sistema de tarifas que tome en cuenta las grandes diferencias en el ingreso familiar. Para eso está, o debería estar, el Ente Regulador.

Es hora de que los políticos se despojen de su oscuro manto demagógico y, antes de que se agote el agua y el país se nos pudra en las manos, acepten la necesidad impostergable de privatizar el IDAAN.

El autor es abogado y escritor

Además en opinión

. La tragedia del IDAAN: Juan David Morgan
. Elecciones para rector en la Universidad de Panamá: Eric Del Rosario J.
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