Panamá, 9 de mayo de 2003
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Odisea de los agroexportadores

A estos panameños se les ha complicado aún más su tarea de exportar, debido a que las empresas navieras no cumplen con el tiempo acordado para transportar los productos a los países de destino

Aristides Hernández
latincon@cwpanama.net

Con decir "exportar o morir" no basta. El reto de exportar no se limita a producir un cultivo de excelente calidad y alcanzar altos niveles de productividad. El desafío se encuentra en atravesar los obstáculos y barreras comerciales que restringen la venta de estos productos en el mercado internacional.

Un caso extraordinario es los obstáculos que afrontan los exportadores de productos agrícolas no tradicionales para comercializar sus cultivos en otros países. Inicialmente, los problemas giran entorno al acceso al crédito, el cual ha caído considerablemente en los últimos años, y sobre todo en las instituciones financieras públicas.

Pero la mayor odisea de los agroexportadores está vinculada a los enormes precios que pagan para transportar sus cultivos, que llegan a más de 4 mil 500 dólares por llevar un contenedor a Europa, a donde se destina la mayor parte de las exportaciones panameñas.

Se suma a estos obstáculos la protección que reciben los agricultores de las naciones desarrolladas a través de imperecederos subsidios y barreras arancelarias. Por ejemplo, en el año 2000 Estados Unidos otorgó subsidios agrícolas por el orden de los 28 mil millones de dólares, muy por encima de lo establecido por la Organización Mundial del Comercio, y sus barreras arancelarias para los cultivos agrícolas alcanzaron una tasa promedio de 12%.

De igual forma, la Unión Europea es responsable de la mayor parte de los subsidios mundiales a las exportaciones agrícolas, que están por el orden de los 62 mil millones de dólares anuales, y sus tarifas arancelarias superan el 30%. En cuanto a Japón, el tope de subsidios agrícolas es de 31 mil millones de dólares y las tarifas arancelarias agrícolas son más del 50%.

Los subsidios más populares en estos países son los pagos por compensación por pérdida de la cosecha; los pagos por no producir; los subsidios por la caída del precio, por contingencias naturales y las del mercado; los subsidios a la exportación; y las bajas tasas de interés.

Cuando países como Estados Unidos, Japón y los de la Unión Europea gastan miles de millones de dólares en subsidios agrícolas para mantener actividades que benefician a unos pocos de sus ciudadanos, devastan sectores agrícolas que son fundamentales para el desarrollo de países como Panamá y otros en vía de desarrollo.

Pero eso no es todo. A estos panameños se les ha complicado aún más su tarea de exportar, debido a que las compañías navieras no cumplen con el tiempo acordado para transportar los productos a los países de destino. A pesar de que los compromisos de las navieras para la entrega al país de destino del contenedor oscilan entre los 14 y 16 días, en la práctica se toman entre 25 y 40 días.

Esta situación provoca que productos como el melón y la sandía no se puedan conservar en buen estado a su llegada, generándose la pérdida de la venta y costos adicionales por la incineración del producto. Además, esta situación dificulta a los agroexportadores cumplir con sus obligaciones financieras y afecta el mercado presente y potencial de las exportaciones panameñas.

Según cifras de la gremial de agroexportadores, en la temporada agrícola 2002-2003, de 878 contenedores que se exportaron, 123 no fueron entregados a tiempo.

A los exportadores de productos agrícolas no tradicionales solo les queda demandar a las compañías navieras. Sin embargo, la demora inexplicable de la justicia lo único que les ha generado es mayores costos a nuestra gente del campo.

Y he aquí el papel que debe jugar el Gobierno, como rector del Estado, en cuanto a que las navieras cumplan con sus compromisos, y si no lo hacen, que mitiguen económicamente a los afectados. Porque esta compañías están poniendo en peligro el dinamismo y potencial que han tenido y tienen, a pesar de todo, la producción y las exportaciones nacionales en el mercado internacional. Por ello, no basta con decir "exportar o morir".

El autor es economista y presidente de Latin Consulting Co.

Además en opinión

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. Odisea de los agroexportadores: Aristides Hernández
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