
Política y globalización neoliberal
La actual crisis del sistema político que recorre el mundo no tardará en manifestarse de manera inconfundible e inequívoca en Panamá
Pedro Rivera Ramos
El proceso globalizador de tinte neoliberal, que arrancó a inicios de las décadas 70 y 80 como expresión objetiva del proceso histórico de desarrollo y expansión internacional de las relaciones de producción capitalista, no ha dejado ningún ámbito de la vida social, económica, ecológica, política, cultural y tecnológica del planeta que no haya recibido sus efectos o sentido sus manifestaciones. La globalización, pese a la vehemente apología de sus defensores, viene acompañada con el incremento de la pobreza y el desempleo; niveles exagerados de corrupción pública y privada; aumento de la violencia, drogadicción y el crimen organizado; privatización acelerada de empresas y monopolios públicos; reformas injustas a los sistemas de pensiones; daños acelerados al ambiente y crisis evidente de todo el sistema político tradicional en el que se sustenta básicamente la democracia representativa.
Desde hace algún tiempo y en casi todo el orbe se está produciendo un fuerte cuestionamiento al sistema político basado en la participación de partidos y agrupaciones políticas, cuyos programas y proyectos se encuentran, en la mayoría de los casos, alejados o divorciados de un sinnúmero de problemas actuales (ecológicos y juveniles por citar algunos), que preocupan a amplias e influyentes capas de la sociedad y que terminan, al sentirse ignoradas y marginadas, por experimentar con nuevas formas de participación ciudadana y otorgarle el depósito de su confianza y esperanza a personalidades de la vida nacional (artistas, militares y prósperos millonarios) que no proceden de las fuerzas políticas tradicionales. En esencia, a lo que se asiste hoy es a un indiscutible desgaste de la democracia representativa, donde el paso de las promesas electorales de campaña a la decepción de los electores transcurre casi sin pausa; presidentes abandonan el cargo o terminan su período arrastrando una estela de corrupción; miembros de una colectividad política se pasean de una a otra, sin que esto represente absolutamente ningún trauma ideológico o político para ellos, y se consolida en extensas regiones del planeta una creciente tendencia del electorado al abstencionismo y al voto de castigo. Esto de algún modo puede explicar en América Latina la llegada a la máxima magistratura de sus países de Hugo Chávez (Venezuela), Ignacio Lula Da Silva (Brasil) y Lucio Gutiérrez (Ecuador); el impresionante ascenso y liderazgo de Evo Morales en Bolivia y las manifestaciones masivas argentinas que acabaron en un breve lapso con varios presidentes.
Sin duda alguna, la actual crisis del sistema político que recorre el mundo no tardará en manifestarse de manera inconfundible e inequívoca en Panamá. El mérito principal lo tendrá el actual gobierno, que con sus continuos desaciertos y tropiezos le viene allanando el camino con una decisión y voluntad espantosa.
El autor es ingeniero agrónomo y profesor en la Universidad de Panamá en la Facultad de Ciencias Agropecuarias
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