Mentiras universitarias
De seguir insistiendo que un rector astuto todo lo puede conseguir, la Universidad terminará devorando a sus mejores hijos
Roberto Arosemena Jaén
Es verdad que el próximo 23 de mayo los universitarios ejercerán el derecho de nombrar a sus administradores. No es mentira alguna decir que el próximo rector no es funcionario del Ejecutivo ni de la Asamblea Legislativa ni del Organo Judicial. El próximo rector será el fiel reflejo de la voluntad bien o mal intencionada de la misma comunidad universitaria. La democracia estamental que se tiene en la Universidad de Panamá sería paradigmática si hubiese podido elegir rectores magníficos desde que se estableció en la década del noventa. Por desgracia, en la práctica la democracia estamental universitaria es un dragón que insiste en comerse su propia cola.
En la actual campaña universitaria se están diciendo algunas mentiras. Por ejemplo, es mentira que José de los Santos Chen Barría, la candidatura sorpresa, va a privatizar la educación universitaria. Es mentira que Julio Vallarino, candidato que aspira a la reelección, sea un administrador incapaz y es mentira que Gustavo García de Paredes, burócrata universitario desde 1970, vaya a eliminar la investigación y a los investigadores de la Universidad. Esas mentiras de campaña electoral son tan absurdas como la que escuché a un ex decano de Humanidades que si gana un catedrático, que se denomina de izquierda, los comunistas cubanos y los de SUNTRACS se van a tomar la Facultad.
Respecto a la mentira de que Chen Barría va a privatizar la Universidad, uno se pregunta ¿qué va a privatizar? Si ya la educación superior ha sido privatizada con la multiplicidad de universidades privadas que dan títulos e idoneidades en tres o cuatro años, mientras que la universidad pública y estatal da títulos en cinco o siete años. Además, nadie está dispuesto a privatizar la planilla de la Universidad de Panamá de más de 90 millones de dólares anuales. El problema de la Universidad de Panamá no es que se privatice, sino que se cierren algunas facultades y numerosas escuelas, y se deje sin educación superior a miles de panameños de bajos ingresos, se baje el presupuesto a los niveles de cuando estaba la dictadura -50 millones-, por ejemplo, y se dedique el ahorro de 57 millones a la educación básica.
En este sentido, les pido a los incautos que piensan reelegir a los permanentes burócratas universitarios, que le pregunten dónde y cómo piensan administrar los millones que reciben del Estado para cubrir los actuales niveles de gastos de la Universidad, y cómo van a mejorar la educación superior gratuita al servicio del pueblo panameño si no disminuyen los salarios (rector, vicerrectores, asesores a un modesto 10% adicional al salario que devengan como profesores de tiempo completo), si no aumentan la productividad de los profesores de tiempo completo y no hacen más eficiente la administración. La Universidad está para el pueblo y no para engordar a sus empleados.
¿Qué universidad privada va a pagar salarios de 3 mil 191 dólares a profesores con seis horas de clase y horas de investigación? Que mis colegas sean conscientes, que una Universidad de Panamá competente -y no con la manía de asalariar gente (empleomanía)- se caracterizará por la mejor educación superior, no por los mejores salarios de docentes-burócratas.
La Universidad de Panamá privatizó y continúa privatizando, por desgracia, las maestrías y los postgrados. ¿Por qué no se le pide cuentas a Gustavo García de Paredes y a Julio Vallarino por no haber establecido programas de postgrado y maestría a los mismos precios que ofrecen títulos de pregrados? Si somos una universidad pública, ¿por qué nos contentamos con dar títulos de pregrado a todos y postgrado solamente a los que pueden financiarlos como si fuese una universidad privada? Los ex rectores que quieren regresar a la rectoría tienen que explicar por qué la Universidad del Estado, financiada con dinero del fisco, con infraestructura gubernamental, con la mejor planta de profesores, con cobertura nacional, ha perdido su liderazgo en la educación superior.
Es lamentable que esos programas privatizados de postgrados y maestrías no sean ni para los estudiantes pobres ni para los profesores de planta que se ganaron su titularidad mediante esfuerzos personales y sin palanca alguna. Esos programas tardíos y tímidos son para los estudiantes que pueden pagar matrículas sustanciales y para los colegas -salvo raras excepciones- que han estado bien con las administraciones de turno.
La Universidad de Panamá está en crisis y lo grave es que el Estado panameño también está en crisis financiera. El Estado se ha empobrecido y se descapitalizó abruptamente durante la administración de Pérez Balladares, y ahora ni hay reservas millonarias ni hay activos públicos que privatizar. La Universidad no va a conseguir la plata con las soluciones de antaño de los ex rectores reeleccionistas: hablar con sus amigos del Gobierno y de la Asamblea, cerrar calles y hacer marchas y piqueteos a la Asamblea por más y más presupuesto. Esas soluciones a lo juega vivo de que con el lobby en la Asamblea, con el espejismo de un próximo gobierno PRD y los muchachos en la calle todo se consigue, es otra de las grandes mentiras. No obstante, ser autoridad universitaria sí paga. Lo invito a que visite la Universidad en estos días y vea la actual campaña a rector transformada en una competencia ridícula de afiches, pancartas, y en una serie de infundios que nadie -con pruebas- quiere llevar a los tribunales de justicia.
La realidad universitaria es otra. El presupuesto tiene que ser administrado inteligente y disciplinadamente, y dudo que los ex rectores -que no lo han demostrado- estén en capacidad de hacerlo. No se trata de corruptelas menores: nombramientos a tiempo completo, sin el formalismo establecido, ni de un favor aislado ni del aumento que se hicieron las autoridades universitarias, ni del desvío de fondos ya existentes. Esos actos que se pudieron hacer, siempre se seguirán haciendo; basta sorprender a un auditor desprevenido. Se trata, por el contrario, de la disciplina que debe tener el próximo rector y su equipo administrativo para manejar el presupuesto con criterio sistemático de integridad, a prueba de cualquier examen estricto que se quiera exigir. Y me pregunto, ¿quién de los tres candidatos a rector estará capacitado para esta responsabilidad? ¿Quién de los tres podrá evitar que la Universidad de Panamá vaya al desastre financiero y al consecuente desastre académico en los próximos años?
De seguir la farsa electoral del amiguismo y de las posiciones burocráticas basadas en influencias; de seguir predominando el voto a rector según me conviene, según el espacio político y administrativo negociado porque así ha sucedido siempre; de seguir insistiendo que a Julio y a Gustavo no les va a ganar el ex contralor Chen Barría, y que un rector astuto todo lo puede conseguir, la Universidad terminará devorando a sus mejores hijos, y los hijos de la cocinera esforzada no podrán matricularse en una Universidad que ha dejado de existir.
El autor es abogado y catedrático de la Universidad de Panamá
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