Clásico con categoría
CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
El clásico del fútbol panameño, como se
denomina al enfrentamiento entre Plaza Amador y Tauro, se
ha ido devaluando. Me parece que hay que volver a darle vida
y sobre todo escoger un escenario más propicio, como el estadio
Rommel Fernández, tal como se hizo el miércoles 26 de febrero
cuando se inauguró el actual torneo.
El domingo fui a ver el clásico número
54, según mi estadísticas, porque como pasa en el béisbol,
en el fútbol tampoco tenemos esta herramienta por parte de
los organizadores. Asistió más gente del Plaza, que llenó las
gradas de aluminio de un sector de la cancha de La Pedregaleña.
En el otro extremo, hubo poca gente del Tauro. El calor humano
se exteriorizó del lado de la hinchada del equipo visitante,
pero no se sintió el calor de clásico en La Pedregaleña,
que sí hubo en el partido inaugural.
Si el INDE está anuente a prestar el
Rommel Fernández pienso que el clásico hay que jugarlo allí,
en el templo del fútbol panameño, porque en ese recinto hay
más facilidades para las dos hinchadas y para el público
en general. Hay que darle la altura que se merece este compromiso
y más cuando se celebra de día, en un domingo
Por la calidad de jugadores que presentan
ambos planteles, ¡qué sabroso debió haber sido presenciar
este clásico en el Rommel!, ahora que cuenta con una alfombra
de cancha.
El domingo escuchaba entre algunos de
los fanáticos del Tauro que hablaban con mucho orgullo del
colombiano Héctor Nazarith, decían que era el mejor extranjero
con que cuenta ANAPROF. Sí, lo es, pero cuántos no hubiéramos
querido verlo jugar en el Rommel y no en una cancha en tan
malas condiciones como La Pedregaleña, en donde no hay espacio
para los talentosos.
Y aún así, jugadores del Tauro como
Ricardo Phillips nos regaló un buen domingo de fútbol. Nazarith,
ni se diga, o del mismo Luis Moreno, que silenció a José Justavino
y Alejandro Dawson, o de Gary Ramos, uno de los jugadores
más aplicados que hay hoy día en el Tauro en su nuevo rol
de volante de contención. O de este muchacho Joel Jiménez.
Ni hablar de Luis Tejada.
La cancha tampoco es excusa como para
decir que los placinos no pudieron desarrollar su juego por
las condiciones de ella, pero uno siempre queda con ese cosquilleo
de haber querido verlos en el Rommel.
A diferencia de los últimos tres clásicos,
el del domingo fue el más disparejo, toda la balanza se inclinó para
el lado del equipo que dirige el colombiano Gonzalo Soto,
que hoy por hoy cuenta con un equipo de lujo y que mereció por
lo menos otro gol.
Para el Plaza nada funcionó. Los tres
japoneses pusieron esfuerzo, Justavino y Dawson pasaron inadvertidos.
La deuda se pagó. Tauro se desquitó de la derrota que le
propinó Plaza en la semifinal del año pasado. Le cortó un
invicto.