Panamá, 19 de abril de 2003
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Martín y la educación

Dorindo Jayans Cortez
Djayans@hotmail.com

Si de educación universitaria se trata, este es otro de los compromisos que el actual gobierno no solo ha olvidado, sino que pareciera conspirar para su destrucción. Basta solo ver el tratamiento que la casa de Méndez Pereira ha recibido en materia presupuestaria. La manera como se le regatean los recursos, como fue el caso del fluido eléctrico, evidencia que no ha habido el mejor interés para ayudar a la que consideramos una de las principales instituciones "productivas" del Estado panameño.

Eso ha sido así aun cuando el programa denominado "nuestro compromiso para el cambio", que sustentó la candidatura de Mireya Moscoso, se planteaba proporcionarle a la Universidad la asistencia técnica para su estructuración, y se comprometía a buscar ayuda internacional para lograrlo. Ni una ni la otra cosa han ocurrido. Menos aún, y esto es muy dado en los distintos gobiernos, se ha sentido el interés de compartir experiencias persistiendo, más bien, una total indiferencia respecto a lo que hacen o dejan de hacer las universidades. Ni una visita, un paseo diríamos, de cortesía. Aquí recordamos la invitación que, en la coyuntura electoral, hiciera el Consejo General a los tres candidatos presidenciales, Mireya, Martín y Vallarino, para conocer sus programas. El desprecio y la inasistencia vino de parte de la actual mandataria.

Si algo debemos esperar los universitarios en el futuro es un cambio en el tipo de relación entre Gobierno y Universidad. Habría que tener claro que el desarrollo de la nación, ahora que hablamos tanto del centenario de la República, pasa también por la casa donde se forman los técnicos y profesionales, y en la que se llevan a cabo verdaderas actividades de extensión e investigación. Sobre ese cambio en las relaciones tenemos algo de esperanza si seguimos los pasos a las ideas que desde su primer intento, en 1999, ha venido sosteniendo coherentemente el candidato Martín Torrijos.

Ya en aquella oportunidad, en su plan de gobierno, apuntalaba ideas clave sobre el tema de la calidad de la educación superior así como el compromiso de respetar la autonomía universitaria, no solo según entendemos del escrito, en lo que respecta a su inviolabilidad sino respecto a no desconocer el derecho de contar con los recursos de funcionamiento. Y sentenciaba: "la relación entre los centros de educación superior y el Gobierno nacional debe ser útil y productiva". Este concepto, consideramos nosotros, es esencial para los retos que tiene Panamá en los próximos años.

Esa relación, de la que hablaba Martín (centros superiores con gobierno), la encontramos nuevamente en su visión programática. En su recorrido por Colón, el 14 de marzo, afirmó, en lo que consideramos una crítica a los actuales gobernantes, que en su gobierno sí se dará el valor que merecen los títulos universitarios, que las universidades tienen un papel importante para el país, papel este que no está siendo reconocido por la administración de Moscoso. Más recientemente, en su proclamación como candidato del PRD para las elecciones del 2004, se comprometió a no permitir que el país siga en su atraso por cuenta de una educación deficiente. Para ello, dijo, es hora de que un porcentaje importante de los recursos que genera el Canal de Panamá sea destinado a la educación.

Grato es escuchar esos planteamientos. Si invertimos en educación, estaremos dándole a los panameños una de las mejores oportunidades para salir adelante. Entregar un pescado al hambriento para que sacie el hambre es bueno, pero más bueno es entregarle la caña de pescar. La educación, en los distintos niveles, tiene que ser el instrumento -así como lo es esa caña de pescar- para que nos realicemos como país, pero también para que materialicemos las aspiraciones personales que son también las aspiraciones de familia. Aquello de que se invierta en la educación es lo que dará valor a los esfuerzos de los padres de familia que se desvelan, en medio de grandes limitaciones, para que sus hijos no queden sin escuela; es lo que le dará valor también al crecimiento de nuestros centros universitarios -con su población de sectores medios y pobres.

En definitiva, quien se proponga construir un nuevo esquema entre Gobierno y educación; entre Gobierno y universidades, con una relación de producción y utilidad, estará saltando la valla que obstaculiza un desarrollo más efectivo del país. Si ya hay quien está dispuesto a hacerlo, bienvenido sea ese salto para el bien de Panamá.

El autor es director del Centro Universitario de Colón


Además en opinión

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